La
Paz
La hora de los
escombros y el azadón
Señor Presidente de la
República, lo sentimos, lo peor no ha
pasado
- Sandra
Moreno
- El Diario
de Hoy
El
domingo 14, un día después del
terremoto, el Presidente de la República,
Francisco Flores, afirmó que lo peor ya
había pasado. Sin embargo, el panorama
desolador de los pueblos en el interior refutan
la aseveración.
Gloria del Carmen Lozano, de 52 años,
malvive entre los escombros de su hogar en San
Pedro Masahuat. El cuido de su hija, que padece
de epilepsia, le impide salir a trabajar; su
esperanza es el sueldo mínimo (1,200
colones) que gana su hija en una maquila al
mes.
"Mi hija dice que hará un
préstamo para reconstruir la casa, de
otra forma, no veo cómo podamos salir
adelante. Yo, a veces, lavo ajeno, pero hoy no",
cuenta Gloria del Carmen. "Al parque vienen a
regalar víveres, nos dieron arroz,
frijoles y sal para unos ocho días".
-¿Y después?-preguntamos.
-Aunque sea a buscar leña iré
para vender y tener que comer- contesta.
Igual opción de ganarse un dinero
tiene Hilda Adela Rosales, de 36 años. Se
considera una damnificada porque el Barrio
Concepción, calle a Buena Vista, donde
vivía antes del terremoto, fue declarado
inhabitable.
Hoy sentada en su cama y con techo de
plástico, Hilda Adela no oculta el miedo
ante el futuro. Su hogar temporal es la Escuela
Unificada Menecia Luna, de San Pedro
Masahuat.
"No sé qué hacer", exclama
Hilda Adela.
-¿Qué harán para solventar
sus necesidades?-inquirimos.
-A los hombres, por descargar las rastras con
los materiales de construcción que traen,
les pagan 50 colones, luego buscamos leña
para vender y lavamos ajeno. Para comer hemos
tenido lo que han venido a dejar de Cojutepeque,
de iglesias de Soyapango, Apopa -relata la mujer
que tiene dos hijos adolescentes de 16 y 14
años.
-Ellos ya le pueden ayudar- comentamos.
-Me tendré que rebuscar, porque a
ellos todavía les doy el estudio y la
alimentación. ¿Qué
dónde viviremos? A donde nos toque.
Allá teníamos el terrenito con la
casa, pero no podemos volver, ya lo dijo un
experto-asegura Hilda Adela.
Cerca de ahí, en la cancha de
baloncesto de la escuela, están las
láminas, madera, clavos, serruchos, palas
y azadones que servirán para la
reconstrucción.
José Heriberto Recinos, de 53
años, ya recibió herramientas para
que termine de recoger los escombros de su casa.
Su casa tenía como cien años, y
para salir adelante, quiere ver qué le
dará la alcaldía. "Yo soy maestro
y estoy censado, tal vez el gobierno abra
líneas de créditos con cuotas
bajas. Sé que el país no
está capacitado para este desastre, somos
muy pobres", dice Recinos, quien ya
recibió los 200 colones para recoger los
escombros, y espera los otros 400 cuando tire al
suelo lo poco que está de pie.
"Trabajaremos duro para reconstruirla, pero
la esperanza es que nos presten para hacerlo",
señala el maestro de música. De la
misma opinión es su esposa Nelly
Larín, de 60 años, profesora
jubilada. "Necesitamos unos 200 mil colones, la
haremos de tipo mixto".
-¿Y de adobe?-preguntamos.
-¡Dios guarde, es una amenaza!-responde
en voz alta Nelly Larín, quien recupera
la calma y concluye: "Es la naturaleza, Dios lo
ha mandado".
Lo hecho, hecho está. "Creo que me
iré a los Estados Unidos, porque necesito
unos 45 mil pesos para reconstruir mi casa
mixta, la de adobe también se
cayó", dice sin perder la alegría
de su espíritu la dueña de un
chalet en el parque de San Pedro Masahuat.
"Sólo allá se puede hacer ese
dinero, aquí me da para comer y los
gustos de mis niños. Pero saldremos
adelante, los salvadoreños así
somos. A mí nadie me ayudará,
dicen que tengo dinero".
Esa fuerza no la tiene María Amanda
Argueta, de 24 años, que tuvo su primer
hijo a los 14 años. Está enferma y
apenas se ha podido levantar para ir a recoger
una ayuda de víveres que llegó a
su cantón El Carmen. Vive con los
suegros. "Ellos piensan vender, y nosotros no
tenemos para donde irnos", cuenta triste.