Martes 21 de diciembre


Leo que leo
Viajeros de todos los tiempos

¿Quién no quisiera viajar por el mundo y descubrir lugares nunca vistos? ¿Quién no quisiera andar por mares y selvas, entre glaciares y montañas? ¿O ser el primero en descubrir dónde comienza el Nilo, atravesar el desierto de Gobi o ir a Africa? Pues el mismo deseo tuvieron personajes como Ibn Battuta, David Livingstone, Henry Stanley, Charles Darwin, Cristóbal Colón, Alexander von Humbolt y más.

Por Telena Ibarra

Como dice Jesús Torbado en su libro "Viajeros intrépidos", viajar alarga la vida. Hay quienes viajan y han viajado por una infinidad de motivos: por codicia, por afán de conquista, por curiosidad, por escapar de una vida miserable o del aburrimiento, por encontrarse a sí mismo, por una promesa o sencillamente por ganas de viajar.

En este maravilloso libro viajas alrededor del mundo, por los cinco continentes y hasta por las heladas tierras del Polo Norte y Sur, y son todos ellos, los que viajaron antes que nosotros, los que relatan las aventuras y desventuras de las primeras travesías.

Con Magallanes te enteras que fue por casualidad, mientras buscaban un paso al otro mar, que se encontraron con unos gigantes que bautizarían Patagones. Vasco Núñez de Balboa, que tenía un mastín llamado Leoncico, se dio la tarea de cruzar las selvas del Darién, en Panamá, unas selvas tan impenetrables que ni siquiera se podía introducir el brazo.

También hay relatos terribles de canibalismo y muerte. Américo Vespucio o Amerigo Vespucci, relata un episodio de mujeres caníbales que se comen a un cristiano frente al resto de sus asustados compañeros y von Humbolt se lleva un susto en América, cuando su criado le revela que la carne de mono sabe igual a la humana y que en su tribu la parte que más les gusta del cuerpo humano son las manos.

Es en Africa y luego en América donde se producen las anécdotas más escalofriantes. Manuel Iradier cuenta cómo una marabunta en Africa invadió todo un campamento y llegó a devorar a una persona. En otro relato, Sven Hedin cuenta cómo estuvo a punto de morir en el desierto de Gobi, en Asia, a causa de la sed que los hizo beber sangre y hasta los orines de los camellos.

También está el famoso encuentro (hay dos versiones) entre el misionero escocés David Livingstone y el reportero norteamericano Henry Stanley, al que su jefe le manda a que se dé una pasadita, antes de ir a Africa por el misionero, por el canal de Suez, Jerusalem, Constantinopla, Crimea, India y Persia.

En fin, son todas anécdotas únicas, asombrosas y brutales. Aventuras que siempre existirán mientras hayan viajeros.


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