- Tomando
la palabra
- Ya tenemos
Fiscal
- Beatrice
Alamanni de Carrillo
Al
fin, el 24 de noviembre, la Asamblea
acordó, con 79 votos, la elección
del nuevo Fiscal General, que deberá
luchar para demostrar su independencia y cumplir
con promesas muy grandes y comprometedoras, que
él mismo ha formulado, durante su
discurso en la Asamblea.
Pero, ¿quién es el nuevo
Fiscal?
Se trata de un profesional joven, de
carácter decidido, que nunca
figuró en asuntos públicos,
habiendo trabajado siempre en el área
bancaria, el cual tuvo la oportunidad de
representar la solución, ante las
controversias entre las distintas fracciones
políticas de la Asamblea Legislativa.
Seguramente, el trabajo que le espera al Lic.
Artiga va a ser difícil, si será
tomado con la seriedad que amerita. Hay que
admitir, que muy pocas veces se ha realizado con
determinación esa labor a través
de la historia de la Fiscalía, que fue
siempre la Cenicienta del Sistema de Justicia,
dotada de muy escasos recursos, de personal a
veces poco preparado y peor entrenado, sin el
soporte logístico y científico de
una auténtica investigación del
delito y con Fiscales Generales "necesariamente"
sumisos al poder real del país.
Ahora, con el "vía crucis" de esta
elección controversial, la "astucia de la
historia" ha visibilizado a la Fiscalía,
otorgándole la importancia que le
corresponde, ante los ojos de la
ciudadanía.
Los salvadoreños y las
salvadoreñas nos hemos sentido realmente
"huérfanos" en estos largos meses sin
Fiscal (porque, en realidad,
jurídicamente no teníamos Fiscal)
pero también, hemos entendido en carne
propia, lo que un Fiscal significa y lo que
debería realizar para la
institucionalidad del país.
Tal vez, entonces, por decirlo con un dicho
nacional muy sencillo: "no hay mal que por bien
no venga", porque este compás de espera
ha forjado una conciencia y una atención
pública sobre el caso, que mucho aporta
al "despertar democrático" de nuestro
pueblo.
Por estas razones, el reto para el Lic.
Artiga es mucho más grande que para los
anteriores Fiscales, porque le deberá
cumplir, no sólo al partido mayoritario,
que lo propuso, o a los demás que lo
aceptaron, sino, sobre todo, a los
salvadoreños que lo vamos a
"monitorear".
Las presiones de distinta índole
empezarán (o ya deben haber empezado para
él) y posiblemente el impacto de los
"grandes casos" pendientes podría
desvirtuar su atención de la labor
rutinaria, como lo es, el seguimiento de tantos
episodios envueltos en la impunidad.
Sin embargo, es importante también, en
este momento, por la estabilidad del país
y su institucionalidad, que el monitoreo
ciudadano sea civilizado y democrático y
que se efectúe, relacionándolo
siempre con la gravedad de la situación
nacional y con las deficiencias estructurales de
la persecución del delito existentes. Se
le deberá otorgar al Fiscal un voto de
confianza, y se le deberá proporcionar a
la Fiscalía los medios adecuados para
avanzar realmente en su modernización,
depuración y eficacia. No se
deberá ya confundir, en democracia, la
crítica merecida y constructiva, con el
desgarre humano y profesional de alguien,
sólo por ser un funcionario
público.
Algunos "analistas" han sugerido que la
elección del Fiscal puede haber sido
fruto de "arreglos", aunque los 79 votos de su
elección representan casi la unanimidad
de las fuerzas políticas.
Si bien es cierto que a todos nos
gustaría vivir en una democracia en la
cual toda elección legislativa fuera el
resultado de un consenso sereno y
homogéneo, es cierto también, que
éste, por ahora, es un sueño que
contrasta con la realidad.
Vivimos una época de posguerra,
todavía sesgada y polarizada, con
difíciles equilibrios de poder; pero
ésta es "nuestra democracia", en la cual
debemos creer y a la cual debemos apoyar y
aceptar por ser la situación de facto de
El Salvador, aunque no tengamos que
"conformarnos" nunca con la misma.
Aunque, de todos modos, haya que seguir
luchando para avanzar en el proceso, vale la
pena reconocer que esta democracia casera,
todavía incipiente, pero activa, con base
en un texto constitucional demasiado
genérico ha logrado, al fin, con dolores
de parto, "solucionar el problema" y esto
representa un paso hacia adelante para el
país.
Cabe señalar, además, que en
todas las naciones de larga y connotada
trayectoria democrática, los cabildeos
constituyen el método natural de resolver
las problemáticas y los impasses
nacionales, porque la política ya no
puede ser, por su propia naturaleza, ni simple
ni sencilla. De no ser así, se
pecaría de aproximación en una
compleja realidad social, como lo es, por
ejemplo, la nuestra, que no se asemeja por
cierto a la idílica democracia aldeana
soñada por Rousseau.
"Estrenemos", entonces, nuestro joven Fiscal,
deseándole suerte, en una tarea que
muchos de los que fueron propuestos o que "se
propusieron" para dicho cargo, tal vez ni
siquiera advirtieron la gravedad y el riesgo del
mismo.
¡Quién sabe si el Lic. Artiga lo
advierte también! Esperemos que
sí, por el bien del país, pero la
atención vigilante de la democracia
salvadoreña le marcará el paso
para que el dictado de la Constitución se
haga realidad.
Porque los ciudadanos y ciudadanas
pretendemos "de verdad" contar con quien,
según el numeral 1 del Art. 192 de la
Constitución, "Defienda los intereses del
Estado y de la sociedad" y, por lo tanto,
"queremos tener Fiscal".