Lunes 13 de diciembre


Las víctimas del vicio amarillo

Atraídos por sensaciones nuevas que les hagan olvidar la realidad, muchos jóvenes caen en la tentación de la primera vez. El efecto pasa, y la necesidad de volver a soñar es ahora más apremiante que al principio. La inocencia les vuelve culpables

Sentimientos de depresión y la curiosidad por probar algo nuevo han hecho que el 20% de los niños que vivieron la guerra y que tenían entonces entre nueve y diez años sean hoy jóvenes narcodependientes.

Buscan, en la inconsciencia de la primera vez, una salida a sus problemas, sin saber que saludar al "crack" supone una despedida forzosa. Diez segundos después de fumar la primera "piedra" se alteran las sensaciones del sistema nervioso central y se produce un vertiginoso efecto de alucinación que se evapora a los diez o quince minutos, provocando un decaimiento mucho mayor al que motivó la primera dosis.

La necesidad de reemplazar sus angustias y miedos por nuevas ilusiones se transforma en una dependencia física y psicológica que no entiende de moral ni de obligaciones.

Muchos adictos dejan de volver a casa y se alojan en moteles o en las champas de San Miguelito, para fumar sin descanso durante seis o siete días, hasta que sienten un dolor tan agudo en el pecho que asumen el seguir "aspirando" como un suicidio.

El título de compradores líderes lo pierden cuando se termina la última moneda, y entonces son rechazados por quienes les metieron a empujones en ese mundo. "Cuando ya no tienes más dinero no sirves para los que venden, te apartan y tu autoestima se cae al suelo", confiesa Iván, adicto al "crack" desde hace un año.

Vuelven a sus casas y encuentran un agujero afectivo mucho más hondo que cuando se marcharon. Persiguen en vano el apoyo de unos padres que les dan por perdidos al haberse convertido en pandilleros, violentos y ladrones en su propia casa.

Para algunos, es difícil encontrar la salida y continúan adictos a una droga que ha perdido el efecto. Fumar "crack" ya no tiene atractivo, porque resulta demasiado efímero y mezclan la "piedra" con jugo de limón o vinagre para volver la droga a un estado ácido y, así, poder consumir la dosis por vía intravenosa. Las borrosas visiones se alargan unos cuantos minutos más, pero la adicción no les deja que ver que su enfermedad ha llegado a un estado crítico.

Cáncer social

Los narcodependientes son víctimas del terror callejero, la corrupción y la pobreza. Los adictos se hacen agresores y sus acciones generan el miedo social propicio para la aparición de nuevas víctimas.

La manida premisa de que "la violencia genera más violencia" no ha quedado obsoleta, sino que se ha convertido en un patrón social, según muestran las últimas ventanas epidemiológicas de FUNDASALVA.

Los estudios realizados a los largo de 1998 confirmaron que la violencia y las drogas están estrechamente vinculadas. Se analizaron las causas de los ingresos hospitalarios y se comprobó que el 50% de los agredidos, el 14% de los que sufrieron accidentes caseros y el 11% de los accidentados en carretera sufrían los efectos del alcohol y de otras drogas.

Tales estimulantes fueron la causa del 10% de casos por sobredosis y del 3% de los suicidios que se dieron en el país. Escalofriantes cifras que costaron al Ministerio de Salud, hasta agosto de 1998, un gasto de 37 millones de colones.

Mientras las arcas del Gobierno combaten los destrozos que el tráfico de drogas ocasiona en la población, los vendedores clandestinos siguen con el objetivo de facilitar la compra a sus clientes. Los motoristas, tanto privados como públicos, no necesitan salir del vehículo para conseguir la droga, ya que las mismas terminales de buses son núcleos claves de tráfico, una manera más de distribuir mercancía menuda por todo el territorio.

Según Mateu Llort, jefe de la Unidad Antidoping, los índices de positividad en los motoristas han aumentado en los últimos cuatro años. En 1996 oscilaban el 9%, y las principales drogas de consumo eran el alcohol, la marihuana y, en tercer lugar, la cocaína. En 1997, la positividad ascendió a un 23%, y aunque el alcohol seguía siendo el preferido de los adictos, el consumo de marihuana y cocaína se había equiparado. Los índices llegaron al 30% en 1998, y la tendencia a fumar "crack", como un derivado de la coca, relegó a la marihuana a la tercera posición. "El 80% de los accidentes han sido a causa de la droga o el alcohol. Encontramos a motoristas con nueve mil nonogramos de cocaína en su cuerpo", afirma Mateu Llort.

¡Manos arriba!

La División Antinarcóticos de la PNC combate, a capa y espada, el tráfico callejero, aun sabiendo que la represión no es la cura definitiva. Sus estadísticas reflejan como el número de personas detenidas aumenta, cada año, a una velocidad paralela al crecimiento de la venta. En 1995 tan sólo fueron dos los detenidos, pero las cifras han ido ascendiendo hasta llegar, en 1999, a los 285. Todos ellos han pisado la Fiscalía, aunque muchos se han librado de cumplir las reglas carcelarias del país, "porque la pena queda sujeta al arbitrio de un juez con potestad para interpretar la ley, y muchos quedan libres", afirma el Subinspector de la División Antinarcóticos (DAN).

Además de luchar contra la venta de drogas, la DAN tiene que hacer frente a los problemas internos de la propia PNC, que se derivan de la falta de financiación por parte del Gobierno. El riesgo que corre un policía antinarcóticos cuando trabaja como agente encubierto para conseguir pruebas no se corresponde económicamente con su salario. "Tampoco contamos con el dinero suficiente para pagar a las fuentes por una buena información, lo que lleva a muchos 'observadores' a callar o a contar una verdad a medias", comenta el Subinspector.

Por otra parte, los investigadores de la DAN no cuentan con plena libertad de acción. Trabajan en coordinación con otras instituciones, como la Fiscalía, que sigue la trayectoria del caso y confirma las pruebas requeridas para continuar con la segunda parte del proceso: el allanamiento con miras a un posible decomiso.

Equipos técnicos y humanos de la PNC se movilizan periódicamente para detectar casos concretos, pero los procedimientos no siempre son efectivos. Entre triunfos y fracasos, el negocio del tráfico sigue proliferando. Como afirma el subinspector de la DAN, "la droga ya está diversificada y es difícil de erradicar. La medida represiva nunca va a solucionar el problema".

El Gobierno, conciente de los problemas que el "crack" está generando en el país, ha impulsado, por medio de la PNC y de asociaciones como FUNDASALVA, nuevos proyectos de prevención para combatir el tráfico desde la oferta, y no sólo desde la demanda. Alexandra Hill, directora ejecutiva de FUNDASALVA, afirma que hasta la fecha no ha habido voluntad política para hacer cambios. "En 1995 se emitió el decreto para la Comisión Salvadoreña Antidrogas, hasta 1997 no se nombraron delegados, y en los dos años siguientes no se hizo absolutamente nada. Ahora existe un gran interés por solucionar el problema", comenta Alexandra. "En dos semanas he tenido tres reuniones con el ministro de Seguridad y Justicia, Francisco Bertrand Galindo, y el Plan Nacional Antidrogas parece ir tomando forma", agrega.

Mateu Llort, jefe de la Unidad Antidoping, afirma que aún queda mucho por hacer y que el problema hay que atajarlo donde se origina, y no donde prolifera: "¿Por qué no agarramos a los peces gordos...?", cuestiona, y no hay respuesta.

El Salvador no termina la batalla y pelea una nueva. Mientras el Gobierno intenta solucionar los problemas de salarios de los huelguistas del ISSS, en las calles siguen sonando realidades de adicción: "Si volviera a consumir, yo diría que mejor me matara. Aunque mi razón no quiera volver, siempre seré una adicta...".


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