- Tema para
meditar
- ¿Otro terremoto,
Señor? Y ahora... ¿Por
qué?
- Edgar
López Bertrand*
"Te
haré entender y te enseñaré
el camino en que debes andar; sobre ti
fijaré mis ojos. No seáis como el
caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que
han de ser sujetados con cabestro y con freno,
porque si no, no se acercan a ti".
No hace ni treinta días que me
encontraba en mi escritorio escribiendo otro
artículo dedicado a un día
número trece, y ahora nuevamente me veo
en el compromiso moral y religioso de tratar de
dar, con la limitante de mis posibilidades, una
explicación bíblica del
porqué del flagelo de Dios, nuevamente
sobre nuestro querido El Salvador.
Eran las 8:22 a.m. del martes trece y
estábamos con tres vehículos
subiendo hacia el Volcán de San Salvador,
a realizar unos trabajos de reparación de
nuestros equipos de radio y televisión,
cuando fue la estremecida, conduciendo no
sentimos mucho, pero al ver personas saliendo de
sus viviendas, comprendimos lo que
ocurría, un nuevo terremoto que muy pocos
esperábamos. Se ilumina el pensamiento, y
la experiencia anterior nos traslada a preguntas
indicativas.
Vino a mi corazón una pregunta para
Dios: ¿Aún no es suficiente,
Señor?, ¿Qué quieres de este
resquebrajado país que lleva tu lindo
nombre? Después de 12 años de
guerra, en que murieron setenta mil personas, y
luego de una pequeña recuperación
nos aparece la "plaga egipcia" de los
secuestros, una "industria" floreciente en
Latinoamérica, donde se vacían
dineros que han costado años largos de
trabajo; luego tenemos la delincuencia
incontenible, en donde casi siempre, dos de tres
casos sonados, está involucrado un agente
de los grandes del orden (PNC), y no sólo
eso, la galopante corrupción del sistema
judicial que ha alcanzado proporciones que nos
obligan al silencio. Bueno, después de
una descripción teológica de la
situación moral de nuestro amado
"Pulgarcito de América", qué puedo
pensar yo en reclamarle a Dios, pero no
satisfecho con todo esto, le pregunto: ¿Y
por qué, Señor, los niños y
los más pobres de los pobres? "Primero,
porque los pobres heredarán la tierra" y
segundo, porque de los niños es el Reino
de los CIelos. En fin, ellos no han perdido
nada, en lo que a Dios concierne, claro, ¿a
nuestros ojos estamos todos perdidos y sin
esperanza? No, de ninguna manera, "a los que
aman a Dios todas las cosas les salen a bien".
Otra de las razones es que también esto
es parte de la escenografía para entronar
el evento más grande esperado por la
cristiandad, el regreso de Cristo Jesús a
la tierra, a recoger a todos los que hayamos
creído en Él y le hayamos recibido
como nuestro Salvador y Señor. Todos
queremos una pronta recuperación del
país, gobierno y pueblo unidos, con las
ayudas internacionales y una disposición
de todos los sectores, sin mezquindad
política. No está difícil
lograrlo, pero creo que Dios ve esta
recuperación con un poco de recelo, pues
cuál sería la actitud de Dios si
en nuestra prosperidad nos volvernos a apartar
de Él.
Recuerdo claramente, en los años 79 y
80, la pujanza económica era tal que le
llamábamos a El Salvador "El Japón
de Centro América", se hablaba de la
economía más solvente de los cinco
países centroamericanos, ¿y
qué pasó? Todo se vino al suelo
cuando el Señor permitió la guerra
fratricida de doce años. Cuando el pueblo
de Israel vivía en prosperidad, se
apartaba de Jehová, entonces Dios los
tiraba en las manos de sus enemigos, y cuando
alcanzaban lo máximo de su dolor,
clamaban al Señor y Él
tenía misericordia de ellos, 2
Crónicas 7:14: "Si se humillare mi
pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y
oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren
de sus malos caminos, entonces yo oiré
desde los cielos, y perdonaré sus
pecados, y sanaré su tierra".
Buen pastor, ¿díganos qué
debemos de hacer, queremos indicaciones claras
para poder cumplir lo que supuestamente Dios
quiere de nosotros? Déjenme contestarles,
primeramente que nada ocurre sin que Él
no lo permita, y que estos fenómenos
telúricos no sólo son problemas
sismológicos, sino más bien
teológicos, pues Dios hizo los cielos y
la tierra y Él sabrá cómo
gobernarla; también Dios hizo al hombre
para que le adorara por sobre todas las cosas,
estos dos razonamientos son determinantes para
tener una respuesta clara de por qué Dios
permite estas catástrofes y tanto
dolor.
El día del segundo terremoto, mi hijo
de diez años se vio emocionalmente
afectado, después de quebrantarse en
llanto, ya por la noche, me dijo lo siguiente:
"Papá, por qué no nos vamos del
país, a otra parte donde Dios no
esté molesto con su pueblo. Yo le
respondí que Dios era el mismo en todo
lugar, que no podíamos huir pues
Él es omnipresente y nos
encontraría dondequiera que
fuésemos; además, le dije, tengo
yo que cuidar sus ovejas. A lo que él me
contestó: "Tú cuidándolas y
él matándolas". Me
sorprendió su afirmación y en mi
silencio, estuve momentáneamente de
acuerdo con mi hijo, pero casi de inmediato
sentí que el Espíritu Santo me
decía al oído: "Jehová es
el que hiere y sana todas tus heridas", esto me
reconfortó mucho, pero ahora tengo el
propósito de comunicar el mensaje de Dios
para todos: "Nunca se canse de hacer el bien, a
su tiempo todos segaremos".
Quiero terminar expresando mi mayor
convicción, que ya no es posible vivir
lejos de Dios, ahora es necesario reconocer que
si no escatimó a su propio Hijo, para
hacernos entender, mucho menos reparará
en no tomar en cuenta nuestra apatía
hacia Él. "Acércate a tu Dios y
Él se acercará a ti". Por favor
entrégate hoy a Jesús.
* Pastor