Martes 21 de diciembre


Fin

"Partir es un dolor tan dulce", escribió Shakespeare. Y así lo es para mí, pues me voy. En mi búsqueda de alimento intelectual y profesional, abandono el terruño temporalmente con rumbo a nuestra segunda nación, California. En ese periodismo pretendo afinar el filo de mi pluma. Además, ahí mismo una mujer única me espera. Y si algo positivo aprendí de nuestra cultura machista y patriarcal es que a las damas no se les hace esperar.

Por Raúl Gallegos

Pero partir no es fácil. De alguna manera extraña, el humo de los buses, el conductor embrutecido, el muladar en la esquina, el tipo que orina bajo el árbol, el político sinvergüenza, el servil sobaleva, la higiene de la vieja fresquera, la mujer sumisa y el hombre que le pega, la moralidad establecida y los que la idolatran, todo lo que critico con saña, todo este basural nos pertenece.

Esos son nuestros mugrosos cinco pesos; mugrosos pero nuestros. Y como tales les tenemos afecto por la cantidad de años que los hemos llevado en la billetera, ahí, negros, pero con algún valor después de todo. De ahí mi agridulce partida; dejo un país que quiero pero que a veces -y con justa razón- deploro.

Hace unos días "Sin Pelos" cumplió dos años de existir, con sus altos, bajos, excentricidades, gritos de frustración ante el desesperante tercermundismo y hasta una huelga de la palabra. Pero en este mundo todo muere.

Esta es la última columna "Sin Pelos", como se le conoce. Ya no podré criticar el basural moral, político, legal y económico en el que vivimos; no podré ofenderles, alegrarles o servirles de sana catarsis ante el desesperante salvadoreñismo.

No podré, primero porque no estaré aqui compartiendo las mismas desventuras junto a ustedes. Y segundo porque ya no pagaré impuestos, y esa es la salvedad moral que me permite rabiar cual canino enfermo ante los desacatos de nuestros gobernantes.

Sí, fui ácido, duro, sarcástico, y quizá alguna vez hasta injusto. Pero todo con lógica. Si por un sólo segundo, durante estos dos años, más de alguno de ustedes entendió que necesita quejarse y exigir un buen servicio como ciudadano y consumidor; si alguna vez pensó que la moralidad establecida no siempre nos da las respuestas; si se sintió orgulloso de no votar o experimentó asco por los extremos políticos, me doy por bien servido. Todo esto asumiendo que usted me leyó antes del día de hoy, si no usted se perdío de una sarcástica, inteligente y dulce bilis que espero refinar con los años.

Y así fallece esta columna… Pero de mí no se libran. De "Sin Pelos" nacerá "En Exilio", en un futuro muy cercano.

Tristeza o alivio a raul@elsalvador.com


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