Viernes 10 de diciembre


Usulután
Usulután, entre sangre y volcánes

Usulután es una tierra intensa como su paisaje. En 25 kilómetros de carretera hay cientos de historias bellas y violentas

Francisco Ayala Silva

El Diario de Hoy

El señor Henríquez creció en esta tierra, y ahora me conduce por ella. Él trabaja en EL DIARIO DE HOY (es el chófer de este "pick up" blanco) y creció en la tierra tremendamente azul y verde de Usulután, entre la Carretera Panamericana y la Carretera El Litoral.

Esa franja podría ser la tierra más fértil de El Salvador. También la más violenta. En un terreno con menos de mil kilómetros cuadrados, hay tres volcánes, dos cadenas montañosas, una laguna azufrada entre montañas (la de Alegría, que tiene más agua cuando la temperatura es más caliente), cafetales, maizales, cañaverales, así como ciudades pequeñas donde nacieron tremendas fortunas.

El señor Henríquez recorrió esta zona. Hasta los 14 años fue cortador de la uva del café; a los 15 era soldado combatiente, y antes de cumplir los 20, peleaba en los batallones especiales.

Él me cuenta las historias de esta franja

Frutas rojas encarnadas

La carretera le da la vuelta al volcán de Usulután. "Aquí encontramos a los guardias", dice, señalando un lugar entre los cafetales con frutas de rojo muy encendido.

"Eran tres guardias nacionales", recuerda, "estaban parados, con su uniforme y polainas; allá estaban sus cabezas, con cascos, en tres estacas".

El "pick up" va cuesta arriba por una carretera con más paisajes que los de la carretera a Tikal (Guatemala), un sitio turístico de clase mundial. En el camino, hay una casa con muro, y en el muro han pintado una gran cruz blanca; adentro hay un patio con una gran cruz de cemento y un portal donde cuelgan decenas de amuletos.

"Es la casa de un adorador de satán", explica el señor Henríquez, "él antes era diácono de una iglesia católica, ahora hace trabajos de limpieza y curación; dicen que le llevan a los locos y él los entrega sanos".

El diablo frecuenta Usulután. Una mujer de Estanzuelas recuerda como, de niña, ella, junto con su madre, vio un caballo negro atravesar un enrejado cerrado con candado grande. El señor Henríquez habla de un tal Carlos Bustamante, que tiene en la espalda el rostro del diablo dibujado con sus bellos.

Habla de Mauricio el Peche, que hizo pacto con el diablo y éste le dio fortuna. Cuando llegó la noche, el diablo se le apareció a Mauricio el Peche, en una carretera y montado en un caballo negro y alto. "Pasate a este caballo, que sólo en éste vas a llegar", le dijo el diablo y así desapareció Mauricio.

El diablo volvió. Se apareció a la hija de Mauricio el Peche, mujer de botas agudas, pistolas al cinto y sombrero calado; "tenés que matar 10 niños para volver a ver a tu tata", le dijo el diablo, y allí mismo, se negó María el Peche. Nadie volvió a ver a Mauricio. Su hija "vive ahora en Arabia Saudita", asegura el señor Henríquez.

Santiago y a ellos

Llegamos a Santiago de María, tierra fresca donde surgieron algunas de las grandes fortunas cafetaleras. "Aquí se apareció Santiago el Patrono, para defender la ciudad de los ataques de los guerrilleros", asegura el señor Henríquez. "Cada vez que los guerrilleros ('terroristas', dice él) lanzaban granadas, las granadas se las devolvían y, cuando atacaban, se aparecía Santiago en un caballo para que lo siguieran los soldados".

El señor Henríquez no lo sabe, pero los soldados que peleaban contra los moros en el medioevo español creían que el apóstol Santiago se les aparecían en las batallas, guiándolos en un caballo blanco. Los conquistadores españoles entraban en combate gritando "Santiago y a ellos", y "Santiago y cierra España".

Salimos de Santiago de María. Poco después, el señor Henríquez confiesa que es evangélico.


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