Lunes16 de agosto
La Casa Dueñas necesita auxilio

Considerada como un bien cultural, la Casa Dueñas sufre un deterioro deplorable. CONCULTURA y el Colegio de Arquitectos buscan rescatarla, pero se ven limitados porque sirve de techo a dos familias.

Dena Torres

El Diario deHoy

Nació como un regalo a principios de siglo y hoy en día es casi una limosna. A pesar del abandono y de los años, aún perdura en ella la majestuosidad y elegancia propias de principios de siglo. La Casa Dueñas no tiene en este momento quien la cuide. Las instituciones gubernamentales planean hacerse cargo de este monumento que hoy es una ruina total y declarada Bien Cultural.

Apostada en medio de la ciudad, entre la 9a Avenida Norte y la Alameda Juan Pablo Segundo, pide a gritos que alguien se apiade de ella. Si no se hace algo pronto, quedará en el olvido, a merced de los maleantes y los ladrones que hoy la visitan.

La Casa Dueñas forma parte del rescate histórico que se está llevando a cabo en el centro de la ciudad. Un convenio de cooperación e intercambio entre el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA) y el Colegio de Arquitectos de El Salvador, trata de rehabilitarla como la "Casa del Arquitecto". Este convenio tiene un plazo diez años, prorrogables en caso de común acuerdo.

El proyecto se haría efectivo si no fuera porque dos familias habitan la casa. El Colegio de Arquitectos dice que está esperando que éstas familias sean reubicadas para poder iniciar la restauración. CONCULTURA, por su parte, afirma que no quiere que se haga efectivo el plan hasta que éstas familias consigan un nuevo hogar. El tema está en manos de la Fiscalía General y es ella quien debe dictar sentencia, pero no lo hace.

Mientras tanto, las familias, de allí no se mueven. La pelota se pasa de una institución a otra y la Casa Dueñas sigue su camino hacia el final del ocaso, porque de seguir así no habrá recuperación posible. Las paredes, con sus "graffitis", recuerdan la estancia de guerrilla, policía, asaltantes, drogadictos y turistas que han pasado por la Casa.

Un paseo por la Casa

La ruta es guiada por uno de los jóvenes que la moran y por tres perros enfermos, que con sus ladridos rompen el silencio de esta casa fantasmagórica. De vez en cuando hacen acto de presencia algunos pájaros que, revoloteando por el techo ajado, intentan dejar esta mansión maldita y oscura en busca del sol. El olor impregna la ropa de tal forma que cuando alguien abandona la casa, sigue recordando donde se ha estado.

Una puerta de madera, esbelta, alta, como un vino francés en decrépito, es testigo de la aparición de Doña Paula Méndez. A sus 90 años, la Niña Paula, como la conocen en la Fiscalía, presenta una lucidez fuera de lo común. Tiene el pelo cano. Sus ojos verdes excrutan sin piedad. Esta señora se ha presentado en la Fiscalía cuantas veces ha sido necesario para suplicar que le dejen vivir allí, puesto que lleva 15 años en el lugar.

Mujer sin recato alguno, que regaña a su bisnieto como un hijo propio, entiende perfectamente que la Casa tenga que ser rehabilitada por el bien de la ciudad, pero sólo pide un techo para dormir. No goza de los recursos necesarios para trasladarse a otro lugar. En la misma situación que Doña Paula, están su hijo de 50 años, su nieta, Doña Nuria América y su marido. Además, este matrimonio tiene tres hijos y una nuera. Ellos habitan la planta baja del caserón.

Esta familia hace esfuerzos por comer cada día. Doña Nuria pide un trabajo mientras vende hielo. "Nadie quiere darme trabajo porque no se fian", explica. Su marido vende cinchos en los semáforos, aunque a veces no lo consigue. "Si hay suerte, entre los dos recogemos lo necesario para comer y pagar la luz para las dos habitaciones". Pero no siempre es así. Hay días en los que el marido se pasa todo el día fuera, y la última vez sólo trajo 25 colones. "Con eso tengo que dar de comer a mis hijos porque yo ahora estoy enferma y no puedo trabajar". La voz de Doña Nuria se interrumpe por la tos y el catarro.

En el lado opuesto de la semi vivienda, habita la otra familia, compuesta por cuatro miembros y tres niños pequeños. A modo de cocina, hay una olla destartalada cociendo frijoles con cebolla. Un tronco de leña vigila para que así sea. Doña Ena Campos está al mando de la operación. Lleva 18 años viviendo bajo la atenta mirada de la Casa Dueñas. Sólo espera un milagro y una casa.

Según Doña Ena el Ministerio de Trabajo les pidió que se hicieran cargo del cuidado y vigilancia de la casa. "Si no fuera por nosotros, no sé que hubiera sido de ella. Ya está en mal estado como para no habitarla. La policía de aduanas la desvalijó y yo no pude hacer nada", relata esta mujer. Es habitual que, por las mañanas, vengan a dormir todo tipo de personas, y casi ninguna muy recomendable.

Una justa solución

Las dos familias mantienen en vilo a CONCULTURA y al Colegio de Arquitectos, que preocupados por su reubicación no quieren llevar a efecto el convenio de rehabilitación. La arquitecta María Isaura Arauz, Directora Nacional del Patrimonio Cultural, así lo expresa: "No dejaremos a esta gente en la calle es un problema que nos preocupa mucho".

El Presidente el Colegio de arquitectos, Don Ernesto García Rossi, corrobora esta declaración: "No hemos tomado posesión de la casa por las familias que están viviendo en ella". El arquitecto agrega que es una reliquia de la ciudad.

De uno u otro modo, la Casa Dueñas parece estar a merced del que se quiera apiadar de ella. Las verjas que la rodean, a medio caer, lloran al contemplar lo que cada día tienen delante. Son parte de una realidad y un problema que acucia a San Salvador. Esta muestra inconfundible de un pasado glorioso necesita ayuda urgente. Habrá que esperar el momento más oportuno para poder hacerlo.


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