Santa
Ana
Artesanía usada
para matar
Las armas hechizas
están de moda en Santa Ana. Durante mucho
tiempo, fueron el equipo de trabajo de los
delincuentes. Hoy, muchos ciudadanos las compran
para defenderse de los primeros
Wenceslao
Martínez
El Diario de
Hoy
Las
armas hechizas están prohibidas por la
ley. El Artículo 346 del Código
Penal, inciso No. 2, establece que "el que
estableciere depósito de armas de guerra
o municiones no autorizadas por la ley o por
autoridad competente será sancionado con
prisión de uno a tres años. Se
entenderá por depósito de armas la
reunión de tres o más,
cualesquiera que fuere su modelo o clase, aun
cuando se hallaren en piezas
desmontadas".
Leer las normativas y su
reglamento no significa nada para algunos
santanecos que anteponen su seguridad y la de
sus familias a las leyes, que, para ellos, en
nada contribuyen a su bienestar. Ellos
están dispuestos a enfrentarse cara a
cara a los delincuentes. Esta mentalidad es
consecuencia del temor entre la
población, causada por el exceso de
violencia y la carente presencia
policial.
El Lic. Mauricio
Martínez, sicólogo y encargado del
Departamento de Prensa del Centro Judicial de
Santa Ana, informó que, en lo que va del
año, de cien personas víctimas de
las pandillas juveniles o delincuentes comunes,
41 murieron a causa de heridas hechas con
escopetas artesanales.
Esto comprueba que, hoy en
día, el uso de la escopeta calibre 12 de
fabricación artesanal se ha incrementado
de forma significativa. Para él, las
personas saben que es prohibido utilizarlas y
que se exponen a ser detenidas y consignadas a
los tribunales. "Lo que ignoran es que, con la
reformas a la Ley de Armas, hoy pueden ser
condenados entre tres y cinco años de
prisión", afirmó.
Defensa
propia
El uso de este tipo de armas
se ha detectado con mayor frecuencia en zonas
rurales como los cantones Flor Amarilla Abajo y
Arriba; Ochupse Arriba, Potrerillos del
Matazano, Primavera y el volcán de Santa
Ana.
La diferencia radica en que
muchas personas, en esos sitios, no piensan
usarlas para cometer un delito, sino para
defenderse. Pero son ilegales.
Algunos agricultores las
adquieren en talleres donde las fabrican y las
venden a bajo precio. Cuestan mucho menos que
una escopeta de fábrica, pero tienen la
misma capacidad destructiva. Sólo tienen
un riesgo: Que exploten en las manos de quien
las manipula.
El subcomisionado Douglas
Omar García Funes, de la
Delegación de la Policía Nacional
Civil (PNC) de Santa Ana, indicó que los
decomisos de armas artesanales son frecuentes,
al igual que los de armas de guerra o
automáticas, como las pistolas 9 y 45
milímetros.
"Nuestro deber es
contrarrestar por todos los medios el
desenvolvimiento de sospechosos, tanto en el
área urbana como en la rural. Son los
fiscales y los jueces los que dispondrán
el destino final de los sujetos consignados y
las armas decomisadas",
aclaró.
El jefe policial fue claro al
recalcar que ellos cumplen la ley y, si las
armas artesanales están prohibidas, van a
proceder según los establecido en dicha
normativa.
El Lic. Douglas Adán
Escobar Recinos, jefe de la Unidad de
Administración de Justicia y Fe
Pública de la regional de la
Fiscalía General de la República
de Santa Ana, expresó que dicha ley
regula la portación, la tenencia y el
comercio de esas armas artesanales.
Se
deben legalizar
Hay quienes opinan que las
armas artesanales también deberían
ser permitidas y de esta forma obligar a la
gente a matricularlas, pues comprobar que
éstas son utilizadas para cometer delitos
es muy difícil. Lo ideal es capturar a
los delincuentes en flagrancia, es decir,
cometiendo el hecho delictivo.
La escopeta hechiza
está compuesta de dos tubos y si no
está cargada no se puede alegar que sea
un arma. Escobar Recinos explicó que es
difícil determinar que en cierto lugar se
fabrica este tipo de armamento. Al allanar
talleres donde sólo se encuentra la
cañería industrial, los
responsables pueden alegar que las utilizan para
instalar tuberías de agua
potable.
El Ministerio Público
sospecha que en algunos talleres de
mecánica se fabrican dichas armas y las
venden a 35 colones.
Pero, si allanan los
establecimientos, sólo encontrarán
un puñado de tubos de metal que no puede
ser calificado como armas... hasta que un
experto los arme.