Domingo 29 de agosto


Una realidad

Con estándares de calidad de vida avanzaremos más rápido

Pedro Roque

Hablar de calidad de vida es complicado; escribir, más. Esta será una de las razones por las cuales aquí y en otros países hay tan poco escrito sobre el tema. Otra es que "la calidad de vida", para que tenga sentido, debe haber sido definida, medida, controlada y mejorada, y todo este proceso, ser observable y percibido con los cinco sentidos por las personas que viven en el entorno donde se aplique. Además, no resulta fácil que nos pongamos de acuerdo a partir de qué momento, desde el punto de vista de la calidad, las cosas o situaciones son aceptables, partiendo de parámetros medidos o bien de la descripción de situaciones expresadas en términos de percepciones; pues lo que para mí es aceptable, para usted posiblemente no lo sea por la relatividad como vemos y entendemos las cosas y la vida.

Precisamente por esta razón, para entender y calibrar la percepción de las cosas de forma un poco más objetiva, es necesario establecer estándares de calidad de vida y asignarle a cada uno márgenes de tolerancia, pues el estándar en sí es una medida o situación teórica pero posible, siempre sometida a las influencias de la variabilidad que se presenta en las cuatro variantes conocidas: la común, la especial, la estructural y la accidental. Y precisamente por este fenómeno es que las cosas nunca serán perfectas, pero que teniendo estándares podemos esforzarnos en acercarnos a las situaciones posibles, previamente definidas y alcanzables con los recursos existentes. Por otro lado, en el tema de "la calidad de vida" hay que plantearse la evolución de los estándares en diferentes lugares, pues al comparar un país con otro, se da la situación que en el nuestro aún son deseables cosas que en otros se sobreentienden.

Con todos los riesgos, incluido el de la mala interpretación, pero asegurándoles que lo hago con la mejor intención y constructivamente, mencionaré algunos estándares de calidad de vida que creo posibles, y si los alcanzamos en un par de años, podemos tener un país más limpio, más ordenado, menos violento y más atractivo.

Por ejemplo, para la circulación por las calles y carreteras, ¿cuál sería un estándar de calidad de vida? Yo diría: que se pueda circular tranquilamente sin riesgo de accidente, o para definirlo cuantitativamente, que la probabilidad de accidente sea de cien mil contra uno. Es decir, que de cada cien mil carros que me encuentro en sentido contrario, la probabilidad de accidente no sea mayor de uno. Nuestro estándar actual andará alrededor del uno por cada 200, es decir, que de cada 200 encuentros, uno puede ser peligroso. Y aquí es importante tener claro con qué frecuencia el peligro somos nosotros mismos, por nuestra propia condición y la del vehículo que manejamos.

Otros estándares de calidad de vida en relación con la vivienda podrían ser, por ejemplo: que el 90% de las familias disponga de una vivienda digna, o respecto del alfabetismo, que el 98% de los adultos sepa leer y escribir.

¿Y con respecto a la basura? Que el 98% de las casas saquen su basura a tiempo y que el tren de aseo pase el 98% de los días puntualmente para que se la lleve. En relación con las costumbres urbanas, podríamos tener como estándar que en toda la ciudad no se encuentre ni una persona que con toda libertad se gire y miccione en cualquier lugar. En la actualidad, el estándar que he observado es que desde la entrada a San Salvador por Santa Tecla hasta la salida por el Bulevar del Ejército, uno se encuentra al menos cuatro que no aguantaron hasta llegar a su casa. Respecto del mantenimiento de los vehículos y los peligros en las calles y carreteras, un estándar deseado sería el que se encuentre un vehículo averiado o un obstáculo cada mil kilómetros recorridos.

El estándar actual es que desde cualquier punto que salga, en cualquier dirección y a cualquier hora, antes de treinta kilómetros o de 20 minutos se encuentra al menos un vehículo averiado y, a veces, en el punto más peligroso de la curva o de la pendiente. O bien, que máximo después de una hora se retire de la carretera el carro accidentado y que no haya carrocerías de carros chocados o inservibles en las carreteras o en calles importantes, como en la calle a Santa Tecla, a la altura de la entrada de la colonia La Sultana. Y para terminar, por razones de espacio, el estándar de la frecuencia de limpieza de la basura en las ciudades que atravesamos cuando vamos por la Panamericana, como San Martín y Cojutepeque, que a cualquier hora y día que se pase se encuentra basura al por mayor, de forma que a los pocos turistas que pasan por ahí se les quita la gana de volver.

Y así podríamos continuar definiendo nuestros estándares de "calidad de vida" que pueden referirse al trabajo, la educación, la sanidad, la vivienda, el medio ambiente, el transporte, el manejo de la basura, las relaciones con el Estado, las relaciones familiares, las relaciones interpersonales, la participación, la seguridad personal, la seguridad jurídica, la recaudación de impuestos, etc.

Pero, a pesar de la falta de estándares, es justo reconocer que las cosas están mejorando y así, actualmente por lo menos el 80% de los conductores usa el cinturón de seguridad, cuando hace dos años no pasaba de 10%. Descansando en un sofá limpio frente al Pabellón Número Cuatro de la Feria Internacional, en mi visita a "Consuma", observé durante media hora que la gente que tenía que deshacerse de algún envoltorio o de basura lo depositaba en el barril previsto para eso. Nadie tiró la basura al suelo. Y si se fijan, actualmente nos pasamos menos semáforos en rojo; hace tres de días vi cómo el motorista de un bus le cedía el paso a una señora que cruzaba la calle por el paso de peatones.

El punto de este artículo es que si definimos estándares y establecemos sistemas de seguimiento, se define desde las instituciones impulsoras qué se va a hacer para alcanzarlos y cuál es el papel del ciudadano, creo que será posible una concientización ciudadana y participación más rápida.

La definición y el cumplimiento de estándares de producción, productividad, calidad, financieros, de orden y limpieza, de cuotas de mercado, de cumplimiento de los plazos de entrega, etc., es lo que hace que las empresas progresen. Si funciona en las empresas, por qué no va a funcionar en el ámbito de la calidad de vida.

Los estándares de calidad de vida tienen la ventaja que crean cultura en tiempo récord, homogeneizan las conductas y elevan el grado de calidad de nuestra cultura familiar, urbana, social, laboral, de respeto mutuo y consideración al medio ambiente. Si usted quiere, puede acordar sus propios estándares de calidad de vida familia. Por ejemplo, no discutir más de una vez al mes durante la comida. O si usted es empresario los puede implantar en su empresa, por ejemplo, que todos los empleados usen los elementos de seguridad y no se produzca más de un accidente cada tres años. No se extrañe, hay empresas que cumplen con este estándar.

Yo, por mi parte, los seguiré implantando en las empresas para las que trabajo, porque estoy convencido de que con estándares claros se avanza mucho más rápido.

* Columnista de El Diario de Hoy.


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