Chalatenango
Los chalatecos
no necesitan nieve en la Navidad, tienen el
polvo blanco de sus calles
Blanquitos, pero de
polvo
Hablar de Chalatenango y no mencionar las
artesanías de La Palma es un pecado. Sin
embargo, hoy es un atrevimiento ir a esta ciudad
por su sinuosa carretera que cruza las
serranías; no hay pavimento sino polvo y
piedras que han caído de sus paredones.
- Sandra
Moreno
- El Diario
de Hoy
La
historia lleva ya tres años, y se
prevé el final del drama por el 2002.
Los artesanos cierran las puertas de sus
talleres; el polvo no les permite trabajar las
piezas.
"Si usted quiere arruinar su carro y su
columna, venga a La Palma a comprar
artesanías", Vilma Hernández no
puede terminar de recitar el lema por la
risa.
Ella ha optado por el humor negro ante la
dura realidad. "Si padece de piedritas en los
riñones, venga, porque después de
saltar por el camino se aliviará", dice
Vilma.
Gracias a Dios que existe el fax, por medio
de él los comerciantes alemanes y
franceses hacen sus pedidos a los artesanos de
La Palma, que ahora se afligen más por
conseguir la madera.
El pino escasea en los cerros de
Chalatenango; la depredación del medio
ambiente es evidente. En consecuencia, el
contrabando de madera de Honduras ha
aumentado.
Los "miluceros" -especialistas en pasar
cualquier tipo de mercadería por las
frontera del Poy y todos los puntos ciegos
existentes en la zona- sólo informan de
sus tarifas. La especialidad se extiende a
café, cigarros, jugos y ganado.
La tranquilidad del Poy y de Citalá
contrasta con los negocios que se cierran bajo
la protección del río Lempa, que
en verano es generoso con los "miluceros".
Morenitos y de Chalatenango
¿Es de Chalate? Es muy común que
le pregunten a las personas de piel blanca en El
Salvador; la respuesta, en general, es
afirmativa. Sin embargo, también
debería hacerse a los morenitos
- Los "chelitos" son los que viven al norte
de la cabecera del departamento, explican los
mismos chalatecos. "Pero aquí
también vivimos morenitos", sostiene
doña Otilia Deras, de 72 años,
cuya familia ha residido por generaciones en
Citalá, pueblo fronterizo con
Honduras.
- La hospitalidad es otra cualidad de la cual
se enorgullecen los chalatecos. El problema es
para el visitante, para no quedarse todo el
día merendando y tomando café con
sus anfitriones.
- Pero cuidado, también esta gente es
bravía. Pican duro como los zancudos de
la zona. La dureza de su carácter la
ocultan bajo la afable sonrisa y la parsimonia
de sus gestos. Además, el ambiente invita
a ir paso a pasito.
Rutas
de ensueño
Las artesanías de La Palma son el
primer referente que dan los chalatecos para
enumerar las potencialidades que poseen, aunque
inmediatamente mencionan el cerro El Pital,
Miramundo, Las Pilas, la Granadilla.
A pesar de no tener vías de acceso
buenas, existen hoteles como el de La
Montaña, que ofrecen transporte desde la
capital y hasta llevan a los turistas de paseo
por los bosques en compañía de un
cocinero.
También se puede subir a la zona alta
por hortalizas. Ahí es posible encontrar
repollos, fresas, tomates, chiles, manzanas,
duraznos y, para adornar la mesa, flores.
Hay que estar siempre atentos a las sorpresas
que depara el camino, cerros que muestran
todavía pinares y el vuelo majestuoso de
un ave que busca su presa desde las alturas.
Por allí es posible encontrar pueblos
como Citalá, que adormecen al que llega
con su tranquilidad y la sensación de que
"aquí no pasa nada". La cabecera del
departamento intenta que los rótulos
comerciales no terminen de destruir la belleza
de los viejos portales, alégrese porque
todavía es posible descubrir un vendedor
de hamacas de Concepción
Quezaltepeque.
Finalmente, se puede tomar la ruta hacia el
embalse del Cerrón Grande, donde se
encuentran una infinidad de caseríos y
pueblos que son refugios de extranjeros que han
sabido valorar la belleza del interior y las
bondades de la vida pueblerina sin grandes
sobresaltos.