- Tomando
la palabra
- El peligro de derrota
de las huelgas
- Joaquín
Villalobos*
- * St. Antony's College, Universidad de
Oxford.
La huelga constituye un derecho indiscutible
de los trabajadores y en nuestro país,
bajo un contexto de gran legitimidad de las
protestas sociales, fue determinante en la lucha
por las libertades democráticas.
Terminada la guerra y en democracia, separar las
reivindicaciones de los trabajadores de la
política partidista es fundamental. Los
trabajadores tendrán siempre mayor
capacidad de defensa de su interés en la
medida que actúen conforme su propia
conveniencia y tengan en cuenta la diversidad de
pensamiento de su propio sector. Para nadie es
más importante la estabilidad y el buen
funcionamiento de nuestra democracia, que para
los mismos trabajadores. En sentido
estratégico y teniendo en cuenta el
desgaste sufrido durante la guerra, este no es
un momento de acción, sino de
reconstrucción de los sindicatos como
organizaciones democráticas y
representativas.
Para impulsar una huelga no basta creer en la
justeza de las reivindicaciones, hay que
considerar el contexto en que ésta se
ejecutará, revisar el impacto que
tendrán las demandas en la opinión
pública, medir la resistencia de los
trabajadores, evaluar objetivamente la capacidad
de concesión de la contraparte, tener
listas alternativas de negociación y,
ante todo, tener la seguridad de estar frente a
una situación extrema que justifique la
huelga.
Analizando las actuales huelgas es
fácil concluir que hay una estrategia
incorrecta y esto puede significar una derrota
para los trabajadores, un debilitamiento de las
organizaciones laborales y una seria
afectación electoral al FMLN, que no ha
ocultado la relación con el movimiento.
Este resultado sería lo contrario de lo
que, supuestamente, se quiere.
Las huelgas que se están llevando
adelante son altamente impopulares por las
siguientes razones: hay un desgaste del
instrumento por el excesivo número de
éstas realizadas en el último
año; los trabajadores del sector
público tienen mejores condiciones
laborales que el sector privado, donde
está la mayoría de
salvadoreños; la guerra se
terminó, no hay violaciones a los
derechos humanos, el FMLN tiene una alta cuota
de poder y existe amplia libertad de
expresión. Huelgas de maestros con
proliferación de "maras" juveniles,
cierre de juzgados con criminalidad, huelga del
Seguro Social y de los hospitales con epidemias,
hacen casi imposible tener a favor la
opinión pública.
En términos sencillos, los
sindicalistas apareen como victimarios y los
usuarios, como víctimas. En el pasado
había una demanda general de tolerancia,
pero la demanda por el orden es ahora cada vez
más creciente y, guste o no, una huelga
es un desorden que ahora tiene más
dificultad de ganar simpatías. Esto
explica por qué los dirigentes sindicales
han chocado con la prensa y ahora hablan poco de
los salarios y más de que defienden el
interés público al oponerse a la
privatización.
Sin embargo, la lucha contra la
privatización parece una pelea con un
fantasma, en tanto no está claro que ese
sea el propósito del gobierno. En todo
caso, primero habría que haberlo
aclarado. Por otro lado, ese tema se dirime en
las elecciones, y si es un grave error, la gente
lo dirá con votos, pero no se pueden
imponer puntos de política de gobierno
cuando se es minoría. Esto lleva a la
ingobernabilidad, arriesga la democracia y el
interés de los trabajadores.
Los aumentos de salarios de funcionarios de
gobierno, si fueran un error, deben ser
señalados, criticados y explotados
políticamente, pero no se justifica
paralizar por ello un servicio público.
Los diputados de las últimas asambleas
legislativas se han aumentado tres veces los
salarios y cada diputado gana ahora 38,000
colones al mes y 10,000 los suplentes, sin tener
éstos últimos responsabilidad
específica de trabajo. A los diputados no
se les piden los requerimientos de conocimiento
de un funcionario técnico y, según
las encuestas, son altamente impopulares; sin
embargo, nadie protestó por estos
aumentos, que se realizaron con el apoyo del
FMLN. Los 27 diputados del Frente y sus
suplentes reciben 16 millones de colones al
año. No se debería tener la
igualdad como consigna, si se acepta la
desigualdad como forma de vida; esta
hipocresía entre otras contribuyó
a derribar el Muro de Berlín.
Hasta aquí podría argumentarse
que el análisis planteado olvida el
derecho de los trabajadores de mejorar. Algunos
dicen que la democracia está incompleta
por las grandes desigualdades e injusticia
social que aún existen, esto es
esencialmente correcto, el problema es
cómo resolverlo. Es necesario valorar
seriamente las libertades democráticas
que ahora tenemos y reflexionar sobre
cómo éstas irán produciendo
cambios sociales. Ya quedó establecido,
de forma contundente, que no hay sistema capaz
de resolver la pobreza de la noche a la
mañana.
La izquierda acepta sin problema que en Cuba
se pida sacrificio a la gente, con
racionamientos y salarios más bajos que
los de nuestro país; igualmente
aceptó que en Nicaragua los sandinistas
cambiaran moneda, racionaran y cambiaran trabajo
por alimentos. Aunque a estas acciones se les
llame período especial o emergencia, no
son otra cosa que ajustes estructurales, que
tanto escozor causan en la izquierda cuando las
recomienda el Fondo Monetario. ¿Por
qué entonces no tener paciencia y dar
tiempo a nuestra democracia que apenas
comienza?
La democracia no resuelve la pobreza y no
puede ni debe imponer la justicia social; sin
embargo, es el mejor instrumento para que,
mediante la interacción de intereses y en
un proceso gradual, pacífico,
democrático, consciente e inteligente, la
solidaridad y la justicia vayan prevaleciendo.
La democracia permitió que el estado de
bienestar en Europa fuera un tema que, en lo
esencial, está por encima de derechas e
izquierdas. Margaret Thatcher, pionera del
neoliberalismo, nunca llegó a desmontar
los servicios de salud y educación
gratuitos para los británicos. Los suizos
y suecos tienen democracia y tanta o mejor
protección social que los cubanos. Los
ricos europeos entendieron que la calidad de
vida no la da el lujo de su casa, sino la
situación de su país. Por lo
tanto, la existencia de multimillonarios no le
preocupa a nadie, en tanto no haya
marginación social.
El bienestar no surge de que un sector se
imponga al otro y lo someta, esto es mantener un
conflicto en estado latente y es esto lo que
hizo caer los gobiernos comunistas de Europa del
Este. La democracia no puede basarse en impedir
gobernar y esto significa que la
oposición se puede hacer aprovechando los
errores del otro, pero no trabajando para que
fracase.
Ser combativos y rebeldes fue valioso cuando
había dictadura, pero ahora puede
convertirse en algo fatal para los propios
trabajadores. Los comunistas británicos
tenían una gran influencia en los
sindicatos de Liverpool y realizaban constantes
huelgas que conquistaron derechos, pero la
persistencia de su rebeldía hizo huir las
inversiones a otras ciudades de Gran
Bretaña y Liverpool se empobreció.
Los trabajadores costarricenses no son los
más combativos de Centroamérica,
pero son los que tienen más derechos y
mejores salarios porque han contribuido a que su
democracia funcione.
Los dirigentes sindicales deben revisar su
estrategia. La revolución social, los
cambios estructurales o como se les quiera
llamar, vendrán de la evolución
democrática y de una correcta estrategia
de lucha que, sin duda, algunas veces
requerirá de la presión social,
pero ahora hay que dejar que lo conquistado
funcione. El mundo actual es de excelencia en la
educación y de productividad y eficiencia
en el trabajo, y si bien es justo mejorar
salarios, es indispensable tener en cuenta lo
primero, si no se hace así, ya no
habrá a quien presentarle demandas porque
no habrá inversión y quedaremos
condenados a una eterna pobreza, así
tengamos los más combativos y
revolucionarios trabajadores del planeta.