Domingo 4 de febrero


La Nota del Día
 

Terremotos derribando leyes

"Legisladores se preparan para crear un decreto que impida la violación de los cánones de arrendamiento, ante una eventual alza en la demanda de viviendas..."

EL DIARIO DE HOY, 1 de febrero de 2001

El propósito del decreto al que se alude en la entrada de esta nota es velar por que los dueños de inmuebles no "suspendan sus compromisos legales para arrendarlos a precios mayores", lo que es más que justificado. Pero el decreto equivale a asegurarse, dos veces, aquello que garantiza la misma Constitución, que es el cumplimiento por las partes de un acuerdo o contrato asumido de manera voluntaria.

Es más: el cumplimiento de pactos es una faceta fundamental del Orden Jurídico, como se estableció por los romanos hace dos mil años. No cuesta imaginar, aunque los diputados aparentemente no lo imaginan, el caos que se generaría si después de celebrar un acuerdo o contrato, una de las partes reniega de ellos, lo que por cierto se da en las relaciones laborales. Y esto vale en los arrendamientos: se pacta un precio, se establece un tiempo de validez, se fijan normas para prorrogarlos, y nadie puede luego echar pie atrás, a menos que eso se contemple en el contrato o lo acepte la contraparte. Si existen subterfugios y modos para invalidar acuerdos de esta clase, lo que cabe no es decretar nuevas leyes, sino corregir las deficiencias de las actuales. O ponerse a averiguar qué jueces y cuáles tribunales se prestan a tales maniobras.

Pero "cosas veredes" en estas tierras de Dios. Uno de los magistrados de la honorable Corte, el señor doctor Mario Solano, ha dicho que el terremoto obliga a revisar fallos previos del augusto cuerpo, pensando en el revés sufrido por la República Popular Socialista de Santa Tecla, que se declaró en rebeldía en cuanto a resoluciones legales. Y si esto ocurre con dicha República Popular, puede suceder en cualquier parte y con cualquier caso.

Es admirable que un terremoto, que cae en los actos impredecibles de la Madre Naturaleza, tenga la suficiente fuerza como para derribar no sólo montañas, "debilitadas" o no debilitadas, sino lo que la razón y el derecho fundamentan. Si este terremoto da al traste con fallos judiciales, el próximo, que Dios mediante será hasta dentro de quinientos años, va a alterar las leyes de la física. Entonces a los daños materiales se sumarán perjuicios gravísimos en el orden social. Habrá reconstrucción si hay seguridad jurídica

Volvamos a los arrendamientos.

Después de todo desastre y en los cuatro puntos cardinales, surgen voces, partidos y grupos humanos pidiendo que se persiga "a los acaparadores" y se controlen precios, incluyendo de arrendamientos. En cincuenta años nunca se capturó a ningún acaparador de alimentos básicos.

Es imperdonable, además, no recordar el efecto que la congelación de precios de alquiler en los años de la gran demencia tuvo sobre la construcción: desalentó invertir en vivienda y propició la proliferación de tugurios. Tal cosa, aunado a las dificultades para desalojar gente de viviendas, ha llevado a la capital al estado ruinoso en que se encuentra.

La reconstrucción avanzará en la medida que no esté sujeta a restricciones indebidas o cacerías de brujas, como las que quieren montarse contra un grupo de urbanizadores. Dentro de la tragedia, se presentan oportunidades para desarrollar nuevas colonias, ensayar materiales más idóneos y satisfacer una demanda natural.


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