La
compra de moneda tiene fallas que dejan
pérdidas
Peripecias de la era
del dólar
Las agencias bancarias siguen abarrotadas,
la gente se apega al colón, pero no todos
los bancos los tienen. Algunos clientes optan
por recibir los dólares y cambiarlos en
otras sucursales
El Diario de
Hoy
Todo comenzó en el autobanco
Cuscatlán cercano a la Escuela de
Ciegos.
-"Si hay colones, se los damos; si no,
dólares'' -Indicó el cajero cuando
una señora preguntó si
había colones disponibles. Ella
arrancó su auto, rumbo al centro
comercial Galerías, en busca de la
agonizante moneda nacional.
El centro financiero estaba abarrotado. Las
siete agencias bancarias allí
concentradas tenían largas filas en
espera. Era casi mediodía. Buscó
de nuevo una agencia del Cuscatlán para
cambiar un cheque de ¢400, pero
debió resignarse a ser la última
en una fila de unas 20 personas.
El individuo que tenía enfrente -un
obrero- dijo estar dispuesto a abandonar el
colón hasta que desapareciera del
mercado.
-'Somos una colonia más de los
gringos' -refunfuñó.
Una mujer madura se sumó a la fila con
una desgastada libreta de ahorros. La
acompañaba otra mujer de mayor edad,
quien con mirada impaciente buscaba la
asistencia de alguna empleada bancaria
-seguramente para saber cuánto quedaba
ahora en su cuenta de ahorros-.
Una joven ejecutiva llegó con un
sellador y una calculadora en mano, dispuesta a
traducir los saldos de los clientes y a
indicarles que los retiros y los
depósitos se hacen en dólares, a
partir del 1 de enero, cuando entró en
vigencia la Ley de Integración Monetaria
que legaliza el curso del dólar en El
Salvador.
El sello del dólar
La ejecutiva pidió las libretas de
ahorro de los clientes y todas recibieron de
golpe un sello color violeta que
autenticó en dólares toda una vida
de esfuerzos, remesas, pensiones y horas extras.
Todo quedó reducido en una larga
letanía:
"De conformidad a la Ley de
Integración Monetaria vigente a partir
del 01 de enero del 2001, los valores monetarios
contenidos en esta libreta de ahorros se
entienden expresados en dólares de los
Estados Unidos de América, a razón
de ¢8.75 por U$$1.00."
La fila avanzaba en forma lenta; la anciana
debió tomar asiento y su hija
platicó sobre el tema del día con
la protagonista de esta noticia. -Mire, yo creo
que sólo dólares hay, porque veo
que todos salen con billetes verdes,
-comentó angustiada.
La conversación invitó a las
otras personas de la fila a relatar sus primeras
experiencias con la dolarización, sobre
todo con las monedas.
Al escuchar tantas historias, la
señora del cheque decidió
experimentar la dolarización y
pidió a la cajera distribuir sus
¢400 en dos billetes de ¢100 y los 200
restantes en dólares. Hizo la
operación en su calculadora y le
resultó $22.86.
La cajera tardó unos cinco minutos y
mientras hizo las operaciones en colones y en
dólares, comentó que el servicio
es más demorado, debido a la dualidad de
las transacciones. -Muchos vienen con
transacciones distintas y otros sólo
piden colones -comentó, cuando a la vez
contaba los billetes.
Al final, entregó a la señora
¢200 y $22.86. El banco estaba más
lleno que cuando entró. Emocionada con
los nuevos billetes ásperos, se
dirigió de nuevo al centro financiero,
decidida a probar la dolarización.
"¡Me robaron tres centavos!''
Parada en medio del centro financiero, la
señora debió escoger la fila de
espera menos larga. De inmediato,
descartó la del Banco Agrícola, la
del Capital, Credomatic y la del BMV.
Tenía que elegir entre el Banco Promerica
y el Banco de Comercio; en este último,
los retiros se hacen en colones o en
dólares y no hay problema de escasez de
colones.
Finalmente, ella optó por Promerica.
De sus $22.86 tomó $10.86, para
convertirlos en 95 colones con tres centavos,
según su calculadora. Pero, el cajero le
comunicó que sólo le
entregaría ¢95.
-¿Y mis tres centavos? -le
preguntó sorprendida
-El contómetro no me reconoce los
decimales, señora...
-Pero mi calculadora sí; hágalo
en su computadora -le indicó
-El sistema no reconoce los decimales...
-Entonces me está robando tres
centavos -espetó
-Le voy a dar un comprobante para que
verifique que el sistema es así
-contestó, molesto.
-¿Que ya no hay centavos en colones?
-Claro que sí, señora, pero no
se los puedo dar, porque el sistema no lo
indica. Seguidamente, le entregó un
documento donde hizo constar que el Banco
Promerica sólo entregó 95 colones,
sin los tres centavos que resulta al convertir
10.86 dólares a colones. La constancia
del faltante fue emitida a nombre de la
afectada.
Ella tomó el documento, lo
examinó y concluyó: "Me robaron
tres centavos de colón''.
Gobierno exige redondeo correcto
-Mientras a la protagonista de esta noticia
el Banco Promerica le restaba tres centavos al
transformar $10.86 a colones, la
Dirección de Protección al
Consumidor, del Ministerio de Economía,
advertía en una conferencia de prensa que
los comerciantes y empresarios deben acatar las
normas del redondeo matemático, para
convertir la moneda a dólares.
-El gobierno recordó que con base en
la Ley de Protección al Consumidor, si se
comprueban anomalías en los redondeos,
las empresas serán amonestadas en forma
verbal, previa inspección.
-Si después persisten las
anomalías, serán multadas,
según el caso, con sanciones que van de
¢1,000 a ¢100,000.