Fin
"Partir es un dolor tan dulce",
escribió Shakespeare. Y así lo es
para mí, pues me voy. En mi
búsqueda de alimento intelectual y
profesional, abandono el terruño
temporalmente con rumbo a nuestra segunda
nación, California. En ese periodismo
pretendo afinar el filo de mi pluma.
Además, ahí mismo una mujer
única me espera. Y si algo positivo
aprendí de nuestra cultura machista y
patriarcal es que a las damas no se les hace
esperar.
Por
Raúl Gallegos
Pero
partir no es fácil. De alguna manera
extraña, el humo de los buses, el
conductor embrutecido, el muladar en la esquina,
el tipo que orina bajo el árbol, el
político sinvergüenza, el servil
sobaleva, la higiene de la vieja fresquera, la
mujer sumisa y el hombre que le pega, la
moralidad establecida y los que la idolatran,
todo lo que critico con saña, todo este
basural nos pertenece.
Esos son nuestros mugrosos cinco pesos;
mugrosos pero nuestros. Y como tales les tenemos
afecto por la cantidad de años que los
hemos llevado en la billetera, ahí,
negros, pero con algún valor
después de todo. De ahí mi
agridulce partida; dejo un país que
quiero pero que a veces -y con justa
razón- deploro.
Hace unos días "Sin Pelos"
cumplió dos años de existir, con
sus altos, bajos, excentricidades, gritos de
frustración ante el desesperante
tercermundismo y hasta una huelga de la palabra.
Pero en este mundo todo muere.
Esta es la última columna "Sin Pelos",
como se le conoce. Ya no podré criticar
el basural moral, político, legal y
económico en el que vivimos; no
podré ofenderles, alegrarles o servirles
de sana catarsis ante el desesperante
salvadoreñismo.
No podré, primero porque no
estaré aqui compartiendo las mismas
desventuras junto a ustedes. Y segundo porque ya
no pagaré impuestos, y esa es la salvedad
moral que me permite rabiar cual canino enfermo
ante los desacatos de nuestros gobernantes.
Sí, fui ácido, duro,
sarcástico, y quizá alguna vez
hasta injusto. Pero todo con lógica. Si
por un sólo segundo, durante estos dos
años, más de alguno de ustedes
entendió que necesita quejarse y exigir
un buen servicio como ciudadano y consumidor; si
alguna vez pensó que la moralidad
establecida no siempre nos da las respuestas; si
se sintió orgulloso de no votar o
experimentó asco por los extremos
políticos, me doy por bien servido. Todo
esto asumiendo que usted me leyó antes
del día de hoy, si no usted se
perdío de una sarcástica,
inteligente y dulce bilis que espero refinar con
los años.
Y así fallece esta columna
Pero
de mí no se libran. De "Sin Pelos"
nacerá "En Exilio", en un futuro muy
cercano.
Tristeza o alivio a raul@elsalvador.com