Martes 14 de diciembre


Frustración histórica

Nuestra historia consiste en la frustración, una frustración pura que se ha mantenido constante, durante años moldeándose a los tiempos. Se me vino esto a la mente la semana pasada cuando leía unos editoriales escritos por Alberto Masferrer en 1928.

Por Raúl Gallegos

Bajo el titular "No redentor sino barredor", Masferrer critica con acidez las costumbres, preceptos morales, la política, y la manera en que funcionaba el país en aquel entonces y todo lo califica de basura moral y mental.

"Y es claro:", dice el pensador: "si no hubiera tanta basura en nuestros cerebros, no habría tanta en nuestras calles, en nuestras casas y en nuestros campos". ¡Qué tipo más atinado y visionario! Su editorial irreverente y exquisito tiene una actualidad más que clara.

Pero Masferrer no fue el único frustrado. Cuatro años después, en1932, Salarrué, escribió su célebre "Mi respuesta a los patriotas", en la que critica a los políticos, el sistema económico y lo que los salvadoreños consideran patriotismo. Y entonces Salarrué confiesa: "No soy patriota ni quiero serlo; tengo un mejor concepto de un guineo patriota que de un hombre patriota. A mí no me agarran ya con esas cosas respetables". Ambos hombres, hace setenta años, denunciaban la falta de salud, educación, suficiente trabajo y el denigrante papel social de la mujer... cosas de las cuales aún hoy no salimos.

Y en esta década, con esas mismas ideas, Horacio Castellanos Moya declara que el país es la definición de "El Asco".

En su libro con el mismo título, arremete contra la vida en el país y todo aquello que aquí se considera lo mejor de nuestra cultura (la cerveza, la ignorancia, etc.).

La gente con algo en la cabeza se queja de lo que ve aquí como civilización.

Esto me lleva a pensar varias cosas: uno, que las cosas aquí no cambian o si lo hacen, ocurre a un paso sumamente lento. Y dos, que la frustración parece ser uno de los principales pasatiempos del salvadoreño promedio. El segundo es la resignación.

Por ahora, en nuestra democracia de post-guerra, los salvadoreños viven impávidos, resignados a sumirse en el basurero.

El abuso a la mujer, la relación entre los sexos, la inexistente libertad individual, el empresario irresponsable y la verborrea izquierdista nos frustra, nos estanca y nos sume en un basural del peor tipo. Alguien tiene que comenzar a barrer, alguien debe quejarse.

Frustrados a raul@elsalvador.com, o al 271-0100, ext. 1187


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