- Palabras
- Los viejos
árboles humanos
- Carlos
Balaguer
Igual al anciano peral de Denver, dando
frutos después de más de tres
centurias, el ser humano da frutos dulces y
frescos en la vejez. Después de haber
sido abatido, como el árbol, por tantas
tormentas, dolores, desilusiones y fracasos.
La vida -dicen algunos- puede comenzar a
cualquier edad, después de los cuarenta
años (para el hombre) y a veces hasta
mucho después. Veamos algunos ejemplos:
Henry Ford fundó a los cuarenta
años su compañía
ensambladora de automóviles, creados e
inventados por él; Julia Child
tenía 49 años cuando
escribió su maravilloso libro sobre
cocina francesa y se hizo célebre
mundialmente; Moisés liberó al
pueblo judío en su vejez y el Quijote, de
Cervantes, vivió su más grande
sueño también en la vejez.
Mohoma, por su parte, tuvo que esperar 60
años para convertirse en líder de
la religión islámica; Keih Kellog
tenía 46 años cuando empezó
a hacer famoso su conocimiento cereal para el
desayuno; Clara Barton fundó la Cruz Roja
a los 60 años de edad; en cuanto al
célebre astrónomo polaco,
demostró a los 70 años su
relevante teoría de que no era el sol el
que giraba alrededor de la Tierra, sino que
ésta junto a los demás planetas
del sistema, era la que giraba alrededor del
sol.
En fin, nunca una vez, es tarde para empezar,
para recomenzar. Para volver a florecer y
frutecer a la vida, pavoneándole al
viento, al sol, a la florida primavera y al
lejano ruiseñor. Si no, pregúntele
al anciano peral.