Palabras
La fuente
interior
Carlos
Balaguer
Cuando el hombre agota los recursos de su
razón, de su inteligencia, aún le
quedan los inagotables recursos interiores, su
fuerza, su riqueza espiritual.
El oro macizo de su fe y magnificencia
depende de ese linaje interior, de esa realeza
invisible.
El hombre magnífico sabe amar. El
hombre magnífico puede estar en todas
partes: en la fábrica, en el oficio
médico, en los arados, haciendo crecer la
espiga verde; en las montañas escalando
sus sueños; en las calles de la ciudad,
ganando su lucha inmemorial. Estará en
cualquier lugar, mercadeando sus bienes, sus
sueños, su amor, su libertad, sus
ilusiones...
En algún lugar del mundo estará
ese ser capaz de amar.
Capaz de entender la sabiduría de su
corazón.
La mente sabe, el corazón adivina. La
mente inventa, el corazón sueña;
la mente razona el amor, el corazón lo
comprende.
No ames, mediante la razón, pero haz
que tu razón sea amar. Amar. La gran
sabiduría.