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La fe que mueve
montañas
A la edad de 15 años Samael
Rodríguez (ahora tiene 20) fue
víctima de la leucemia, enfermedad que
estuvo a punto de llevarlo a la muerte. Sin
embargo, gracias a su fe en Dios y a la ayuda de
los médicos y a la Fundación
Ayúdame a Vivir ha vencido el mal.
- Ricardo
Guevara
- El Diario de
Hoy
- Fotos
Ernesto Rivas
En
junio de 1994, Samael Rodríguez
empezó a sentir mareos, falta de apetito y
decaidimiento, así como a experimentar
pérdida de peso.
Con el paso de los días, las molestias
aumentaron, por lo que fue necesario llevarlo al
Hospital San Rafael, de Santa Tecla, donde los
médicos le diagnosticaron paludismo.
Ahí le hicieron exámenes de sangre,
los que mostraron que tenía niveles bajos de
hemoglobina, por lo que fue necesario aplicarle dos
transfusiones sanguíneas.
La mejoría fue pasajera, ya que pocos
días después volvió a sentir
las mismas molestias, por lo que perdía
clases a menudo y se volvió un asiduo
visitante de los centros de salud.
Después de consultar a varios doctores y
al no encontrar las causas de sus malestares fue
llevado al Hospital Zacamil, en donde los doctores
le recomendaron que se practicara un examen de
médula ósea, que arrojó un
resultado desalentador: leucemia.
Camino de sufrimientos
Debido al estado de salud de Samael fue
ingresado en el Hospital Bloom, en donde fue
sometido a un tratamiento de quimioterapia durante
tres años.
"Recuerdo que no podía mantenerme de pie
ni caminar solo, ya que me encontraba tan
débil que sentía que una corriente de
aire podría tirarme al suelo", dice Samael,
quien además fue sometido a la
aplicación de inyecciones en la columna
vertebral.
Debido a la enfermedad hubo necesidad de
realizarle una cirugía exploratoria en el
pulmón derecho para verificar si
existían indicios de cáncer. Pero
para fortuna del muchacho, el resultado fue
negativo.
En
todo el tiempo que el joven estuvo internado hizo
muchos amigos (pacientes, médicos y
enfermeras, además de los miembros de la
Fundación Ayúdame a Vivir), quienes
le brindaron consejos y aliento espiritual para
superar la dolencia.
"Nunca voy a olvidar un pensamiento que me
decía una amiga del hospital cuando me
sentía sin fe ni ánimos y vencido por
la enfermedad: "Tener fe y esperanza es hacer
posible lo imposible, es vivir el presente, sin
pensar en el pasado ni angustiarnos por el futuro;
es disfrutar cada día a plenitud", recuerda
Samael, quien escribió un pequeño
libro con las experiencias que vivió durante
la enfermedad.
Cuidado por su abuela
Samael es un joven de piel morena, cabello y
ojos negros y con una estatura de un metro con 70
centímetros, originario del departamento de
Morazán, pero desde que era bebé, sus
padres emigraron hacia San Salvador.
Su vida ha estado llena de obstáculos y
sufrimientos, como la pérdida de sus padres
durante la ofensiva guerrillera de 1989, quedando
él bajo el cuidado de su abuela.
Uno de los retos más difíciles que
ha vencido es la leucemia, que lo puso al borde la
muerte en varias ocasiones. "Yo recuerdo que
llegué a pesar 60 libras; no tenía
cabello y ni siquiera podía mantenerme de
pie", dice el joven, quien se ha recuperado
totalmente de la enfermedad y estudia segundo
año de periodismo en una universidad
capitalina.
"Ahora cada amanecer me hace sentir que el
Señor cree en mí y pienso que un
hombre no es nadie si no tiene la ilusión de
luchar y vencer el cáncer. Sería como
un soldado que cae en batalla por no haber luchado
lo suficiente, ya que solo puede sobrevivir el que
posee espíritu de lucha", afirma Samael.
Él asegura que siempre llevará en
su pensamiento el llanto y la sonrisa de los
niños y las niñas que al igual que
él han sufrido y están padeciendo de
esta terrible enfermedad.
¿Qué es la leucemia?
Se
origina por la acelerada y descontrolada
producción de glóbulos blancos
(leucocitos), que se caracterizan por carecer de
una función especial en el cuerpo, e invaden
todos los órganos y tejidos del ser
humano.
Los leucocitos, al igual que las demás
células de la sangre, se forman
principalmente en la médula ósea, que
se encuentra dentro de los huesos. En la actualidad
se desconoce la causa específica que provoca
esta anormalidad genética.
La sintomatología es muy variada en cada
paciente: falta de apetito, pérdida de peso,
fiebre, palidez y hemorragias, entre otros
síntomas. El único método
exacto para diagnosticarla es analizando la
médula ósea del paciente.
El tratamiento puede durar hasta tres
años y consiste en la administración
de medicamentos por vía intravenosa, oral e
intratecal (por la columna vertebral), así
como quimioterapia. La recuperación
dependerá de lo avanzado que se encuentre la
enfermedad.
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