La
Nota del Día
Terremotos derribando
leyes
"Legisladores se preparan para crear un
decreto que impida la violación de los
cánones de arrendamiento, ante una
eventual alza en la demanda de viviendas..."
EL DIARIO DE HOY, 1 de febrero de 2001
El propósito del decreto al que se
alude en la entrada de esta nota es velar por
que los dueños de inmuebles no "suspendan
sus compromisos legales para arrendarlos a
precios mayores", lo que es más que
justificado. Pero el decreto equivale a
asegurarse, dos veces, aquello que garantiza la
misma Constitución, que es el
cumplimiento por las partes de un acuerdo o
contrato asumido de manera voluntaria.
Es más: el cumplimiento de pactos es
una faceta fundamental del Orden
Jurídico, como se estableció por
los romanos hace dos mil años. No cuesta
imaginar, aunque los diputados aparentemente no
lo imaginan, el caos que se generaría si
después de celebrar un acuerdo o
contrato, una de las partes reniega de ellos, lo
que por cierto se da en las relaciones
laborales. Y esto vale en los arrendamientos: se
pacta un precio, se establece un tiempo de
validez, se fijan normas para prorrogarlos, y
nadie puede luego echar pie atrás, a
menos que eso se contemple en el contrato o lo
acepte la contraparte. Si existen subterfugios y
modos para invalidar acuerdos de esta clase, lo
que cabe no es decretar nuevas leyes, sino
corregir las deficiencias de las actuales. O
ponerse a averiguar qué jueces y
cuáles tribunales se prestan a tales
maniobras.
Pero "cosas veredes" en estas tierras de
Dios. Uno de los magistrados de la honorable
Corte, el señor doctor Mario Solano, ha
dicho que el terremoto obliga a revisar fallos
previos del augusto cuerpo, pensando en el
revés sufrido por la República
Popular Socialista de Santa Tecla, que se
declaró en rebeldía en cuanto a
resoluciones legales. Y si esto ocurre con dicha
República Popular, puede suceder en
cualquier parte y con cualquier caso.
Es admirable que un terremoto, que cae en los
actos impredecibles de la Madre Naturaleza,
tenga la suficiente fuerza como para derribar no
sólo montañas, "debilitadas" o no
debilitadas, sino lo que la razón y el
derecho fundamentan. Si este terremoto da al
traste con fallos judiciales, el próximo,
que Dios mediante será hasta dentro de
quinientos años, va a alterar las leyes
de la física. Entonces a los daños
materiales se sumarán perjuicios
gravísimos en el orden social.
Habrá reconstrucción si hay
seguridad jurídica
Volvamos a los
arrendamientos.
Después de todo desastre y en los
cuatro puntos cardinales, surgen voces, partidos
y grupos humanos pidiendo que se persiga "a los
acaparadores" y se controlen precios, incluyendo
de arrendamientos. En cincuenta años
nunca se capturó a ningún
acaparador de alimentos básicos.
Es imperdonable, además, no recordar
el efecto que la congelación de precios
de alquiler en los años de la gran
demencia tuvo sobre la construcción:
desalentó invertir en vivienda y
propició la proliferación de
tugurios. Tal cosa, aunado a las dificultades
para desalojar gente de viviendas, ha llevado a
la capital al estado ruinoso en que se
encuentra.
La reconstrucción avanzará en
la medida que no esté sujeta a
restricciones indebidas o cacerías de
brujas, como las que quieren montarse contra un
grupo de urbanizadores. Dentro de la tragedia,
se presentan oportunidades para desarrollar
nuevas colonias, ensayar materiales más
idóneos y satisfacer una demanda
natural.