San
Miguel
Luz verde para
morir
Indulgencias las ganó. Su
afán de servir al prójimo le
bastó para llegar a ser alguien especial
para decenas de migueleños. Antes de fin
de siglo, Dios lo llamó ante
él
- Evelyn
Granados
- El Diario
de Hoy
Un
semáforo en verde. Un deber que cumplir.
Una misa sin oficiar y un culpable que no
huyó. La tarde del 31 de diciembre, el
sacerdote José Francisco Majano
García, de 62 años, caminaba con
prisa hacia la Catedral migueleña.
Allí, oficiaría una misa.
Un bus de la Ruta 94 le impidió llegar
hasta su destino. Lo atropelló. El reloj
marcaba las tres y media de la tarde.
Juan de Dios Orellana fue capturado por la
Policía Nacional Civil (PNC) como el
responsable del hecho. Él aseguró
que el semáforo se puso en verde y
arrancó. Cuando alcanzó a ver al
sacerdote, le fue imposible esquivarlo. Al
parecer, el presbítero cruzó la
calle sin percatarse de las luces del
semáforo. Cuando vio el autobús
sobre él, quedó paralizado.
La policía determinará
cómo sucedieron en realidad los hechos.
Hasta entonces, Juan de Dios continuará
preso.
El entierro del religioso ya se
realizó. Ahora, solo quedan vivas las
huellas que José Francisco Majano
García marcó en el corazón
y las mentes de los que llegaron a conocerle. La
promoción de la Congregación
Mariana en San Miguel fue otro de sus
legados.
Era adicto a la vida servicial. Su debilidad
fueron los niños y los jóvenes.
Gustaba de enfrentar a los más rebeldes,
convencerlos y enseñarles el verdadero
camino de la redención.
Muchos chicos le respondieron y formó
una diversidad de agrupaciones católicas.
Juveniles, catequistas y coros. Todo enfocado a
la vida basada en el servicio al prójimo.
El amor en Cristo.
Un ejemplo
Hoy, los fieles que conocieron la esencia de
la labor del religioso tienen la misión
de continuar con esa obra. Hace ocho
años, llegó a San Miguel.
Designado a la Catedral Basílica y
ordenado com tal en 1957, en Italia.
Antes, se había desempeñado
como tal en Guatemala, San Salvador y
México.
El clérigo nació en San Miguel,
el 1932. Tras concluir sus estudios de
educación media viajó a Italia,
donde estudio en el Colegio Pío
Latinoamericano, en Roma. Luego, ingresó
a la Universidad Gregoriana, donde se
graduó en Teología.
María del Carmen Rivera, una de las
fieles católicas que lo conocieron,
recuerda que el religioso tenía una forma
especial de predicar durante la homilía.
La lectura la aplicaba a la realidad nacional.
Traducía las sagradas escrituras a obras
prácticas que los fieles debían
realizar.
Estaba enfermo y caminaba lento, pero su
espíritu era dinámico y le
motivaba a continuar su labor diariamente.
Era fiel a las obras de misericordia. Llevaba
consuelo a los enfermos y visitaba con
frecuencia a los presos. Tenía paciencia.
Deysi Carbajal, una de sus jóvenes
seguidoras, no olvidará la forma en que
les hablaba e invitaba a vivir el evangelio.
Fueron 43 años dedicados a Cristo.
Un percance en el cementerio
La tarde del 2 de enero, los restos de
José Francisco Majano fueron enterrados
en el Cementerio General de San Miguel.
Así lo quisieron los familiares del
religioso.
El clérigo no lo quería
así. El siempre quiso ser sepultado en su
parroquia. El deseo lo mantuvo hasta el
último instante.
El día del entierro algo pasó
que hizo recordar la petición del
religioso.
Una de las asistentes recuerda que cuando los
sepultureros trataron de introducir el
féretro en el nicho asignado, la caja no
cabía.
Pasarían varios minutos de esfuerzos,
para que un sacerdote compañero de
él bajara hasta la caja y abriera el
ataúd. Luego, habló como
dirigiéndose al cadáver. Le
decía que no lo enterraban donde
él quería, porque la familia
decidió sepultarlo en ese lugar.
La caja entró con facilidad en el
nicho, después que el sacerdote
terminó de hablar.