Lunes 2 de agosto


Una odisea llamada Ulises

Un joven salvadoreño de Cabañas, nacido en los años 50, se graduó de aviador en México. En su país trabajó como limpiador de aviones y llegó a convertirse en un influyente terrateniente

Guadalupe Trigueros

El Diario de Hoy

En 1950 sólo había cinco aviadores de riego en El Salvador; se les pagaba por cada galón de insecticida regado en los cultivos de algodón. Desde abajo, en los hangares de la Cooperativa Algodonera, los observaba un aviador comercial titulado en México, quien limpiaba las aeronaves, porque debido a sus 20 años de edad no le permitían volar en su país.

A los seis meses de ser limpiador de avionetas de riego, Ulises González consiguió su sueño y se convirtió en el piloto mejor pagado de la época: llegó a ganar 100,000 colones. No los invirtió en licor ni en mujeres, sino en comprar tierras para sembrar algodón, el cultivo del momento.

Su primera propiedad, de 200 manzanas, la tuvo en Chilanguera. Posteriormente compró 220 manzanas más y conformó una hacienda, donde tuvo ganado, cultivó algodón y caña de azúcar.

Pasaron 20 años. En 1979, llegó a convertirse en presidente de la Cooperativa Algodonera; era la pre época de la reforma agraria y el surgimiento de la guerra civil. El limpiador de aeronaves comenzó a tener problemas.

Durante dos años consecutivos, la guerrilla le quemó 300 manzanas de caña. Comenzó a endeudarse con la banca y terminó vendiendo sus propiedades, para comprar otras en Usulután, donde sembró 1,000 manzanas de algodón, equivalentes a unos 40,000 quintales. Trabajó tierras propias y arrendadas, pero las leyes agrícolas del '79 establecieron que tierras alquiladas pasarían a manos del que las poseía; por eso, nadie quiso seguir alquilando; el cultivo del algodón disminuyó.

En ese tiempo, la producción algodonera del país estaba ubicada en 130,000 manzanas. La Cooperativa lo comercializaba y transformaba. Repartía el dinero a los productores con base en un prorrateo, según la calidad del algodón.

La estrategia de Ulises

Las reformas agrarias de los gobiernos de Arturo Armando Molina y la aplicada después por José Napoleón Duarte no afectaron a Ulises González. El primer proyecto lo repelió con táctica, al conformar el Frente Agropecuario de la Región Oriental (FARO), junto a grandes terratenientes y con la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP).

Convencieron al presidente de no imponer a los terratenientes la venta de tierras al Estado. Eran sujetos de reforma agraria los propietarios de más de 500 manzanas.

El mandatario accedió a que los poseedores de tales cantidades vendieran en forma voluntaria. Incluso, les pagarían al contado ¢500 por manzana, sin que ese dinero fuera sujeto de renta.

Una vez aprobado el decreto, los grandes propietarios se olvidaron de su promesa voluntaria y no quisieron vender. El Gobierno derogó el decreto y algunos terratenientes fueron sacados de sus fincas por agentes de la Guardia Nacional y del Ejército. La paga de sus terrenos fue a bajo precio: ¢1,000 por manzana, pagaderos en bonos y a 10 años plazo.

Ulises González y otros distribuyeron sus propiedades entre sus familiares, para evitar ser afectados por el repartimiento forzoso.

Recuerda que su vecino Juan Roy terminó sólo con 143 manzanas de terreno, la cantidad permitida por la Ley de Reforma Agraria de 1980, recurso conocido como el derecho de reserva.

Roy fue el propietario de la hacienda La Carrera, famosa en la región por la diversificación de su producción: cítricos, plátanos, porquerizas, ganado, salineras, cocos, camarones, algodón y cereales. Estas tierras fueron entregadas a cooperativas de campesinos.

Ese fue el defecto de la reforma, entregar las propiedades a campesinos desconocedores del manejo administrativo de grandes haciendas, según Ulises González. Ahora, La Carrera ya no es fructífera, sino una propiedad endeudada.

Así desapareció también el cultivo del algodón en el país. Antes de la reforma agraria, recuerda, se producían 330,000 pacas de algodón a nivel nacional, con 130 mil manzanas sembradas. Al siguiente año de las leyes agrícolas nuevas, la producción disminuyó.

Ulises dejó de sembrar algodón y decidió dedicarse a la caña, hasta la fecha. La hacienda de Ulises lleva por nombre "La Odisea'', la obra de aventuras y desventuras del poeta Homero.


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