Carlos
Balaguer
Gepeto, en el cuento, es el Destino, y
Pinocho, la humanoide marioneta de pino, es el
Enamorado.
Detrás de bastidores alguien mueve las
pequeñas figuras del escenario. Son las
marionetas operéticas, representando
algún cuento o alguna pieza de teatro.
Las maneja algún famoso marionetista en
cuyas manos los muñecos adquieren una
gran expresión de humanidad... Al nacer,
nuestro libreto ya está escrito, en el
teatro de la vida...
Existen en el mundo grandes marionetistas que
desarrollan sus teatros de títeres, con
asombro y destreza. En el sentido figurado, las
dictaduras tratan de hacer lo mismo con el
individuo, programándole mediante
publicidad, represión o ilusas
expectativas de progreso...
En fin, el mundo también se compone de
títeres humanos, de oscuros
marionetistas, manipulando el destino de
otros... Pero más allá de todo
escenario, más allá del proscenio
de nuestras vidas, está el gran
marionetista de los universos, el Divino
Titiritero...