Sábado 3 de febrero


De Sentido Común
Catastrofismos y catastrofistas
Carlos Mayora Re*

Antes del nacimiento de la geología como ciencia, era común pensar que la tierra había llegado a tomar su forma actual por obra de gigantescas catástrofes: erupciones desmesuradas, grandes terremotos, etc. Actualmente, esa teoría ha sido abandonada, pues los estudios han mostrado que más que acontecimientos repentinos y muy violentos, la superficie de la tierra ha sido modelada por la influencia duradera y sostenida de los fenómenos naturales que se repiten año con año en todas las latitudes.

Michael Parfit, autor de libros sobre el medio ambiente, sostiene que, si bien la teoría catastrofista ha sido prácticamente abandonada en el campo de la geología, parece ser que está rebrotando con buena salud en el campo de la ecología. Guardando un paralelo con las consecuencias que antiguamente se atribuían a las catástrofes naturales, Parfit señala que cada vez aparece con más frecuencia en los medios de comunicación (el foro preferido de la pseudociencia) que con su irresponsable comportamiento, el hombre estaría provocando catástrofes ecológicas que modificarían su habitat de manera irreparable.

Algo de esto hemos visto en los últimos días. De hecho, ante el imponente desastre que el terremoto recién pasado desató en Las Colinas, los voceros oficiales del catastrofismo ecológico no tardaron mucho en empezar a teorizar y a culpar a las compañías constructoras por haber "debilitado" la montaña, por haber -incluso provocado el derrumbe y con él la muerte de quienes perecieron el 13 de enero en esa urbanización. Pero sorprendentemente, cuando tomaron la palabra los geólogos, los ecologistas que habían manifestado con insistencia sus conclusiones a los medios, se fueron quedando en segundo plano. Ahora, a tres semanas del terremoto, quienes tienen la palabra acerca de la habitabilidad de las colonias construidas en las inmediaciones de Las Colinas son los geólogos, no los ecólogos ni los ecologistas, y son muchas las personas cuyo futuro está dependiendo del dictamen final que arrojarán los estudios que se están llevando a cabo.

Sin embargo, lo dicho hasta aquí no quiere decir que la voz de los ecologistas no deba ser escuchada. En mucho de lo que dicen y advierten tienen razón, pero cuando los expertos en ecología presentan las cosas de manera alarmista, escandalosa y hasta denigrante para quienes no piensan como ellos, le hacen un flaco servicio a la ciencia, y por ello a la verdad.

La ecología es una disciplina seria, muy importante y de múltiples consecuencias para nuestro bienestar; así que, si sólo se presentan los problemas medioambientales como si de pecados contra la diosa Gea se tratara, abusando de actitudes histriónicas y sobre reaccionando ante situaciones que deben ser tratadas seriamente, objetivamente; será muy difícil para quienes así procedan escapar del juicio que los italianos plasman cuando dicen que "chi grida non ha ragione", o que "quien grita, no tiene la razón".

Quizá hay personas que piensan que las advertencias exageradas parecen ser el único camino para mantener a la gente despierta. Quizá este enfoque sea necesario para obligarnos a caer en la cuenta de los peligros que conlleva un manejo irresponsable de la naturaleza, antes de que sea demasiado tarde. Es posible. Pero también es posible que el catastrofismo medioambiental frustre sus propias intenciones. Pues por la forma en que son presentados los problemas: con un sentido de urgencia exagerado y plazos perentorios; el mismo catastrofismo únicamente promueve soluciones en el corto plazo, acciones aisladas, y, al dar la impresión de que la culpa es sólo de unos pocos "malos", a los demás se nos permite seguir con la destrucción paulatina de lo poco que nos va quedando de recursos naturales.

El problema medioambiental no es sólo el resultado de la acción de unos pocos. En realidad, es más el resultado de las acciones cotidianas de cada uno. Depende más del modo en que cada día aprovechamos o desperdiciamos el agua, nos deshacemos de la basura o nos preocupamos de ahorrar energía eléctrica, que de la acción de las "perversas" compañías constructoras...

Sin embargo, como es más difícil, costoso y aparentemente menos eficaz hacer campañas de educación en este sentido, siempre es más cómodo (y aparentemente más efectivo) identificar a unos pocos y orientar hacia ellos la opinión pública y los dardos de la crítica. Pero con esto no se solucionan los problemas, amén de crear otros que a veces resultan más complicados.

Doy por supuesto que los problemas que afectan al medio ambiente deben ser denunciados siempre que haga falta, pero me parece que esas denuncias alcanzarán su objetivo de ayudar a resolver los problemas, sólo si se hacen de manera razonable, sustentadas científicamente (sin parcialidades), y ante quienes pueden verdaderamente poner manos a la obra para su solución. De lo contrario, amparándose en justificaciones subjetivas y sesgadas se puede hacer mucho daño injustamente, al actuar de manera poco profesional e irresponsable.


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