- Breve
análisis
- Elecciones y proceso
de paz en Israel
- Carmen
Gallardo de Hernández
En medio de un clima de violencia e
incertidumbre en torno al desenlace del proceso
de paz entre Israel y Palestina, los
israelíes acudieron a las urnas el pasado
6 de febrero. El resultado del escrutinio fue
expresión ciudadana donde se combina la
frustración y el castigo. Para algunos
votantes, Barak fue incapaz de detener la
violencia y para otros, el ex Primer Ministro
mantuvo una postura demasiado conciliadora de
frente a los palestinos.
Pese a un elevado grado de abstencionismo, el
candidato de ultraderecha, Ariel Sharon, del
partido nacionalista -Likud- ha alcanzado 62% de
los votos. Su desafío inmediato consiste
es poder integrar un gobierno amplio de
coalición.
El ministro saliente, Barak, levantó
grandes expectativas al ser electo primer
ministro, hace veintiún meses. Su
desempeño político fue evaluado
principalmente en torno al proceso de paz. En
forma gradual, fue perdiendo el apoyo
parlamentario así como el de sus propios
correligionarios laboristas.
La intensa diplomacia de mediación por
parte de los EE.UU., encabezada por el
ex-presidente Clinton, enmarcó en estos
últimos meses el diálogo por la
paz entre Israel y Palestina en una
visión integral. En los diversos
encuentros y en particular en Camp David, y en
Taba -Egipto- se abordaron ciertos temas, hasta
ahora mantenidos fuera de agenda. La propuesta
de Barak ante el jefe de la autoridad palestina,
Yasser Arafat, llegó a plantear entre
otros, una administración compartida de
Jerusalem, el retorno de los refugiados
palestinos a su tierra de origen y la
devolución por parte de Israel de ciertos
asentamientos en Gaza y Cisjordania.
Durante la campaña la clase
política dividida por un lado, y la
opinión pública atemorizada por la
violencia, por otro, optaron por un cambio
radical en el liderazgo político del
país.
Hoy el resultado de los comicios genera
nuevas interrogantes. ¿Cuáles van a
ser las condiciones del "nuevo proyecto de paz"
planteado por Sharon? El Primer Ministro electo
ya ha expresado su oposición en cuanto a
compartir la administración de Jerusalem.
Asimismo, parece no estar dispuesto a permitir
el retorno de los refugiados palestinos, ni a
sentarse en la mesa de diálogo mientras
la antifada siga actuando con violencia.
No obstante, en aras de la paz, necesaria
para ambas partes, en esta primeras horas, tanto
el jefe de la autoridad palestina, Yasser
Arafat, así como algunos de los
países árabes -en particular
Egipto y Jordania-, otorgan el beneficio de la
duda a Sharon. Se espera tenga la capacidad de
adelantar propuestas que coadyuven al proceso de
diálogo.
Por el contrario, los grupos extremistas de
Hezbollah y Hamas y algunos países tales
como Siria e Irak, consideran la llegada de
Sharon como una provocación a los
intereses palestinos e incluso en cierta forma,
una incitación para que siga con la
guerra prolongada. Sharon ha ocupado varias
carteras de Estado en distintos gobiernos, ha
participado en la guerra de la independencia en
1948, en la Guerra de los Seis Días y en
la guerra de Yom Kipur, es conocido por sus
ideas radicales acerca del proceso de paz.
Hay quienes piensan que los palestinos
quizás desestimaron una oportunidad de
avanzar en el proceso de paz al rechazar la
propuesta de Barak en días pasados. Hoy
las cosas han cambiado y la llegada de Sharon
plantea en cierta forma, una relectura de los
Acuerdos de Oslo.
La Unión Europea, por su parte,
recurriendo a los usuales términos de la
diplomacia, no ha dejado de expresar cierta
preocupación ante la posibilidad de ver
interrumpido el proceso de paz en el Medio
Oriente. Francia -generalmente pro
árabe-, Gran Bretaña y Alemania
han manifestado a través de sus
dirigentes, la urgente necesidad de participar
más activamente en el proceso de
mediación entre Israel y Palestina. Por
ahora, el gobierno de los EE.UU. estima
necesario reevaluar ciertos elementos que
fundamenten su participación directa en
el proceso mismo.
No olvidemos que está en juego no
sólo la paz en el Medio Oriente sino
también en cierta forma la paz en el
mundo, ya que detrás de los intereses
israelíes y palestinos se mueven fuertes
presiones en los distintos países.
Para concluir, recordemos que la
búsqueda de solución
pacífica de los conflictos es un
compromiso que El Salvador adquirió al
firmar los acuerdos de paz. Nuestros problemas
internos no deben hacernos olvidar que si bien
necesitamos ayuda externa para reconstruir
nuestro país y ayudarnos a crecer, no
podemos quedarnos en una actitud de espera y de
demanda de asistencia.
Algunos piensan que entre ambos procesos -el
salvadoreño y el de Medio Oriente- nada
hay en común. Otros sostenemos que
nuestro país puede contribuir a
través de la reflexión
académica, la búsqueda de consenso
en los foros internacionales, así como el
acercamiento político y económico
con ambas partes -Israel y Palestina- al
entendimiento entre los pueblos.
Así fue como lo expresó nuestro
país, ante los demás
países, cuando en 1994 se reunieron en
suelo salvadoreño, por vez primera, los
representantes de Israel y de la autoridad
palestina con ocasión del Primer Foro
Internacional de Cultura de Paz.