Lunes 16 de agosto
Una nueva vida con olor a maderas…

Unos catorce pepenadores, entre ellos seis mujeres, se graduarán en septiembre como carpinteros. Ellos dominan tanto las de herramientas manuales y equipo industrial.

Susana Joma

El Diario de Hoy

Cada sábado, un grupo de 14 pepenadores del antiguo botadero de Nejapa se aparta de la basura y cambia su rústica vestimenta por una pulcra gabacha azul, en el taller de carpintería del Centro de Formación Profesional, de la Ciudadela Don Bosco.

Estela Hernández y su compañero de vida, José Luis Henríquez, están en ese grupo de nuevos artesanos de la madera, con el sueño de instalar su propio taller o integrarse a una cooperativa.

Durante la entrevista que les realizamos este sábado, no parecían las mismas personas que encontramos el viernes en el basurero, cuando tratábamos de extraer la historia de su vida y sus sueños.

"Hay mañanas que nos levantamos con ganas de no volver ahí. Los días nos resultan ya muy duros", dice Estela, cuyo rostro moreno, a pesar de las inclemencias del sol y la contaminación, no ha perdido sedosidad.

Ella explica que tres años extrayendo residuos plásticos y botes de vidrio para vender no ha sido una tarea fácil. Se han sujetado a esta tarea por necesidad, luego que su esposo perdió su empleo de cadenero (una especie de asistente de topógrafo).

Remolino

José afirma que antes vivían en Ciudad Delgado, donde alquilaban una pieza, pero una vez sin empleo tuvieron que irse a vivir a Nejapa con su cuñada.

"Cuando llegué me dio curiosidad y empecé a ir al botadero. Antes no era tan malo, pero hoy no se saca nada", dice José. Su compañera lo secunda y, rápidamente, agrega que muchos días no tienen ni para alimentar a sus tres niños.

Ya no viven con su cuñada. Desde hace algunos meses alquilan una casita ubicada a unos 600 metros del botadero, pero la situación está tan difícil que han caído en mora.

Es viernes, el mediodía cae en el basurero... Varios camiones de basura llegan al lugar procedentes de las cadenas de restaurantes y, en un santiamén, grupos de pepenadores se abalanzan en busca de desperdicios. Estela dice que luego son comunes los dolores de estómago, las diarreas.

Las enfermedades respiratorias -que frecuentemente atacan a la pareja y sus niños- también son un látigo entre los cerca de 200 pepenadores, que, sin inmutarse, deambulan entre moscas, zopes y desechos.

Viendo al futuro

Para algunos grupos de pepenadores, la construcción de un relleno sanitario, como el que se realiza en otra zona de Nejapa, ha significado una disminución de la cantidad de desperdicios por hurgar. Para otros, como Estela y José, con deseosos de dejar esa vida, las cosas se ven desde un ángulo más optimista.

Cuando la construcción del relleno inició hace un año, MIDEX, la empresa constructora, hizo censar a todos los pepenadores con miras a proporcionarles otras alternativas de vida. Tras indagar las inquietudes de esta población, se formaron varios grupos y se hicieron gestiones para insertarlos en programas de capacitación sobre mecánica, carpintería, incluso vinieron sucesivas charlas para formar pequeñas cooperativas para el barrido de calles.

Algunos pepenadores tomaron el reto de recibir capacitación gratuita; otros se quedaron en el camino y han resuelto seguir en la tarea que por años han hecho.

Los pocos que vieron la oportunidad de salir del botadero se han graduado en mecánica, mientras que otros 14, entre ellos José y Estela, serán acreditados en septiembre como carpinteros especializados.

Lo más destacado de este esfuerzo es que, contra todo tinte machista, en el grupo hay seis mujeres que encuentran en este oficio la oportunidad de desarrollar la creatividad.

Por hoy, MIDEX, que ya integró algunas cooperativas de barrido, coordina la formación de otras personas en el área de carpintería.


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