Una odisea llamada
Ulises
Un joven
salvadoreño de Cabañas, nacido en
los años 50, se graduó de aviador
en México. En su país
trabajó como limpiador de aviones y
llegó a convertirse en un influyente
terrateniente
Guadalupe
Trigueros
El Diario de
Hoy
En
1950 sólo había cinco aviadores de
riego en El Salvador; se les pagaba por cada
galón de insecticida regado en los
cultivos de algodón. Desde abajo, en los
hangares de la Cooperativa Algodonera, los
observaba un aviador comercial titulado en
México, quien limpiaba las aeronaves,
porque debido a sus 20 años de edad no le
permitían volar en su
país.
A los seis meses de ser
limpiador de avionetas de riego, Ulises
González consiguió su sueño
y se convirtió en el piloto mejor pagado
de la época: llegó a ganar 100,000
colones. No los invirtió en licor ni en
mujeres, sino en comprar tierras para sembrar
algodón, el cultivo del
momento.
Su primera propiedad, de 200
manzanas, la tuvo en Chilanguera. Posteriormente
compró 220 manzanas más y
conformó una hacienda, donde tuvo ganado,
cultivó algodón y caña de
azúcar.
Pasaron 20 años. En
1979, llegó a convertirse en presidente
de la Cooperativa Algodonera; era la pre
época de la reforma agraria y el
surgimiento de la guerra civil. El limpiador de
aeronaves comenzó a tener
problemas.
Durante dos años
consecutivos, la guerrilla le quemó 300
manzanas de caña. Comenzó a
endeudarse con la banca y terminó
vendiendo sus propiedades, para comprar otras en
Usulután, donde sembró 1,000
manzanas de algodón, equivalentes a unos
40,000 quintales. Trabajó tierras propias
y arrendadas, pero las leyes agrícolas
del '79 establecieron que tierras alquiladas
pasarían a manos del que las
poseía; por eso, nadie quiso seguir
alquilando; el cultivo del algodón
disminuyó.
En ese tiempo, la
producción algodonera del país
estaba ubicada en 130,000 manzanas. La
Cooperativa lo comercializaba y transformaba.
Repartía el dinero a los productores con
base en un prorrateo, según la calidad
del algodón.
La estrategia de
Ulises
Las reformas agrarias de los
gobiernos de Arturo Armando Molina y la aplicada
después por José Napoleón
Duarte no afectaron a Ulises González. El
primer proyecto lo repelió con
táctica, al conformar el Frente
Agropecuario de la Región Oriental
(FARO), junto a grandes terratenientes y con la
Asociación Nacional de la Empresa Privada
(ANEP).
Convencieron al presidente de
no imponer a los terratenientes la venta de
tierras al Estado. Eran sujetos de reforma
agraria los propietarios de más de 500
manzanas.
El mandatario accedió
a que los poseedores de tales cantidades
vendieran en forma voluntaria. Incluso, les
pagarían al contado ¢500 por
manzana, sin que ese dinero fuera sujeto de
renta.
Una vez aprobado el decreto,
los grandes propietarios se olvidaron de su
promesa voluntaria y no quisieron vender. El
Gobierno derogó el decreto y algunos
terratenientes fueron sacados de sus fincas por
agentes de la Guardia Nacional y del
Ejército. La paga de sus terrenos fue a
bajo precio: ¢1,000 por manzana, pagaderos
en bonos y a 10 años plazo.
Ulises González y
otros distribuyeron sus propiedades entre sus
familiares, para evitar ser afectados por el
repartimiento forzoso.
Recuerda que su vecino Juan
Roy terminó sólo con 143 manzanas
de terreno, la cantidad permitida por la Ley de
Reforma Agraria de 1980, recurso conocido como
el derecho de reserva.
Roy fue el propietario de la
hacienda La Carrera, famosa en la región
por la diversificación de su
producción: cítricos,
plátanos, porquerizas, ganado, salineras,
cocos, camarones, algodón y cereales.
Estas tierras fueron entregadas a cooperativas
de campesinos.
Ese fue el defecto de la
reforma, entregar las propiedades a campesinos
desconocedores del manejo administrativo de
grandes haciendas, según Ulises
González. Ahora, La Carrera ya no es
fructífera, sino una propiedad
endeudada.
Así desapareció
también el cultivo del algodón en
el país. Antes de la reforma agraria,
recuerda, se producían 330,000 pacas de
algodón a nivel nacional, con 130 mil
manzanas sembradas. Al siguiente año de
las leyes agrícolas nuevas, la
producción disminuyó.
Ulises dejó de sembrar
algodón y decidió dedicarse a la
caña, hasta la fecha. La hacienda de
Ulises lleva por nombre "La Odisea'', la obra de
aventuras y desventuras del poeta
Homero.