Lunes 2 de agosto


La Ilíada del ganadero

Una historia de secuestros, atentados, precios malos y toros con giba...

El Diario de Hoy

Ulises González hizo su fortuna y propiedades volando sobre los cielos de Usulután. Abandonó su natal Cabañas, cuando su padre ganadero murió. El olor a bosta de vaca, a pastizales y el coraje de los elegantes toros cebú, le persiguen desde siempre.

La Ilíada es un poema que cuenta los 51 días del asedio a Troya; La Odisea se debe a su protagonista Odiseo, "el que se irrita contra alguien''. Ulises significa inteligente.

En una madrugada de 1987, un grueso número de combatientes del extinto Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) irrumpió en la hacienda "La Odisea'', matando a 80 cabezas de ganado, valoradas en ¢7,000 cada una. El único vigilante de la hacienda no pudo hacer nada, más que avisarle a su patrón, quien no se encontraba en el lugar.

La foto del suceso, publicada en los principales periódicos, recorrió el país. "Me mataron a mi mejor toro semental... todo esto era un baño de sangre y vacas tiesas'', recuerda Ulises, al mostrar el lugar donde ocurrió la matanza.

Llegó a Usulután, huyendo de los atentados contra sus siembras en Chilanguera. Pero la Ilíada le persiguió hasta allí. Varios sujetos volvieron a meterse en su nueva propiedad; buscaron en las habitaciones, en la cocina y en el resto de la propiedad, pero no encontraron a Ulises, sino a su cuñado. Lo secuestraron.

El verdadero sujeto del plagio se encontraba en el Aeropuerto Internacional, en búsqueda de su hija. El pago del secuestro le costó ¢200,000.

Con el tiempo, Ulises recuperó su ganado y ha llegado a tener 500 cabezas, entre ellas varios toros cebú. Para Ulises, la ganadería dejó de ser rentable junto al algodón, debido a las reformas agrícolas. Hace ocho años vendía a cinco colones la libra de ganado en pie; ahora la vende a cuatro colones.

El hato de Ulises produce 200 litros de leche diarios. El éxito en el manejo de su ganado, dice está en no deber dinero a la banca.

"Clavel'', un frondoso bóvido costarricense, color café y de elegante giba adiposa, es el único toro que deja que su amo se le acerque...

La aventura del sorgo y la caña

Cuando la bonanza del algodón se acabó, Ulises comenzó a sembrar sorgo (maicillo). Pero los costos eran altos y, además, había triangulación del producto en Centroamérica, en donde circulaba subsidiado y se vendía en el mercado a precios bajos.

Esto afectaba a los productores de maicillo. Entonces, las tierras de la Odisea se convirtieron en verdes cañales. El cultivo fue y ha sido la mejor opción de ingresos, pues en comparación con el algodón, la caña no necesita remover suelos y regar insecticidas; crece con las primeras lluvias y produce varias zafras.

Entonces, los González le dan prioridad al cultivo, aunque no descuidaron la reposición de su malaventurada ganadería.

Los cañales de la Odisea son vendidos al ingenio El Angel. Allí se les paga el 54 por ciento del azúcar que el producto da al procesarlo. El 46 por ciento le queda al ingenio en pago por el procesamiento de la caña.

Por tonelada de caña, la Odisea ha llegado a producir 200 libras de azúcar. Aproximadamente, cada tonelada es vendida a 150 colones. Esa es la entrada bruta, sin quitar el pago del roce, transporte, la administración, la cuota de los créditos.

Cuando los precios internacionales del azúcar caen, como sucede actualmente, las entradas disminuyen.

"No hay empleados malos, sino malos jefes''

Producir con bajos costos y convertirse en un buen jefe ha sido la clave del éxito de la Odisea. Ulises educó a su hijo Fernando en la grupa de su caballo; a los 11 años piloteó la avioneta del padre y, desde arriba, vio la extensión de sus terrenos.

Cuando bajó, ya era un adolescente que no le gustaban las ordenes de los mayores. Ya graduado de ingeniero agrónomo, prefirió trabajar fuera de las propiedades de su padre; entró como técnico de campo de la Cigarrería Morazán, cuando en el país se sembraba tabaco.

Luego, subió a "blender'', probador y mezclador de cigarros. La empresa lo envió a Rusia, donde le ofrecieron un mejor cargo. Fernando prefirió volver a la Odisea, en 1994.

Desde entonces tomó las riendas de la hacienda, administrándolas con la filosofía de un empresario agrícola.

A sus empleados no les llama mozos, sino por su propio nombre. "Los conozco a cada uno; al trabajador se le debe manejar con respeto, no abusar de ellos y se les paga el salario que la ley dice'', explica Fernando, quien viste de botas, sombrero y pistola, igual que su padre.

Para producir a bajo costo, recomienda delegar responsabilidades entre los empleados capaces y verificar que las mismas se cumplan sin desperdicios de los recursos.

El defecto es confiarse, dice Ulises, eso es malcriar a los empleados. Así se pierde la eficiencia; luego los mismos campesinos de la propiedad se roban los insecticidas o plaguicidas y los venden a otras fincas.

No es necesario trabajar con bastante personal para mejorar la producción. Debe contarse con el número adecuado y contratar el resto, en forma itinerante, cada vez que las cosechas lo ameriten.

Tampoco hay que comprar maquinaria, es mejor alquilarla y buscar a alguien que haga la labor agrícola a buen precio. Al mismo tiempo, hay que verificar que se haga bien.

Un empresario agrícola no debe meterse a comprar máquinas, para luego perder tiempo y dinero en el mantenimiento y reparación de las mismas, recomienda Fernando.

Además, los créditos con la banca deben respetarse. "Hay quienes prestan para sembrar, pero terminan comprando un carro, y a la hora de pagar, no tienen con qué, porque no hay cosecha'', comentó Fernando.

"No hay empleados malos, sino malos jefes'', es el refrán de Fernando, un hombre de casi dos metros y más de 30 años.

Ahora, Ulises González, a sus 68 años de edad, sabe en qué manos ha depositado la administración de las 650 manzanas de la Odisea, pero no ha dejado de madrugar y "volarle ojo'' a sus propiedades...


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