La Casa
Dueñas necesita auxilio
Considerada como un bien
cultural, la Casa Dueñas sufre un
deterioro deplorable. CONCULTURA y el Colegio de
Arquitectos buscan rescatarla, pero se ven
limitados porque sirve de techo a dos
familias.
Dena Torres
El Diario
deHoy
Nació
como un regalo a principios de siglo y hoy en
día es casi una limosna. A pesar del
abandono y de los años, aún
perdura en ella la majestuosidad y elegancia
propias de principios de siglo. La Casa
Dueñas no tiene en este momento quien la
cuide. Las instituciones gubernamentales planean
hacerse cargo de este monumento que hoy es una
ruina total y declarada Bien Cultural.
Apostada en medio de la
ciudad, entre la 9a Avenida Norte y la Alameda
Juan Pablo Segundo, pide a gritos que alguien se
apiade de ella. Si no se hace algo pronto,
quedará en el olvido, a merced de los
maleantes y los ladrones que hoy la
visitan.
La Casa Dueñas forma
parte del rescate histórico que se
está llevando a cabo en el centro de la
ciudad. Un convenio de cooperación e
intercambio entre el Consejo Nacional para la
Cultura y el Arte (CONCULTURA) y el Colegio de
Arquitectos de El Salvador, trata de
rehabilitarla como la "Casa del Arquitecto".
Este convenio tiene un plazo diez años,
prorrogables en caso de común acuerdo.
El proyecto se haría
efectivo si no fuera porque dos familias habitan
la casa. El Colegio de Arquitectos dice que
está esperando que éstas familias
sean reubicadas para poder iniciar la
restauración. CONCULTURA, por su parte,
afirma que no quiere que se haga efectivo el
plan hasta que éstas familias consigan un
nuevo hogar. El tema está en manos de la
Fiscalía General y es ella quien debe
dictar sentencia, pero no lo hace.
Mientras tanto, las familias,
de allí no se mueven. La pelota se pasa
de una institución a otra y la Casa
Dueñas sigue su camino hacia el final del
ocaso, porque de seguir así no
habrá recuperación posible. Las
paredes, con sus "graffitis", recuerdan la
estancia de guerrilla, policía,
asaltantes, drogadictos y turistas que han
pasado por la Casa.
Un paseo por la
Casa
La ruta es guiada por uno de
los jóvenes que la moran y por tres
perros enfermos, que con sus ladridos rompen el
silencio de esta casa fantasmagórica. De
vez en cuando hacen acto de presencia algunos
pájaros que, revoloteando por el techo
ajado, intentan dejar esta mansión
maldita y oscura en busca del sol. El olor
impregna la ropa de tal forma que cuando alguien
abandona la casa, sigue recordando donde se ha
estado.
Una puerta de madera,
esbelta, alta, como un vino francés en
decrépito, es testigo de la
aparición de Doña Paula
Méndez. A sus 90 años, la
Niña Paula, como la conocen en la
Fiscalía, presenta una lucidez fuera de
lo común. Tiene el pelo cano. Sus ojos
verdes excrutan sin piedad. Esta señora
se ha presentado en la Fiscalía cuantas
veces ha sido necesario para suplicar que le
dejen vivir allí, puesto que lleva 15
años en el lugar.
Mujer sin recato alguno, que
regaña a su bisnieto como un hijo propio,
entiende perfectamente que la Casa tenga que ser
rehabilitada por el bien de la ciudad, pero
sólo pide un techo para dormir. No goza
de los recursos necesarios para trasladarse a
otro lugar. En la misma situación que
Doña Paula, están su hijo de 50
años, su nieta, Doña Nuria
América y su marido. Además, este
matrimonio tiene tres hijos y una nuera. Ellos
habitan la planta baja del
caserón.
Esta
familia hace esfuerzos por comer cada
día. Doña Nuria pide un trabajo
mientras vende hielo. "Nadie quiere darme
trabajo porque no se fian", explica. Su marido
vende cinchos en los semáforos, aunque a
veces no lo consigue. "Si hay suerte, entre los
dos recogemos lo necesario para comer y pagar la
luz para las dos habitaciones". Pero no siempre
es así. Hay días en los que el
marido se pasa todo el día fuera, y la
última vez sólo trajo 25 colones.
"Con eso tengo que dar de comer a mis hijos
porque yo ahora estoy enferma y no puedo
trabajar". La voz de Doña Nuria se
interrumpe por la tos y el catarro.
En el lado opuesto de la semi
vivienda, habita la otra familia, compuesta por
cuatro miembros y tres niños
pequeños. A modo de cocina, hay una olla
destartalada cociendo frijoles con cebolla. Un
tronco de leña vigila para que así
sea. Doña Ena Campos está al mando
de la operación. Lleva 18 años
viviendo bajo la atenta mirada de la Casa
Dueñas. Sólo espera un milagro y
una casa.
Según Doña Ena
el Ministerio de Trabajo les pidió que se
hicieran cargo del cuidado y vigilancia de la
casa. "Si no fuera por nosotros, no sé
que hubiera sido de ella. Ya está en mal
estado como para no habitarla. La policía
de aduanas la desvalijó y yo no pude
hacer nada", relata esta mujer. Es habitual que,
por las mañanas, vengan a dormir todo
tipo de personas, y casi ninguna muy
recomendable.
Una justa
solución
Las dos familias mantienen en
vilo a CONCULTURA y al Colegio de Arquitectos,
que preocupados por su reubicación no
quieren llevar a efecto el convenio de
rehabilitación. La arquitecta
María Isaura Arauz, Directora Nacional
del Patrimonio Cultural, así lo expresa:
"No dejaremos a esta gente en la calle es un
problema que nos preocupa mucho".
El Presidente el Colegio de
arquitectos, Don Ernesto García Rossi,
corrobora esta declaración: "No hemos
tomado posesión de la casa por las
familias que están viviendo en ella". El
arquitecto agrega que es una reliquia de la
ciudad.
De uno u otro modo, la Casa
Dueñas parece estar a merced del que se
quiera apiadar de ella. Las verjas que la
rodean, a medio caer, lloran al contemplar lo
que cada día tienen delante. Son parte de
una realidad y un problema que acucia a San
Salvador. Esta muestra inconfundible de un
pasado glorioso necesita ayuda urgente.
Habrá que esperar el momento más
oportuno para poder hacerlo.