Una nueva vida con
olor a maderas
Unos catorce pepenadores,
entre ellos seis mujeres, se graduarán en
septiembre como carpinteros. Ellos dominan tanto
las de herramientas manuales y equipo
industrial.
Susana
Joma
El Diario de
Hoy
Cada
sábado, un grupo de 14 pepenadores del
antiguo botadero de Nejapa se aparta de la
basura y cambia su rústica vestimenta por
una pulcra gabacha azul, en el taller de
carpintería del Centro de
Formación Profesional, de la Ciudadela
Don Bosco.
Estela Hernández y su
compañero de vida, José Luis
Henríquez, están en ese grupo de
nuevos artesanos de la madera, con el
sueño de instalar su propio taller o
integrarse a una cooperativa.
Durante la entrevista que les
realizamos este sábado, no
parecían las mismas personas que
encontramos el viernes en el basurero, cuando
tratábamos de extraer la historia de su
vida y sus sueños.
"Hay mañanas que nos
levantamos con ganas de no volver ahí.
Los días nos resultan ya muy duros", dice
Estela, cuyo rostro moreno, a pesar de las
inclemencias del sol y la contaminación,
no ha perdido sedosidad.
Ella explica que tres
años extrayendo residuos plásticos
y botes de vidrio para vender no ha sido una
tarea fácil. Se han sujetado a esta tarea
por necesidad, luego que su esposo perdió
su empleo de cadenero (una especie de asistente
de topógrafo).
Remolino
José afirma que antes
vivían en Ciudad Delgado, donde
alquilaban una pieza, pero una vez sin empleo
tuvieron que irse a vivir a Nejapa con su
cuñada.
"Cuando llegué me dio
curiosidad y empecé a ir al botadero.
Antes no era tan malo, pero hoy no se saca
nada", dice José. Su compañera lo
secunda y, rápidamente, agrega que muchos
días no tienen ni para alimentar a sus
tres niños.
Ya no viven con su
cuñada. Desde hace algunos meses alquilan
una casita ubicada a unos 600 metros del
botadero, pero la situación está
tan difícil que han caído en
mora.
Es viernes, el
mediodía cae en el basurero... Varios
camiones de basura llegan al lugar procedentes
de las cadenas de restaurantes y, en un
santiamén, grupos de pepenadores se
abalanzan en busca de desperdicios. Estela dice
que luego son comunes los dolores de
estómago, las diarreas.
Las
enfermedades respiratorias -que frecuentemente
atacan a la pareja y sus niños-
también son un látigo entre los
cerca de 200 pepenadores, que, sin inmutarse,
deambulan entre moscas, zopes y
desechos.
Viendo al
futuro
Para algunos grupos de
pepenadores, la construcción de un
relleno sanitario, como el que se realiza en
otra zona de Nejapa, ha significado una
disminución de la cantidad de
desperdicios por hurgar. Para otros, como Estela
y José, con deseosos de dejar esa vida,
las cosas se ven desde un ángulo
más optimista.
Cuando la construcción
del relleno inició hace un año,
MIDEX, la empresa constructora, hizo censar a
todos los pepenadores con miras a
proporcionarles otras alternativas de vida. Tras
indagar las inquietudes de esta
población, se formaron varios grupos y se
hicieron gestiones para insertarlos en programas
de capacitación sobre mecánica,
carpintería, incluso vinieron sucesivas
charlas para formar pequeñas cooperativas
para el barrido de calles.
Algunos pepenadores tomaron
el reto de recibir capacitación gratuita;
otros se quedaron en el camino y han resuelto
seguir en la tarea que por años han
hecho.
Los pocos que vieron la
oportunidad de salir del botadero se han
graduado en mecánica, mientras que otros
14, entre ellos José y Estela,
serán acreditados en septiembre como
carpinteros especializados.
Lo más destacado de
este esfuerzo es que, contra todo tinte
machista, en el grupo hay seis mujeres que
encuentran en este oficio la oportunidad de
desarrollar la creatividad.
Por hoy, MIDEX, que ya
integró algunas cooperativas de barrido,
coordina la formación de otras personas
en el área de
carpintería.