Jueves 4 de enero 2001


La Nota del Día
 

02 de Enero de 2001
Dolarizados sin discusión

El martes publicamos una crónica sobre "la historia secreta de la dolarización", y las salvaguardas y precauciones tomadas para que el asunto no se revelara antes de presentar la respectiva propuesta de ley a la Asamblea Legislativa. De acuerdo con lo averiguado, fue hasta hace tres meses que el presidente Flores reunió a tres de sus más cercanos colaboradores (del "equipo económico") para contarles el cuento y preparar su aplicación.

El sigilo era imprescindible, se aclara, para evitar que los partidos de oposición "y los banqueros" montaran una resistencia contra el proyecto y lo echaran abajo. Estando el gobierno en plena y exclusiva posesión de la verdad, se volvió necesario impedir que otros opinaran, debatieran, contradijeran y, en cualquier forma, estorbaran la puesta en marcha de una medida, cuya profunda sabiduría sólo unos pocos podían captar y entender. Además, era muy del caso aprovechar la coyuntura política que surgió de una borrachera y un balazo.

Si los asesores inmediatos del Ejecutivo y los responsables de conducir la política económica no participaron en los análisis, la reflexión, las indagatorias y el estudio para decantarse por la dolarización, ¿quiénes entonces convencieron al presidente Flores? Lo más importante, ¿tuvo él oportunidad de discutir el asunto con economistas de primer rango, pero opuestos a dolarizar? A esto se tiene que agregar una consideración: que el Presidente no es economista, por lo que no pudo hacer de abogado del diablo frente a quienes le abrumaron con sus argumentos.

Bananeros y, además, conejillos de indias

Se dice que el secretario del Tesoro norteamericano, Lawrence Summers, se regocijó de que El Salvador no fuera una república bananera, "pues han dado un paso en firme al dolarizar". Summers debería agradecer, asimismo, el regalo de los seiscientos millones de dólares que el país hace a Estados Unidos, con la compra de dólares al valor nominal, pero que dejaron de ser una demanda legal sobre bienes y servicios estadounidenses.

Sin embargo, nos hemos portado, en este asunto, como una república bananera, donde las leyes se decretan a rajatabla, sin que la opinión de la gente &emdash;la que corta los bananos&emdash; se tome en cuenta. De nada vale lo de la democracia representativa, la libertad de expresión, el necesario debate de los asuntos nacionales, etcétera; para poder untar a la economía la pomada milagrosa, era ineludible pasar por encima de todo. "Mother knows best".

Más aflictivo aún es que además de bananeros somos conejillos de indias, pues lo de la dolarización no se ha aplicado en ningún país con más de cien mil habitantes, a menos que se trate de un remedio desesperado contra el colapso total de una moneda, como en el Ecuador. Panamá es un caso muy aparte, ya que el país nació para que Estados Unidos pudiera construir su canal.

Los salvadoreños cargamos sobre las espaldas un largo historial de los experimentos que se han venido haciendo, a costa de nuestro bienestar. Con la "Alianza para el Progreso" estuvimos a punto de volver a la Edad de Piedra por la serie de dislates de índole socialista, impuestos sin discusión. Más tarde, los "paquetes legislativos" eran la moda, y de allí salió una serie de fracasadas iniciativas, como los distritos de avenamiento y riego. Nada, desde luego, se compara al paquete de reformas aplicadas en los años de la gran demencia. Vivir para ver.


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