Viernes 16 de febrero 2001


Tema para meditar
¿Otro terremoto, Señor? Y ahora... ¿Por qué?
Edgar López Bertrand*

"Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti".

No hace ni treinta días que me encontraba en mi escritorio escribiendo otro artículo dedicado a un día número trece, y ahora nuevamente me veo en el compromiso moral y religioso de tratar de dar, con la limitante de mis posibilidades, una explicación bíblica del porqué del flagelo de Dios, nuevamente sobre nuestro querido El Salvador.

Eran las 8:22 a.m. del martes trece y estábamos con tres vehículos subiendo hacia el Volcán de San Salvador, a realizar unos trabajos de reparación de nuestros equipos de radio y televisión, cuando fue la estremecida, conduciendo no sentimos mucho, pero al ver personas saliendo de sus viviendas, comprendimos lo que ocurría, un nuevo terremoto que muy pocos esperábamos. Se ilumina el pensamiento, y la experiencia anterior nos traslada a preguntas indicativas.

Vino a mi corazón una pregunta para Dios: ¿Aún no es suficiente, Señor?, ¿Qué quieres de este resquebrajado país que lleva tu lindo nombre? Después de 12 años de guerra, en que murieron setenta mil personas, y luego de una pequeña recuperación nos aparece la "plaga egipcia" de los secuestros, una "industria" floreciente en Latinoamérica, donde se vacían dineros que han costado años largos de trabajo; luego tenemos la delincuencia incontenible, en donde casi siempre, dos de tres casos sonados, está involucrado un agente de los grandes del orden (PNC), y no sólo eso, la galopante corrupción del sistema judicial que ha alcanzado proporciones que nos obligan al silencio. Bueno, después de una descripción teológica de la situación moral de nuestro amado "Pulgarcito de América", qué puedo pensar yo en reclamarle a Dios, pero no satisfecho con todo esto, le pregunto: ¿Y por qué, Señor, los niños y los más pobres de los pobres? "Primero, porque los pobres heredarán la tierra" y segundo, porque de los niños es el Reino de los CIelos. En fin, ellos no han perdido nada, en lo que a Dios concierne, claro, ¿a nuestros ojos estamos todos perdidos y sin esperanza? No, de ninguna manera, "a los que aman a Dios todas las cosas les salen a bien". Otra de las razones es que también esto es parte de la escenografía para entronar el evento más grande esperado por la cristiandad, el regreso de Cristo Jesús a la tierra, a recoger a todos los que hayamos creído en Él y le hayamos recibido como nuestro Salvador y Señor. Todos queremos una pronta recuperación del país, gobierno y pueblo unidos, con las ayudas internacionales y una disposición de todos los sectores, sin mezquindad política. No está difícil lograrlo, pero creo que Dios ve esta recuperación con un poco de recelo, pues cuál sería la actitud de Dios si en nuestra prosperidad nos volvernos a apartar de Él.

Recuerdo claramente, en los años 79 y 80, la pujanza económica era tal que le llamábamos a El Salvador "El Japón de Centro América", se hablaba de la economía más solvente de los cinco países centroamericanos, ¿y qué pasó? Todo se vino al suelo cuando el Señor permitió la guerra fratricida de doce años. Cuando el pueblo de Israel vivía en prosperidad, se apartaba de Jehová, entonces Dios los tiraba en las manos de sus enemigos, y cuando alcanzaban lo máximo de su dolor, clamaban al Señor y Él tenía misericordia de ellos, 2 Crónicas 7:14: "Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra".

Buen pastor, ¿díganos qué debemos de hacer, queremos indicaciones claras para poder cumplir lo que supuestamente Dios quiere de nosotros? Déjenme contestarles, primeramente que nada ocurre sin que Él no lo permita, y que estos fenómenos telúricos no sólo son problemas sismológicos, sino más bien teológicos, pues Dios hizo los cielos y la tierra y Él sabrá cómo gobernarla; también Dios hizo al hombre para que le adorara por sobre todas las cosas, estos dos razonamientos son determinantes para tener una respuesta clara de por qué Dios permite estas catástrofes y tanto dolor.

El día del segundo terremoto, mi hijo de diez años se vio emocionalmente afectado, después de quebrantarse en llanto, ya por la noche, me dijo lo siguiente: "Papá, por qué no nos vamos del país, a otra parte donde Dios no esté molesto con su pueblo. Yo le respondí que Dios era el mismo en todo lugar, que no podíamos huir pues Él es omnipresente y nos encontraría dondequiera que fuésemos; además, le dije, tengo yo que cuidar sus ovejas. A lo que él me contestó: "Tú cuidándolas y él matándolas". Me sorprendió su afirmación y en mi silencio, estuve momentáneamente de acuerdo con mi hijo, pero casi de inmediato sentí que el Espíritu Santo me decía al oído: "Jehová es el que hiere y sana todas tus heridas", esto me reconfortó mucho, pero ahora tengo el propósito de comunicar el mensaje de Dios para todos: "Nunca se canse de hacer el bien, a su tiempo todos segaremos".

Quiero terminar expresando mi mayor convicción, que ya no es posible vivir lejos de Dios, ahora es necesario reconocer que si no escatimó a su propio Hijo, para hacernos entender, mucho menos reparará en no tomar en cuenta nuestra apatía hacia Él. "Acércate a tu Dios y Él se acercará a ti". Por favor entrégate hoy a Jesús.

* Pastor


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