Frustración
histórica
Nuestra historia consiste en la
frustración, una frustración pura
que se ha mantenido constante, durante
años moldeándose a los tiempos. Se
me vino esto a la mente la semana pasada cuando
leía unos editoriales escritos por
Alberto Masferrer en 1928.
Por
Raúl Gallegos
Bajo
el titular "No redentor sino barredor",
Masferrer critica con acidez las costumbres,
preceptos morales, la política, y la
manera en que funcionaba el país en aquel
entonces y todo lo califica de basura moral y
mental.
"Y es claro:", dice el pensador: "si no
hubiera tanta basura en nuestros cerebros, no
habría tanta en nuestras calles, en
nuestras casas y en nuestros campos".
¡Qué tipo más atinado y
visionario! Su editorial irreverente y exquisito
tiene una actualidad más que clara.
Pero Masferrer no fue el único
frustrado. Cuatro años después,
en1932, Salarrué, escribió su
célebre "Mi respuesta a los patriotas",
en la que critica a los políticos, el
sistema económico y lo que los
salvadoreños consideran patriotismo. Y
entonces Salarrué confiesa: "No soy
patriota ni quiero serlo; tengo un mejor
concepto de un guineo patriota que de un hombre
patriota. A mí no me agarran ya con esas
cosas respetables". Ambos hombres, hace setenta
años, denunciaban la falta de salud,
educación, suficiente trabajo y el
denigrante papel social de la mujer... cosas de
las cuales aún hoy no salimos.
Y en esta década, con esas mismas
ideas, Horacio Castellanos Moya declara que el
país es la definición de "El
Asco".
En su libro con el mismo título,
arremete contra la vida en el país y todo
aquello que aquí se considera lo mejor de
nuestra cultura (la cerveza, la ignorancia,
etc.).
La gente con algo en la cabeza se queja de lo
que ve aquí como civilización.
Esto me lleva a pensar varias cosas: uno, que
las cosas aquí no cambian o si lo hacen,
ocurre a un paso sumamente lento. Y dos, que la
frustración parece ser uno de los
principales pasatiempos del salvadoreño
promedio. El segundo es la
resignación.
Por ahora, en nuestra democracia de
post-guerra, los salvadoreños viven
impávidos, resignados a sumirse en el
basurero.
El abuso a la mujer, la relación entre
los sexos, la inexistente libertad individual,
el empresario irresponsable y la verborrea
izquierdista nos frustra, nos estanca y nos sume
en un basural del peor tipo. Alguien tiene que
comenzar a barrer, alguien debe quejarse.
Frustrados a raul@elsalvador.com,
o al 271-0100, ext. 1187