La Nota del
Día
12 de agosto de
1999
No lo critican a
él, sino "a Venezuela"
Todo tiene el sabor de lo
"déjà vu", lo visto y oído.
Ante la creciente crítica a sus
desafueros, excesos, truculencias, estupideces y
delirios, el jefe de Estado venezolano, Hugo
Chávez, se envuelve en la bandera: los
ataques que recibe, afirma, son una
campaña de descrédito "contra
Venezuela". Hay quienes no quieren perder "sus
privilegios" y, por tanto, insiste, se oponen a
los esfuerzos por refundar "la patria nueva".
Chávez no vacila en calificar las
críticas hacia él, como algo "que
se dice del pueblo venezolano". Para que abunde,
los voceros del régimen se ensañan
contra Vargas Llosa, al que describen "lleno de
vanidad" por haber escrito un artículo
titulado "El suicidio de Venezuela".
El remedio contra esa
"campaña de descrédito" consiste
en enviar delegaciones por el mundo para
explicar el proceso que se está
desarrollando en el país. "No podemos
aceptar que le falten el respeto al pueblo
venezolano". Y al lado de las misiones,
Chávez creará una oficina
presidencial para que resplandezca la verdad,
amén de acudir a la Organización
de las Naciones Unidas para plantear el caso.
Eso lo hacen todas las
dictaduras y con particular éxito los
movimientos comunistas: recuérdese la
amplia y muy financiada gestión
diplomática de las guerrillas
centroamericanas en los años Setentas y
Ochentas, que logró transformar una
agresión militar en "guerras civiles".
Pero las condiciones son otras hoy en
día, y Chávez, como tampoco los
del ELN y las FARC colombianas, podrán
blanquear sus sepulcros.
Alarmarse por lo que sucede
en Venezuela en ningún momento significa
justificar las barbaridades y la
corrupción de los gobiernos anteriores
que, entre otras cosas, hicieron nada de setenta
mil millones de dólares, producto de la
venta de petróleo. El remedio no es
desmantelar lo esencial del Estado de Derecho,
sino reforzarlo, perfeccionarlo. Pero
Chávez está haciendo lo contrario;
uno de sus primeros pasos es atacar a los medios
de difusión y poner en pie lo que, de
seguro, se va a convertir en la prensa
oficialista y excluyente.
Sólo al tonto no le
bastan las señas
"El correo del Presidente",
cuyo editor es el mismísimo Hugo
Chávez, se perfila como la "Granma" de
Venezuela -la infame hoja propagandística
cubana-. Chávez, además,
fundó una radiodifusora y no tarda en
presionar a las estaciones de televisión
para conseguir tiempo propio. Lo hace porque los
medios establecidos no se prestan a darle cabida
a todo lo que dice y, encima de ello, publican
artículos y crónicas
críticas al régimen, como el
incisivo ensayo de Vargas Llosa.
En su artículo, el
escritor y analista peruano señala el
claro paralelismo que existe entre lo sucedido
en el Perú, a principios de los
años Setentas, cuando se entronizó
una dictadura castrense bajo la égida del
"cholo" Velasco Alvarado, y lo que ahora pasa en
Venezuela. En ambos casos, el movimiento se
presentó como uno de
reivindicación de las clases populares,
justificándose como un combate a la
corrupción.
Muy pronto, empero, los
generales, coroneles, mayores y tenientes
peruanos cayeron en una peor corrupción
que la anterior y, lo más grave,
arrasaron con el país, como hicieron los
duartistas en El Salvador. A la rapiña se
sumó la supresión de libertades
fundamentales, la confiscación de los
medios informativos y estatizaciones en el
sector productivo.
La intención de
Chávez se pone de manifiesto en su
afán por concentrar en su persona el
poder total del país, al estilo de
Castro, de alargar el período
presidencial de cuatro a seis años, y de
permitir la reelección. Adicionalmente,
está desmantelando el Ejército
para colocar en mandos claves a los golpistas
que le acompañaron en la primer asonada.
Y es de esperar que los otros poderes
públicos, incluyendo la Corte Suprema y
las principales magistraturas, caigan en sus
manos.
Desde que Chávez
asumió el poder, la actividad
económica ha bajado en un veinte por
ciento, tendencia que de seguro se
agudizará en los meses
venideros.