Aclarando
amanece
El centro y las
extremas
Carlos
Sandoval
Decía Pascal que "no
se muestra la grandeza por estar en un extremo,
sino tocando los dos a la vez". Mutatis
mutandis, este mismo pensamiento se
podría aplicar a los partidos que dicen
llamarse del centro o de la tercera vía,
pues aunque aleguen que abjuran de las extremas
siempre dependen de ellas, en una u otra forma.
El centro puro es una ilusión. La tercera
vía -que está de moda en Europa
gracias al espaldarazo de Tony Blair, primer
ministro británico y Gerhard
Schröeder, primer ministro alemán-
ha resultado ambigua, indefinida, confusa. Por
su vacuidad lechosa se le conoce como "la
vía láctea".
Lo mismo sucede con el
centrismo salvadoreño agrupado en torno a
la coalición Centro Democrático
Unido (CDU), pues sigue la misma tendencia
socialdemócrata europea al pretender
situarse en medio de las extremas. Convergencia
Democrática, por ejemplo, la principal
promotora del tercerismo en el país, ha
criticado de manera insistente a las extremas
representadas por ARENA y el FMLN, diciendo que
son las causantes de nuestra frágil
democracia y de la poca participación del
pueblo salvadoreño en los asuntos
políticos. La polarización de
ambas fuerzas, alegan, ha desmotivado a la
ciudadanía en el ejercicio de sus
derechos políticos, especialmente el del
sufragio. Ante el mal de las extremas, pues, la
ciudadanía debe optar por una
política centrista.
Sin embargo, el CDU padece
del mismo error de ARENA y del FMLN al no haber
podido definir, hasta la fecha, su identidad
política. ARENA no sabe todavía
cuál es su ideología, pues cuando
le piden a sus dirigentes que la definan,
responden que es la economía social de
mercado con lo que confunden una
concepción social con un modelo
económico. Igual sucede con el FMLN
cuando le demandan a sus dirigentes que
delimiten su "socialismo revolucionario", pues
se enredan en una serie de explicaciones vagas,
generales y abstractas. Es decir, que ni el
centro (CDU) ni la derecha (ARENA) ni la
izquierda (FMLN) tienen una idea clara
todavía sobre cuál es su Carta de
Principios o su pronunciamiento
ideológico, lo que equivale a decir que
ignoran cómo encarar la
problemática social, económica y
política de la realidad nacional. Esto es
muy importante tomarlo en cuenta porque las
ideologías no son etiquetas o marchamos,
sino la esencia que inspira, motiva y dinamiza a
los partidos en todas sus actividades. Los
requerimientos políticos de la
Declaración de Principios, como es bien
sabido, se satisfacen con los Programas de
Acción en donde se consideran las
soluciones que cada partido ofrece a cada uno de
los problemas.
Permítaseme una
digresión para decir que en un programa
televisivo, Hablemos Claro, un funcionario del
presente gobierno confundió la plataforma
electoral con el Plan Nacional de Desarrollo.
Son cosas completamente distintas. Un gobierno
no se puede contentar con la simple plataforma
programática que lo llevó al
poder, sino que debe elaborar un verdadero plan
nacional de desarrollo en donde se contemplen
todos los aspectos económicos, sociales y
políticos del país, así
como sus programas sectoriales. De lo contrario,
el país caminará cojo, sin rumbo,
sin metas precisas. La falta de un Programa
Nacional de Desarrollo es lo que está
creando mucha duda, incertidumbre y
confusión en la opinión
pública, especialmente en los sectores
laborales. La gente no sabe todavía, por
ejemplo, si se va a privatizar o no el Seguro
Social y por eso mismo es presa fácil de
los alborotadores de izquierda.
Volviendo al tema del centro
o de la tercera vía, es necesario
reconocer que tampoco sus mentores
ideológicos, Anthony Giddens -La tercera
vía- y Bodo Hombach -Una salida, la
política del nuevo centro-, han definido
satisfactoriamente en qué consiste el
nuevo sistema social. La misma palabra centro es
muy ambigua. Gramaticalmente significa punto
equidistante de todos los de una circunferencia,
punto de convergencia, lo más apartado de
los extremos. Por extensión, el centro
político significaría el medio
entre la extrema izquierda y la extrema derecha.
Pero inmediatamente nos damos cuenta de que la
tercera vía no se desliga de ellas sino
que se sitúa en las dos a la vez, como
diría Pascal. Lo único claro que
hay es que la tercera vía trata de
superar, por una parte, el socialismo real con
las estatalizaciones, la centralización
económica, del partido único, el
centralismo democrático, etc. y, por la
otra, el liberalismo con la
absolutización del mercado, la pasividad
del Estado, el descuido a los problemas
sociales, etc.
Al tratar de definir la
tercera vía en el terreno
económico, Tony Blair dice que "nuestro
enfoque no encaja ni en el laisser-faire ni en
la intromisión estatal". Es decir, que la
tercera vía está en contra del
liberalismo clásico del dejar hacer y
dejar pasar y del socialismo dueño y
señor de todos los bienes y servicios.
"La función del gobierno -dice Blair en
La tercera vía- es favorecer la
estabilidad macroeconómica, desarrollar
políticas fiscales y de bienestar que
fomenten la independencia, no la dependencia,
dotar a los ciudadanos de los elementos
necesarios para poder trabajar, merced a una
mejora de la educación y de las
infraestructuras, y apoyar a la empresa,
especialmente a las industrias del futuro,
basadas en el conocimiento. Y nos enorgullece el
sabernos respaldados por los empresarios y por
los sindicatos".
Si nos fijamos bien, esta es
la misma función que tiene el gobierno
dentro del neoliberalismo. Por ello es
lícito concluir que el centrismo o la
tercera vía no es otra cosa que
neoliberalismo disfrazado.