El
Salvador, tierra del queso duro-blando
Bienvenido Gobierno de la
República
Nadina
Rivas de Doñán
E-mail: nyn@telemovil.com
Comentando con varias
personas sobre la situación
económica y social por la que atraviesa
El Salvador, no deja uno de preocuparse al ver
tanta turbulencia en el horizonte. Sin embargo,
sentándose a analizar un poco la
situación, viendo hacia atrás y
siendo positivos hacia el futuro, el panorama
luce un poco más claro.
Estamos estrenando gobierno,
ni siquiera ha cumplido sus 100 días y
estamos próximos a otro proceso electoral
y algunos "demonios", como dice el Dr. David
Escobar Galindo, andan sueltos.
Recordando un poco la
época en que asumió la presidencia
el Dr. Armando Calderón Sol, se
vivió una situación similar a la
actual, con paros y violentas demostraciones por
parte de los desmovilizados. Veníamos de
una guerra y fue, en aquellos momentos,
comprensible tener este tipo de expresiones a
diario.
Al analizar estos hechos,
parece lógico que lo mismo pretendan
hacer con el presidente Flores los "diablillos"
de uno y otro lado. Obviamente no están
contentos y siempre es normal, en la
política criolla, el hecho de
desestabilizar -a costa de lo que sea- al
adversario.
Si bien estas expresiones
sociales no pueden considerarse solamente
producto de adversarios políticos y, en
algunos casos, las demandas pueden considerarse
justas, debe buscarse una solución
lógica y conveniente a los intereses de
la mayoría. El gobierno no debe permitir
este tipo de presiones que los
salvadoreños ya considerábamos
parte de la historia.
Por otro lado, el presidente
de la República y su gobierno van
llegando y es normal que se estén
acomodando en sus puestos.
Me imagino que no es lo mismo
ser candidato que estar ocupando la silla
más importante de El Salvador. Estar
sentado en los problemas es más
difícil y requiere mayor
concentración que montar un bonito
escenario en el campo, con sacos de café,
carretas y hablar sobre los planes
futuros.
Sigo creyendo que al gobierno
debe dársele un compás de espera.
Sin embargo, todos estamos ansiosos porque quien
debe ser el principal líder de este
país, demuestre sus dotes de liderazgo y
marque el rumbo a seguir.
Mantenemos grandes
expectativas en este gobierno, pero el
presidente debe comprender que no es
escondiéndose como se resolverán
los problemas. Nuestra sociedad es esencialmente
presidencialista, y lo que diga o exprese el
presidente, pesa. Pesa en el ánimo de la
gente, en las decisiones que toman los
empresarios, y en todos los sentidos de la vida
de la nación.
Es comprensible que él
esté buscando una nueva forma de hacer
política, puede entenderse que tenga y
quiera imprimir su propio estilo de gobernar,
pero necesitamos, en estos momentos tan
especiales, que esté presente,
guíe y demuestre que sabe gerenciar a su
país.
Al presidente ya se le
observa con mayor regularidad y alivia ver
convicción y dureza en lo que expresa,
porque debe sentar las bases de "su propio
juego" desde el principio.
Sin embargo, sólo
aparecer no es suficiente. Tres importantes
dirigentes empresariales expresaban
recientemente, que saben de la existencia de un
Plan Estratégico del Gobierno, pero
desconocen en qué consiste exactamente
éste.
El gobierno debe informar.
Esa es la clave. Debe hacerlo con claridad y
seguridad. Debe señalar cuál
considera es el mejor camino a seguir en los
próximos cinco años, para que la
población, los empresarios y todas las
fuerzas que mueven a una nación, sepan
hacia dónde dirigirse.
Esperamos que este
entrenamiento intensivo al que han sometido al
gobierno los de APROAS, MOLIS y otros
más, lo haga pegar bien los pies sobre la
tierra, para que no olvide que está en
ese puesto por decisión popular y que se
deben buscar las grandes soluciones de largo
plazo, tomando en cuenta a todos los
salvadoreños, para que en el futuro no
enfrentemos algún demagogo y populista
que, utilizando las necesidades de la gente,
llegue hasta la máxima
magistratura.
Gobierno de la
República de El Salvador... bienvenido a
la tierra del queso duro blando y de la calle
6a. 10a., donde nada de lo vivido anteriormente
supera la dura realidad de gobernar.