La Nota del
Día
Combatamos el calor
sembrando árboles
"Como parte de las medidas
encaminadas a rescatar de alguna manera el medio
ambiente y la calidad del aire en San Salvador,
el Distrito 5 de la Alcaldía
desarrolló ayer la segunda campaña
de arborización en aceras y arriates en
la zona de San Jacinto..."
EL DIARIO DE HOY, 21 de
agosto de 1999
San Jacinto, como las
vecindades del Jardín Infantil cuando era
"Campo de Marte", la vieja ciudad de San Miguel
y una mayoría de nuestros poblados
tenían árboles en sus aceras y
mucha vegetación dentro de las casas,
como se puede ver todavía en las colonias
al poniente de San Salvador. Que los
árboles contribuyen en una significativa
medida a reducir la contaminación
atmosférica y el calor, no requiere
prueba alguna. Se dice que en San Miguel la
temperatura ambiente se ha elevado en casi diez
grados desde principios de siglo, y eso se
atribuye a la deforestación de la ciudad
y la tala inmisericorde en sus
contornos.
Sembrar árboles en las
aceras es una obra de Hércules, pues no
se termina de colocar las plantitas cuando
sujetos sin escrúpulos las arrancan,
dañan o roban. Pero si se sostiene el
esfuerzo terminan por arraigar y crecer. La
Alcaldía debe pedir a cada propietario y
residente de San Jacinto que cuide como cosa
propia las plantas que siembra frente a sus
casas, pues eso ayuda en cierta pequeña
medida a reducir los gases y tóxicos del
aire. Y si una calle entera está sembrada
de plantas, los beneficiados somos
todos.
Los japoneses se ocupan de
manera especial de los pasajes donde viven, como
se puede ver en publicaciones como "LOOK JAPAN".
La gente siembra en macetas y las coloca en los
pasajes, para dar sombra y reducir el ruido.
Claro que allá no andan robando macetas,
pero si éstas se hacen de cemento, no
será tan fácil cargar con ellas,
como los recipientes de basura que en ocasiones
se instalan: muy pesados para así darles
permanencia.
Sin embargo, ese proyecto tan
loable no ataca la principal causa de la
contaminación ambiental, cual es el
escape de vehículos en malas condiciones.
Y éstos se encuentran por todas partes:
circular por San Salvador, o ir en nuestras
carreteras, es respirar los escapes pestilentes
de buses desvencijados, de motocicletas viejas,
de automóviles que debieron ir a la
huesera.
Los verdaderos contaminadores
son los autos
Se da el caso de que cuando
ingresa al país un auto chatarra desde
Estados Unidos, sus dueños alquilan un
catalizador para pasar la prueba de emisiones
tóxicas, van al examen y devuelven el
aditamento. Y así siguen, con
tranquilidad, envenenando el aire que ellos y
sus connacionales respiran, sin que a nadie se
le haya ocurrido la manera de corregir tales
abusos.
Lo que con frecuencia se dice
es que "pobrecitos los dueños", que no
pueden comprar un vehículo en mejores
condiciones. Pero el "pobrecitos los
dueños" no toma en cuenta el "pobrecitos
los capitalinos", que cada vez más
están padeciendo de enfermedades
pulmonares, de catarros, de ronqueces y de todo
lo que se asocia al aire sucio que respiramos.
Si por una parte hay quienes ahorran usando un
auto chatarra, por otro, el gobierno y los
ciudadanos gastan muchísimo dinero en
curarse de enfermedades, en enfrentar el
cáncer pulmonar que algunos sufren, en
limpiar sus casas del polvillo negro que se
deposita por doquier, en pintar paredes y lavar
ropa. Hay barrios donde la gente al final del
día tiene en sus narices, sus orejas y
sus cuellos un depósito negro.
Aquí haremos una
sugerencia al gobierno: que entrene a agentes
seleccionados a anotar los números de
placas de vehículos que expelen grandes
humaredas, para obligarlos a componer sus
motores. A componerlos o venderlos como
chatarra. Es suficiente ir en una calle de San
Salvador para encontrar cientos de estos autos
chatarra, ensuciando el aire que el resto de los
pipiles tiene que respirar.