Leo que
leo
Viajeros de todos los
tiempos
¿Quién no quisiera viajar por
el mundo y descubrir lugares nunca vistos?
¿Quién no quisiera andar por mares y
selvas, entre glaciares y montañas?
¿O ser el primero en descubrir dónde
comienza el Nilo, atravesar el desierto de Gobi
o ir a Africa? Pues el mismo deseo tuvieron
personajes como Ibn Battuta, David Livingstone,
Henry Stanley, Charles Darwin, Cristóbal
Colón, Alexander von Humbolt y
más.
Por Telena
Ibarra
Como
dice Jesús Torbado en su libro "Viajeros
intrépidos", viajar alarga la vida. Hay
quienes viajan y han viajado por una infinidad
de motivos: por codicia, por afán de
conquista, por curiosidad, por escapar de una
vida miserable o del aburrimiento, por
encontrarse a sí mismo, por una promesa o
sencillamente por ganas de viajar.
En este maravilloso libro viajas alrededor
del mundo, por los cinco continentes y hasta por
las heladas tierras del Polo Norte y Sur, y son
todos ellos, los que viajaron antes que
nosotros, los que relatan las aventuras y
desventuras de las primeras
travesías.
Con Magallanes te enteras que fue por
casualidad, mientras buscaban un paso al otro
mar, que se encontraron con unos gigantes que
bautizarían Patagones. Vasco
Núñez de Balboa, que tenía
un mastín llamado Leoncico, se dio la
tarea de cruzar las selvas del Darién, en
Panamá, unas selvas tan impenetrables que
ni siquiera se podía introducir el
brazo.
También hay relatos terribles de
canibalismo y muerte. Américo Vespucio o
Amerigo Vespucci, relata un episodio de mujeres
caníbales que se comen a un cristiano
frente al resto de sus asustados
compañeros y von Humbolt se lleva un
susto en América, cuando su criado le
revela que la carne de mono sabe igual a la
humana y que en su tribu la parte que más
les gusta del cuerpo humano son las manos.
Es en Africa y luego en América donde
se producen las anécdotas más
escalofriantes. Manuel Iradier cuenta
cómo una marabunta en Africa
invadió todo un campamento y llegó
a devorar a una persona. En otro relato, Sven
Hedin cuenta cómo estuvo a punto de morir
en el desierto de Gobi, en Asia, a causa de la
sed que los hizo beber sangre y hasta los orines
de los camellos.
También está el famoso
encuentro (hay dos versiones) entre el misionero
escocés David Livingstone y el reportero
norteamericano Henry Stanley, al que su jefe le
manda a que se dé una pasadita, antes de
ir a Africa por el misionero, por el canal de
Suez, Jerusalem, Constantinopla, Crimea, India y
Persia.
En fin, son todas anécdotas
únicas, asombrosas y brutales. Aventuras
que siempre existirán mientras hayan
viajeros.