Lunes 16 de agosto


Los niños de los curiles

Ver niños trabajadores en El Salvador no es cosas rara. Pero saber que hay una población en la que gran parte de los infantes hurgan entre el lodo cada día, debe preocupar a las autoridades

Ruth Reyes

El Diario de Hoy

Muchos niños de San Dionisio "juegan" de noche. Sus juguetes son el lodo: los mosquitos y los curiles.

Muchos infantes menores de 12 años colaboran en el sostenimiento de sus familias, en la zona sur de Usulután, en la bella y miserable Bahía de Jiquilisco.

San Dionisio está a pocos metros del mar, que es el sustento de casi todos los 10 mil habitantes de esa zona de la bahía.

Algunos niños trabajan en la obtención de curiles o conchas. Eso los obliga a desertar de la escuela y endrogarse para no dormir y ser insensibles a las picadas de los insectos.

Desde los cinco años, los niños son enviados a hurgar entre las raíces de mangle, sitio en que se encuentran los curiles.

Pero es un oficio que rinde mayores resultados de noche. los crustáceos que buscan son muy preciados en los bares, restaurantes y moteles del litoral (sin fundamento se le atribuyen poderes afrodisíacos).

Muertos antes de vivir

"Mamá, ya me voy a curilear, ojalá que saque algo para comprarle los frijoles", es la despedida de los niños. Poco a poco se pierden en la noche. Van en canoas de remos, con la esperanza de "lograr algo" para vender.

Lleva toda una madrugada colectar un canasto de curiles. Hay que permanecer entre serpientes, tábanos y mosquitos de todo tamaño. Por las conchas recolectadas, el comprador pagará una miseria.

"La salud de los niños de esa zona cada día va empeorando", asegura el delegado de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, René Turcios. Según él, el 95 por ciento de los niños de San Dionisio abandonaron la escuela para "curilear", un oficio que depende de las mareas.

Una luz de ayuda

Hace más de un año, representantes de la embajada de Francia recorrieron el lugar y diseñaron un proyecto de desarrollo comunal para niños curileros. Este consistía en la construcción de una granja avícola que sacaría a los niños del oficio que practican.

La embajada francesa donó cien mil colones para beneficiar así a unas 15 familias, cuyo número habría crecido con el tiempo. La construcción de la granja comenzó hace un par de meses, en la calle que conduce al puerto San Dionisio, a 8 kilómetros al sur de la ciudad de Usulután. Continuó hasta que el dinero se agotó.

Francia dio el primer paso para acabar con la vergüenza social de los niños curileros. Corresponde a los salvadoreños terminarlo a través del Concejo Municipal de San Dionisio. Sin embargo, no será fácil conseguir ese dinero, en uno de los municipios más pobres.

Pero el alcalde de San Dionisio, Juan Ramón Gómez, trabaja para que su concejo apruebe el desembolso de 40 mil colones que el proyecto necesita. El Consejo Departamental de Alcaldes también apoya el proyecto.

Este proyecto va más allá de la creación de fuentes de trabajo digno para familias pobres. Es un esfuerzo para sacar niños de un trabajo que mata, degrada y obliga a la drogadicción.



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