Sábado 27 de enero 2001

























Evangelio para domingo

San Lucas 4, 21-30

Nadie profetiza en su tierra

Y empezó a decirles: "Hoy les llegan noticias de cómo se cumplen estas palabras proféticas".

Todos lo aprobaban y se quedaban maravillados, mientras esta proclamación de la gracia de Dios salía de sus labios. Y decían: "¡Pensar que es el hijo de José!".

Jesús les dijo: "Seguramente ustedes me van a recordar el dicho: médico cúrate a ti mismo. Realiza también aquí, en tu patria, lo que nos cuentan que hiciste en Cafarnaún".

Y Jesús añadió: "Ningún profeta es bien recibido en su patria. En verdad les digo que había muchas viudas en Israel en tiempos de Elías, cuando el cielo retuvo la lluvia durante tres años y medio y una gran hambre asoló a todo el país. Sin embargo, Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en tierras de Sidón. También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo y ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".

Todos en la sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. Pero Jesús pasó por en medio de ellos y siguió su camino.

Jesús: piedra de contradicción

"Hablaban bien de Jesús..."

La promesa de liberación a los oprimidos y de evangelización de los pobres se cumple en Jesús. Los vecinos de su pueblo, Nazaret, no pueden creerlo, pretenden saber quién es Jesús, el carpintero "hijo de José", y esto les impide ver más allá de las apariencias.

Este contraste marca la proclamación del Reino; el don de Dios llega a través de ropajes humildes e inesperados. Aquellos que pretenden saberlo todo no están dispuestos a aprender, menos aún si la enseñanza viene de alguien cuyo valor, por mezquindad y envidia, se niegan a reconocer...

"Ningún profeta es bien recibido..."

El mensaje de Dios llega desde la marginalidad; los conciudadanos de Jesús lo entienden muy bien y por eso se enfurecen, lo echan de la ciudad y buscan despeñarlo. "Pero Jesús pasó por en medio de ellos y se fue".

Su misma presencia proyecta algo que impide acciones contrarias a las decididas por Dios, no desaparece como por arte de magia, pues llegará el día en que podrán prenderlo; simplemente por ahora es necesario que lo oigan y pongan en práctica su mensaje.

"Y nosotros..."

Una frecuente pretensión de los creyentes es querer apropiarse de Dios, incluso ponerlo a su servicio. Como seguidores suyos, en el hoy de nuestra vida, puede ser nuestra tentación también: lo que creemos conocer nos impide estar atentos a lo nuevo, sobre todo si llega a través de lo insignificante y lo marginado.

Jesús nos recuerda, por medio del trozo evangélico de hoy, que Dios nos interpela desde aquellos que no sabemos apreciar.

Sixto Alfonso Flores, Sdb



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