Lunes 16 de agosto


José Benjamín, un "curilero" de sólo ocho años

La historia de José Benjamín no es única. Es la muestra de lo que para decenas de niños -quizá centenares- es el diario vivir entre el lodo y la pobreza. Imagine a su hijo en este lugar y comprenderá el dolor

Ruth Reyes

El Diario de Hoy

Desde los cinco años, José Benjamín M. trabaja como "curilero". Hoy tiene ocho. Fue su padrastro quien le enseñó a sacar conchas del lodo entre las raíces de los manglares, especialmente cuando la marea es más alta... y peligrosa.

El "curileo" se hace a toda hora, pero especialmente en la noche. Benjamín debe salir de su casa a las 10 de la noche. Con suerte, regresa a las 8 de la mañana.

Si la noche da buenos resultados, llevará un canasto lleno de curiles, por el que le pagarán 15 colones o un poco más. Paga obtener mayor ganancia, prefiere caminar hasta los mercados y venderlos al detalle.

Es un niño para el que el sufrimiento, cansancio, suciedad y enfermedades, han sustituido los juguetes e ilusiones.

Tiene que drogarse tomando bebidas de cola con pastillas estimulantes para espantar el sueño, y fumar puros de tabaco para alejar los insectos.

Luego, permanece de pie o acurrucado en el lodo, inclinado, mientras sus manos hurgan entre las raíces hasta encontrar un curil. Su habilidad le permite tomarlos sin que éste atrape sus dedos entre sus conchas. Si ocurre, será especialmente doloroso.

Mal pero acostumbrado

"Yo me siento mal, hombre", dice José Benjamín, quien ahora tiene 8 años, "porque este trabajo es bien pesado y casi no ganamos, pero la necesidad me obliga . Mi mamá se volvió a acompañar con otro hombre, y él no alcanza a mantenernos. Casi todo lo que gano se lo doy a mi mamá, a veces cuarenta colones diarios, cuando está bueno, pero yo sólo me quedo con cinco colones".



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