- De
Sentido Común
- Catastrofismos y
catastrofistas
- Carlos
Mayora Re*
Antes
del nacimiento de la geología como
ciencia, era común pensar que la tierra
había llegado a tomar su forma actual por
obra de gigantescas catástrofes:
erupciones desmesuradas, grandes terremotos,
etc. Actualmente, esa teoría ha sido
abandonada, pues los estudios han mostrado que
más que acontecimientos repentinos y muy
violentos, la superficie de la tierra ha sido
modelada por la influencia duradera y sostenida
de los fenómenos naturales que se repiten
año con año en todas las
latitudes.
Michael Parfit, autor de libros sobre el
medio ambiente, sostiene que, si bien la
teoría catastrofista ha sido
prácticamente abandonada en el campo de
la geología, parece ser que está
rebrotando con buena salud en el campo de la
ecología. Guardando un paralelo con las
consecuencias que antiguamente se
atribuían a las catástrofes
naturales, Parfit señala que cada vez
aparece con más frecuencia en los medios
de comunicación (el foro preferido de la
pseudociencia) que con su irresponsable
comportamiento, el hombre estaría
provocando catástrofes ecológicas
que modificarían su habitat de manera
irreparable.
Algo de esto hemos visto en los
últimos días. De hecho, ante el
imponente desastre que el terremoto
recién pasado desató en Las
Colinas, los voceros oficiales del catastrofismo
ecológico no tardaron mucho en empezar a
teorizar y a culpar a las
compañías constructoras por haber
"debilitado" la montaña, por haber
-incluso provocado el derrumbe y con él
la muerte de quienes perecieron el 13 de enero
en esa urbanización. Pero
sorprendentemente, cuando tomaron la palabra los
geólogos, los ecologistas que
habían manifestado con insistencia sus
conclusiones a los medios, se fueron quedando en
segundo plano. Ahora, a tres semanas del
terremoto, quienes tienen la palabra acerca de
la habitabilidad de las colonias construidas en
las inmediaciones de Las Colinas son los
geólogos, no los ecólogos ni los
ecologistas, y son muchas las personas cuyo
futuro está dependiendo del dictamen
final que arrojarán los estudios que se
están llevando a cabo.
Sin embargo, lo dicho hasta aquí no
quiere decir que la voz de los ecologistas no
deba ser escuchada. En mucho de lo que dicen y
advierten tienen razón, pero cuando los
expertos en ecología presentan las cosas
de manera alarmista, escandalosa y hasta
denigrante para quienes no piensan como ellos,
le hacen un flaco servicio a la ciencia, y por
ello a la verdad.
La ecología es una disciplina seria,
muy importante y de múltiples
consecuencias para nuestro bienestar; así
que, si sólo se presentan los problemas
medioambientales como si de pecados contra la
diosa Gea se tratara, abusando de actitudes
histriónicas y sobre reaccionando ante
situaciones que deben ser tratadas seriamente,
objetivamente; será muy difícil
para quienes así procedan escapar del
juicio que los italianos plasman cuando dicen
que "chi grida non ha ragione", o que "quien
grita, no tiene la razón".
Quizá hay personas que piensan que las
advertencias exageradas parecen ser el
único camino para mantener a la gente
despierta. Quizá este enfoque sea
necesario para obligarnos a caer en la cuenta de
los peligros que conlleva un manejo
irresponsable de la naturaleza, antes de que sea
demasiado tarde. Es posible. Pero también
es posible que el catastrofismo medioambiental
frustre sus propias intenciones. Pues por la
forma en que son presentados los problemas: con
un sentido de urgencia exagerado y plazos
perentorios; el mismo catastrofismo
únicamente promueve soluciones en el
corto plazo, acciones aisladas, y, al dar la
impresión de que la culpa es sólo
de unos pocos "malos", a los demás se nos
permite seguir con la destrucción
paulatina de lo poco que nos va quedando de
recursos naturales.
El problema medioambiental no es sólo
el resultado de la acción de unos pocos.
En realidad, es más el resultado de las
acciones cotidianas de cada uno. Depende
más del modo en que cada día
aprovechamos o desperdiciamos el agua, nos
deshacemos de la basura o nos preocupamos de
ahorrar energía eléctrica, que de
la acción de las "perversas"
compañías constructoras...
Sin embargo, como es más
difícil, costoso y aparentemente menos
eficaz hacer campañas de educación
en este sentido, siempre es más
cómodo (y aparentemente más
efectivo) identificar a unos pocos y orientar
hacia ellos la opinión pública y
los dardos de la crítica. Pero con esto
no se solucionan los problemas, amén de
crear otros que a veces resultan más
complicados.
Doy por supuesto que los problemas que
afectan al medio ambiente deben ser denunciados
siempre que haga falta, pero me parece que esas
denuncias alcanzarán su objetivo de
ayudar a resolver los problemas, sólo si
se hacen de manera razonable, sustentadas
científicamente (sin parcialidades), y
ante quienes pueden verdaderamente poner manos a
la obra para su solución. De lo
contrario, amparándose en justificaciones
subjetivas y sesgadas se puede hacer mucho
daño injustamente, al actuar de manera
poco profesional e irresponsable.