La
Nota del Día
4/2/00
Primero "camarada", luego
enemigo
"En 1936, el terror reinaba en la
Unión Soviética. Anna Akhmatova
escribió: "He visto rostros demacrados,
descubierto el horror bajo párpados
caídos, mejillas marcadas por el dolor".
André Gide escribió después
de su visita a la Unión Soviética,
en 1936: "En mi opinión, ningún
país, hoy en día, ni siquiera en
la Alemania de Hitler, es el espíritu
más oprimido, más tímido,
más servil que en la Unión
Soviética". O como lo dijo el brigadier
S. P. Kolosov, cuyo destino final se desconoce,
"estoy con miedo de abrir la boca. Lo que uno
diga, si no se dice lo debido, lo convierte en
enemigo del pueblo. La cobardía es la
norma".
"Stalin había ganado la lucha por el
poder y estaba propinando golpes mortales a la
oposición organizando el terror
incontrolado en todos los niveles de la
sociedad. Las purgas efectuadas dentro del
Partido, en el Ejército, entre los
miembros de la comunidad científica,
artística y cultural, llegó a
conocerse como el Gran Terror. La
expresión no tiene sentido: el terror no
puede catalogarse como pequeño o grande,
sino absoluto. Una vez que se apodera de una
sociedad, se extiende y adquiere una vida
propia..."
Gudrun Persson
En sus inicios, los movimientos
contestatarios, sean estos luchas sindicales o
actividades subversivas, se apoyan en la
camaradería y la participación
voluntaria de quienes los integran. Pero pasada
esa inicial etapa, la naturaleza verticalista se
comienza a imponer, desembocando en el control,
el hostigamiento del adversario o disidente, las
purgas y, en los regímenes totalitarios,
las ejecuciones. Cerca de cuarenta millones de
personas perecieron en Rusia durante el terror.
La hermandad del grupo alrededor de Castro, los
sediciosos originales del Gramma, terminó
en la eliminación física de
algunos, el encarcelamiento de muchos y la
marginación de otros, como el caso del
"Che" Guevara, enviado a su muerte en
Bolivia.
Nadie quiere volver a los excesos del
pasado
Los que caen en círculos de violentos
harán bien en poner sus barbas en remojo.
En un hecho insólito, los médicos
del Seguro Social se han subordinado a una
dirigencia sindical de trabajadores y "obreros",
que carece de su altura profesional, intelectual
y social. Las negociaciones son llevadas
principalmente por una pacotilla de
energúmenos, que dictan los pasos a
tomar, definen las acciones, montan el escenario
de violencia y proceden a desafiar a las
autoridades y la sociedad entera.
Como señala un editorial de La
Nación de Costa Rica, es perfectamente
válido, en una democracia, tener
opiniones, pelear por objetivos, corear
consignas y sostener carteles.
Pero algo muy distinto, dice el editorial, es
violar el derecho a la libre circulación,
bloquear calles, impedir a compañeros de
trabajo el ingreso a sus lugares de empleo,
paralizar o sabotear servicios públicos.
Menos todavía es dejar en desamparo a
enfermos graves que necesitan cuidados
especiales, o no atender parturientas. El
derecho de unos, en este caso el de
sindicalistas que buscan reivindicaciones de una
clase u otra, termina donde comienza el derecho
de otros, cual es el caso de los enfermos que
acuden a hospitales y clínicas. Y nada
justifica pasar por encima de la moral y la
decencia.
No hay salvadoreño conciente, que
quiera volver a los excesos del pasado, cuando
enloquecidos y exaltados tomaban
fábricas, quemaban buses y bloqueaban la
circulación en general. Sólo un
insensato ignora las consecuencias que eso
tendría en los niveles de empleo y
bienestar del país.