Jueves 4 de enero 2001


Escasez de aparatos de bolsillo
¡Venta loca de calculadoras!

Almacenes y quioscos comienzan a registrar escasez de calculadoras de bolsillo. La demanda ha subido cuando apenas la dolarización tiene cuatro días en el país. Los acaparadores también hacen de las suyas

El Diario de Hoy

En el almacén de electrodomésticos, Radio Schack, se agotaron las calculadoras de bolsillo, a la una de la tarde. Un sujeto -aparentemente un mayorista- arrasó con lo poco que quedaba de bajo valor.

-Sólo quiero las de carterita, la gente las prefiere así para protegerlas del sudor- le dijo al vendedor, y luego se marchó. Algunos clientes se vieron forzados a comprar su instrumento, pero a precios mayores.

Al parecer, el mismo sujeto se encargó de recorrer todas las tiendas, almacenes y quioscos de venta de calculadoras. En Simán, el empleado dijo que sólo se había quedado con una calculadora de ¢17 y con algunas de ¢55.

Una señora compró inmediatamente una calculadora de ¢55, porque, según dijo, después de recorrer varios establecimientos, el mismo modelo estaba más barato allí, que en los otros almacenes.

Ayer, muchos salvadoreños coincidieron en encontrarse en las diferentes ventas de estos aparatos, en Metrocentro. La mayoría busca calculadoras pequeñas, prácticas y baratas. Si no las encuentra con esas características, está decidido a seguir buscando.

Alta demanda

La demanda de estos aparatos ha crecido en esta temporada, debido a la entrada en vigencia de la Ley de Integración Monetaria que legaliza el curso del dólar en el mercado nacional y fija el tipo de cambio en ¢8.75.

Un grupo de mujeres adolescentes entró a la tienda World Shop en búsqueda de modelos poco sofisticados; el vendedor les ofreció diversos tamaños a diferentes precios: ¢65, ¢45 y ¢39, pero ellas necesitaban algo de inferior costo y tamaño.

En el quiosco de Time & More, una multitud rodea a los dos vendedores, quienes apenas alcanzan a atenderlos a todos, en un reducido espacio. Les mostraban las Casio "de carterita'' y otras con cubierta dura y broche.

En el quiosco de la Relojería 2000, los primeros tres días de la dolarización devastaron el inventario de calculadoras de bolsillo. La vendedora sólo se había quedado con dos modelos de bajo costo.

La existencia de calculadoras es variada y mayor en la Zona Peatonal del centro capitalino. Hay vendedores ambulantes aperados con aparatos de marcas desconocidas, pero baratos y de bolsillo.

Los que no alcanzan a comprar calculadoras -por sus precios- tienen la opción de adquirir las tablas de conversiones que el Banco Central de Reserva publicó. Una imprenta se las ingenió para elaborar un manual con esos datos, distribuido a tan sólo dos colones


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