Las
víctimas del vicio amarillo
Atraídos por
sensaciones nuevas que les hagan olvidar la
realidad, muchos jóvenes caen en la
tentación de la primera vez. El efecto
pasa, y la necesidad de volver a soñar es
ahora más apremiante que al principio. La
inocencia les vuelve culpables
Sentimientos
de depresión y la curiosidad por probar
algo nuevo han hecho que el 20% de los
niños que vivieron la guerra y que
tenían entonces entre nueve y diez
años sean hoy jóvenes
narcodependientes.
Buscan, en la
inconsciencia de la primera vez, una salida a
sus problemas, sin saber que saludar al "crack"
supone una despedida forzosa. Diez segundos
después de fumar la primera "piedra" se
alteran las sensaciones del sistema nervioso
central y se produce un vertiginoso efecto de
alucinación que se evapora a los diez o
quince minutos, provocando un decaimiento mucho
mayor al que motivó la primera
dosis.
La necesidad de
reemplazar sus angustias y miedos por nuevas
ilusiones se transforma en una dependencia
física y psicológica que no
entiende de moral ni de obligaciones.
Muchos adictos dejan de
volver a casa y se alojan en moteles o en las
champas de San Miguelito, para fumar sin
descanso durante seis o siete días, hasta
que sienten un dolor tan agudo en el pecho que
asumen el seguir "aspirando" como un
suicidio.
El título de
compradores líderes lo pierden cuando se
termina la última moneda, y entonces son
rechazados por quienes les metieron a empujones
en ese mundo. "Cuando ya no tienes más
dinero no sirves para los que venden, te apartan
y tu autoestima se cae al suelo", confiesa
Iván, adicto al "crack" desde hace un
año.
Vuelven a sus casas y
encuentran un agujero afectivo mucho más
hondo que cuando se marcharon. Persiguen en vano
el apoyo de unos padres que les dan por perdidos
al haberse convertido en pandilleros, violentos
y ladrones en su propia casa.
Para algunos, es
difícil encontrar la salida y
continúan adictos a una droga que ha
perdido el efecto. Fumar "crack" ya no tiene
atractivo, porque resulta demasiado
efímero y mezclan la "piedra" con jugo de
limón o vinagre para volver la droga a un
estado ácido y, así, poder
consumir la dosis por vía intravenosa.
Las borrosas visiones se alargan unos cuantos
minutos más, pero la adicción no
les deja que ver que su enfermedad ha llegado a
un estado crítico.
Cáncer
social
Los narcodependientes
son víctimas del terror callejero, la
corrupción y la pobreza. Los adictos se
hacen agresores y sus acciones generan el miedo
social propicio para la aparición de
nuevas víctimas.
La manida premisa de
que "la violencia genera más violencia"
no ha quedado obsoleta, sino que se ha
convertido en un patrón social,
según muestran las últimas
ventanas epidemiológicas de
FUNDASALVA.
Los estudios realizados
a los largo de 1998 confirmaron que la violencia
y las drogas están estrechamente
vinculadas. Se analizaron las causas de los
ingresos hospitalarios y se comprobó que
el 50% de los agredidos, el 14% de los que
sufrieron accidentes caseros y el 11% de los
accidentados en carretera sufrían los
efectos del alcohol y de otras
drogas.
Tales estimulantes
fueron la causa del 10% de casos por sobredosis
y del 3% de los suicidios que se dieron en el
país. Escalofriantes cifras que costaron
al Ministerio de Salud, hasta agosto de 1998, un
gasto de 37 millones de colones.
Mientras las arcas del
Gobierno combaten los destrozos que el
tráfico de drogas ocasiona en la
población, los vendedores clandestinos
siguen con el objetivo de facilitar la compra a
sus clientes. Los motoristas, tanto privados
como públicos, no necesitan salir del
vehículo para conseguir la droga, ya que
las mismas terminales de buses son
núcleos claves de tráfico, una
manera más de distribuir mercancía
menuda por todo el territorio.
Según Mateu
Llort, jefe de la Unidad Antidoping, los
índices de positividad en los motoristas
han aumentado en los últimos cuatro
años. En 1996 oscilaban el 9%, y las
principales drogas de consumo eran el alcohol,
la marihuana y, en tercer lugar, la
cocaína. En 1997, la positividad
ascendió a un 23%, y aunque el alcohol
seguía siendo el preferido de los
adictos, el consumo de marihuana y
cocaína se había equiparado. Los
índices llegaron al 30% en 1998, y la
tendencia a fumar "crack", como un derivado de
la coca, relegó a la marihuana a la
tercera posición. "El 80% de los
accidentes han sido a causa de la droga o el
alcohol. Encontramos a motoristas con nueve mil
nonogramos de cocaína en su cuerpo",
afirma Mateu Llort.
¡Manos
arriba!
La División
Antinarcóticos de la PNC combate, a capa
y espada, el tráfico callejero, aun
sabiendo que la represión no es la cura
definitiva. Sus estadísticas reflejan
como el número de personas detenidas
aumenta, cada año, a una velocidad
paralela al crecimiento de la venta. En 1995 tan
sólo fueron dos los detenidos, pero las
cifras han ido ascendiendo hasta llegar, en
1999, a los 285. Todos ellos han pisado la
Fiscalía, aunque muchos se han librado de
cumplir las reglas carcelarias del país,
"porque la pena queda sujeta al arbitrio de un
juez con potestad para interpretar la ley, y
muchos quedan libres", afirma el Subinspector de
la División Antinarcóticos
(DAN).
Además de luchar
contra la venta de drogas, la DAN tiene que
hacer frente a los problemas internos de la
propia PNC, que se derivan de la falta de
financiación por parte del Gobierno. El
riesgo que corre un policía
antinarcóticos cuando trabaja como agente
encubierto para conseguir pruebas no se
corresponde económicamente con su
salario. "Tampoco contamos con el dinero
suficiente para pagar a las fuentes por una
buena información, lo que lleva a muchos
'observadores' a callar o a contar una verdad a
medias", comenta el Subinspector.
Por otra parte, los
investigadores de la DAN no cuentan con plena
libertad de acción. Trabajan en
coordinación con otras instituciones,
como la Fiscalía, que sigue la
trayectoria del caso y confirma las pruebas
requeridas para continuar con la segunda parte
del proceso: el allanamiento con miras a un
posible decomiso.
Equipos técnicos
y humanos de la PNC se movilizan
periódicamente para detectar casos
concretos, pero los procedimientos no siempre
son efectivos. Entre triunfos y fracasos, el
negocio del tráfico sigue proliferando.
Como afirma el subinspector de la DAN, "la droga
ya está diversificada y es difícil
de erradicar. La medida represiva nunca va a
solucionar el problema".
El Gobierno, conciente
de los problemas que el "crack" está
generando en el país, ha impulsado, por
medio de la PNC y de asociaciones como
FUNDASALVA, nuevos proyectos de
prevención para combatir el
tráfico desde la oferta, y no sólo
desde la demanda. Alexandra Hill, directora
ejecutiva de FUNDASALVA, afirma que hasta la
fecha no ha habido voluntad política para
hacer cambios. "En 1995 se emitió el
decreto para la Comisión
Salvadoreña Antidrogas, hasta 1997 no se
nombraron delegados, y en los dos años
siguientes no se hizo absolutamente nada. Ahora
existe un gran interés por solucionar el
problema", comenta Alexandra. "En dos semanas he
tenido tres reuniones con el ministro de
Seguridad y Justicia, Francisco Bertrand
Galindo, y el Plan Nacional Antidrogas parece ir
tomando forma", agrega.
Mateu Llort, jefe de la
Unidad Antidoping, afirma que aún queda
mucho por hacer y que el problema hay que
atajarlo donde se origina, y no donde prolifera:
"¿Por qué no agarramos a los peces
gordos...?", cuestiona, y no hay
respuesta.
El Salvador no termina
la batalla y pelea una nueva. Mientras el
Gobierno intenta solucionar los problemas de
salarios de los huelguistas del ISSS, en las
calles siguen sonando realidades de
adicción: "Si volviera a consumir, yo
diría que mejor me matara. Aunque mi
razón no quiera volver, siempre
seré una adicta...".