La
Nota del Día
02 de Enero
de 2001
Dolarizados sin
discusión
El martes publicamos una crónica sobre
"la historia secreta de la dolarización",
y las salvaguardas y precauciones tomadas para
que el asunto no se revelara antes de presentar
la respectiva propuesta de ley a la Asamblea
Legislativa. De acuerdo con lo averiguado, fue
hasta hace tres meses que el presidente Flores
reunió a tres de sus más cercanos
colaboradores (del "equipo económico")
para contarles el cuento y preparar su
aplicación.
El sigilo era imprescindible, se aclara, para
evitar que los partidos de oposición "y
los banqueros" montaran una resistencia contra
el proyecto y lo echaran abajo. Estando el
gobierno en plena y exclusiva posesión de
la verdad, se volvió necesario impedir
que otros opinaran, debatieran, contradijeran y,
en cualquier forma, estorbaran la puesta en
marcha de una medida, cuya profunda
sabiduría sólo unos pocos
podían captar y entender. Además,
era muy del caso aprovechar la coyuntura
política que surgió de una
borrachera y un balazo.
Si los asesores inmediatos del Ejecutivo y
los responsables de conducir la política
económica no participaron en los
análisis, la reflexión, las
indagatorias y el estudio para decantarse por la
dolarización, ¿quiénes
entonces convencieron al presidente Flores? Lo
más importante, ¿tuvo él
oportunidad de discutir el asunto con
economistas de primer rango, pero opuestos a
dolarizar? A esto se tiene que agregar una
consideración: que el Presidente no es
economista, por lo que no pudo hacer de abogado
del diablo frente a quienes le abrumaron con sus
argumentos.
Bananeros y, además,
conejillos de indias
Se dice que el secretario del Tesoro
norteamericano, Lawrence Summers, se
regocijó de que El Salvador no fuera una
república bananera, "pues han dado un
paso en firme al dolarizar". Summers
debería agradecer, asimismo, el regalo de
los seiscientos millones de dólares que
el país hace a Estados Unidos, con la
compra de dólares al valor nominal, pero
que dejaron de ser una demanda legal sobre
bienes y servicios estadounidenses.
Sin embargo, nos hemos portado, en este
asunto, como una república bananera,
donde las leyes se decretan a rajatabla, sin que
la opinión de la gente &emdash;la que
corta los bananos&emdash; se tome en cuenta. De
nada vale lo de la democracia representativa, la
libertad de expresión, el necesario
debate de los asuntos nacionales,
etcétera; para poder untar a la
economía la pomada milagrosa, era
ineludible pasar por encima de todo. "Mother
knows best".
Más aflictivo aún es que
además de bananeros somos conejillos de
indias, pues lo de la dolarización no se
ha aplicado en ningún país con
más de cien mil habitantes, a menos que
se trate de un remedio desesperado contra el
colapso total de una moneda, como en el Ecuador.
Panamá es un caso muy aparte, ya que el
país nació para que Estados Unidos
pudiera construir su canal.
Los salvadoreños cargamos sobre las
espaldas un largo historial de los experimentos
que se han venido haciendo, a costa de nuestro
bienestar. Con la "Alianza para el Progreso"
estuvimos a punto de volver a la Edad de Piedra
por la serie de dislates de índole
socialista, impuestos sin discusión.
Más tarde, los "paquetes legislativos"
eran la moda, y de allí salió una
serie de fracasadas iniciativas, como los
distritos de avenamiento y riego. Nada, desde
luego, se compara al paquete de reformas
aplicadas en los años de la gran
demencia. Vivir para ver.