Viernes 10 de diciembre























 





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La fe que mueve montañas

A la edad de 15 años Samael Rodríguez (ahora tiene 20) fue víctima de la leucemia, enfermedad que estuvo a punto de llevarlo a la muerte. Sin embargo, gracias a su fe en Dios y a la ayuda de los médicos y a la Fundación Ayúdame a Vivir ha vencido el mal.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
Fotos Ernesto Rivas

En junio de 1994, Samael Rodríguez empezó a sentir mareos, falta de apetito y decaidimiento, así como a experimentar pérdida de peso.

Con el paso de los días, las molestias aumentaron, por lo que fue necesario llevarlo al Hospital San Rafael, de Santa Tecla, donde los médicos le diagnosticaron paludismo. Ahí le hicieron exámenes de sangre, los que mostraron que tenía niveles bajos de hemoglobina, por lo que fue necesario aplicarle dos transfusiones sanguíneas.

La mejoría fue pasajera, ya que pocos días después volvió a sentir las mismas molestias, por lo que perdía clases a menudo y se volvió un asiduo visitante de los centros de salud.

Después de consultar a varios doctores y al no encontrar las causas de sus malestares fue llevado al Hospital Zacamil, en donde los doctores le recomendaron que se practicara un examen de médula ósea, que arrojó un resultado desalentador: leucemia.

Camino de sufrimientos

Debido al estado de salud de Samael fue ingresado en el Hospital Bloom, en donde fue sometido a un tratamiento de quimioterapia durante tres años.

"Recuerdo que no podía mantenerme de pie ni caminar solo, ya que me encontraba tan débil que sentía que una corriente de aire podría tirarme al suelo", dice Samael, quien además fue sometido a la aplicación de inyecciones en la columna vertebral.

Debido a la enfermedad hubo necesidad de realizarle una cirugía exploratoria en el pulmón derecho para verificar si existían indicios de cáncer. Pero para fortuna del muchacho, el resultado fue negativo.

En todo el tiempo que el joven estuvo internado hizo muchos amigos (pacientes, médicos y enfermeras, además de los miembros de la Fundación Ayúdame a Vivir), quienes le brindaron consejos y aliento espiritual para superar la dolencia.

"Nunca voy a olvidar un pensamiento que me decía una amiga del hospital cuando me sentía sin fe ni ánimos y vencido por la enfermedad: "Tener fe y esperanza es hacer posible lo imposible, es vivir el presente, sin pensar en el pasado ni angustiarnos por el futuro; es disfrutar cada día a plenitud", recuerda Samael, quien escribió un pequeño libro con las experiencias que vivió durante la enfermedad.

Cuidado por su abuela

Samael es un joven de piel morena, cabello y ojos negros y con una estatura de un metro con 70 centímetros, originario del departamento de Morazán, pero desde que era bebé, sus padres emigraron hacia San Salvador.

Su vida ha estado llena de obstáculos y sufrimientos, como la pérdida de sus padres durante la ofensiva guerrillera de 1989, quedando él bajo el cuidado de su abuela.

Uno de los retos más difíciles que ha vencido es la leucemia, que lo puso al borde la muerte en varias ocasiones. "Yo recuerdo que llegué a pesar 60 libras; no tenía cabello y ni siquiera podía mantenerme de pie", dice el joven, quien se ha recuperado totalmente de la enfermedad y estudia segundo año de periodismo en una universidad capitalina.

"Ahora cada amanecer me hace sentir que el Señor cree en mí y pienso que un hombre no es nadie si no tiene la ilusión de luchar y vencer el cáncer. Sería como un soldado que cae en batalla por no haber luchado lo suficiente, ya que solo puede sobrevivir el que posee espíritu de lucha", afirma Samael.

Él asegura que siempre llevará en su pensamiento el llanto y la sonrisa de los niños y las niñas que al igual que él han sufrido y están padeciendo de esta terrible enfermedad.

¿Qué es la leucemia?

Se origina por la acelerada y descontrolada producción de glóbulos blancos (leucocitos), que se caracterizan por carecer de una función especial en el cuerpo, e invaden todos los órganos y tejidos del ser humano.

Los leucocitos, al igual que las demás células de la sangre, se forman principalmente en la médula ósea, que se encuentra dentro de los huesos. En la actualidad se desconoce la causa específica que provoca esta anormalidad genética.

La sintomatología es muy variada en cada paciente: falta de apetito, pérdida de peso, fiebre, palidez y hemorragias, entre otros síntomas. El único método exacto para diagnosticarla es analizando la médula ósea del paciente.

El tratamiento puede durar hasta tres años y consiste en la administración de medicamentos por vía intravenosa, oral e intratecal (por la columna vertebral), así como quimioterapia. La recuperación dependerá de lo avanzado que se encuentre la enfermedad.


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