Martes 14 de diciembre


Tomando la palabra
Ya tenemos Fiscal
Beatrice Alamanni de Carrillo

Al fin, el 24 de noviembre, la Asamblea acordó, con 79 votos, la elección del nuevo Fiscal General, que deberá luchar para demostrar su independencia y cumplir con promesas muy grandes y comprometedoras, que él mismo ha formulado, durante su discurso en la Asamblea.

Pero, ¿quién es el nuevo Fiscal?

Se trata de un profesional joven, de carácter decidido, que nunca figuró en asuntos públicos, habiendo trabajado siempre en el área bancaria, el cual tuvo la oportunidad de representar la solución, ante las controversias entre las distintas fracciones políticas de la Asamblea Legislativa.

Seguramente, el trabajo que le espera al Lic. Artiga va a ser difícil, si será tomado con la seriedad que amerita. Hay que admitir, que muy pocas veces se ha realizado con determinación esa labor a través de la historia de la Fiscalía, que fue siempre la Cenicienta del Sistema de Justicia, dotada de muy escasos recursos, de personal a veces poco preparado y peor entrenado, sin el soporte logístico y científico de una auténtica investigación del delito y con Fiscales Generales "necesariamente" sumisos al poder real del país.

Ahora, con el "vía crucis" de esta elección controversial, la "astucia de la historia" ha visibilizado a la Fiscalía, otorgándole la importancia que le corresponde, ante los ojos de la ciudadanía.

Los salvadoreños y las salvadoreñas nos hemos sentido realmente "huérfanos" en estos largos meses sin Fiscal (porque, en realidad, jurídicamente no teníamos Fiscal) pero también, hemos entendido en carne propia, lo que un Fiscal significa y lo que debería realizar para la institucionalidad del país.

Tal vez, entonces, por decirlo con un dicho nacional muy sencillo: "no hay mal que por bien no venga", porque este compás de espera ha forjado una conciencia y una atención pública sobre el caso, que mucho aporta al "despertar democrático" de nuestro pueblo.

Por estas razones, el reto para el Lic. Artiga es mucho más grande que para los anteriores Fiscales, porque le deberá cumplir, no sólo al partido mayoritario, que lo propuso, o a los demás que lo aceptaron, sino, sobre todo, a los salvadoreños que lo vamos a "monitorear".

Las presiones de distinta índole empezarán (o ya deben haber empezado para él) y posiblemente el impacto de los "grandes casos" pendientes podría desvirtuar su atención de la labor rutinaria, como lo es, el seguimiento de tantos episodios envueltos en la impunidad.

Sin embargo, es importante también, en este momento, por la estabilidad del país y su institucionalidad, que el monitoreo ciudadano sea civilizado y democrático y que se efectúe, relacionándolo siempre con la gravedad de la situación nacional y con las deficiencias estructurales de la persecución del delito existentes. Se le deberá otorgar al Fiscal un voto de confianza, y se le deberá proporcionar a la Fiscalía los medios adecuados para avanzar realmente en su modernización, depuración y eficacia. No se deberá ya confundir, en democracia, la crítica merecida y constructiva, con el desgarre humano y profesional de alguien, sólo por ser un funcionario público.

Algunos "analistas" han sugerido que la elección del Fiscal puede haber sido fruto de "arreglos", aunque los 79 votos de su elección representan casi la unanimidad de las fuerzas políticas.

Si bien es cierto que a todos nos gustaría vivir en una democracia en la cual toda elección legislativa fuera el resultado de un consenso sereno y homogéneo, es cierto también, que éste, por ahora, es un sueño que contrasta con la realidad.

Vivimos una época de posguerra, todavía sesgada y polarizada, con difíciles equilibrios de poder; pero ésta es "nuestra democracia", en la cual debemos creer y a la cual debemos apoyar y aceptar por ser la situación de facto de El Salvador, aunque no tengamos que "conformarnos" nunca con la misma.

Aunque, de todos modos, haya que seguir luchando para avanzar en el proceso, vale la pena reconocer que esta democracia casera, todavía incipiente, pero activa, con base en un texto constitucional demasiado genérico ha logrado, al fin, con dolores de parto, "solucionar el problema" y esto representa un paso hacia adelante para el país.

Cabe señalar, además, que en todas las naciones de larga y connotada trayectoria democrática, los cabildeos constituyen el método natural de resolver las problemáticas y los impasses nacionales, porque la política ya no puede ser, por su propia naturaleza, ni simple ni sencilla. De no ser así, se pecaría de aproximación en una compleja realidad social, como lo es, por ejemplo, la nuestra, que no se asemeja por cierto a la idílica democracia aldeana soñada por Rousseau.

"Estrenemos", entonces, nuestro joven Fiscal, deseándole suerte, en una tarea que muchos de los que fueron propuestos o que "se propusieron" para dicho cargo, tal vez ni siquiera advirtieron la gravedad y el riesgo del mismo.

¡Quién sabe si el Lic. Artiga lo advierte también! Esperemos que sí, por el bien del país, pero la atención vigilante de la democracia salvadoreña le marcará el paso para que el dictado de la Constitución se haga realidad.

Porque los ciudadanos y ciudadanas pretendemos "de verdad" contar con quien, según el numeral 1 del Art. 192 de la Constitución, "Defienda los intereses del Estado y de la sociedad" y, por lo tanto, "queremos tener Fiscal".


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