- Comentario
de la semana
- La nueva
realidad
- Eduardo
Torres
- E-mail: eduardo@elsalvador.com
Dos
semanas después de ocurrida la tragedia
del sábado 13, el ánimo general
del país comienza, gradualmente, a
enrumbarse hacia la sensatez; en ese curso de
acción, ojalá que no vuelva
más el nivel de ansiedad y de angustia
que sufrieron miles y miles de compatriotas este
pasado jueves, cuyo origen fueron los
apocalípticos rumores -ignorando si
existió o no el dolo en la
propagación de éstos- ante la
"inminencia" de un nuevo terremoto y/o la
erupción en el volcán de Santa
Ana.
A mi entender, lo que los expertos
internacionales han indicado es que no existe
señal alguna que haga presagiar que El
Salvador está a punto de desaparecer del
mapa; que en Centroamérica, es muy
posible que se hayan activado fallas a
raíz del choque entre las placas del
Caribe y de Los Cocos, pero que sigue siendo
Dios el único que puede indicar
cómo, cuándo y dónde
habrá una nueva tragedia. De hecho, horas
más tarde del punto más alto de
las especulaciones, la India era brutalmente
sacudida por un sismo de similar intensidad al
que en fecha tan reciente nos destruyera la
columna vertebral de la zona cafetera del
país, con su secuela de muerte,
destrucción y sufrimiento humano.
Así las cosas, y como un tributo a
quienes ya no se encuentran con nosotros, los
salvadoreños debemos tomar clara
conciencia de la nueva realidad de país;
porque no es permisible ser insensible al dolor
de aproximadamente un millón de nuestros
hermanos, que se encuentran literalmente en la
calle a raíz del terremoto. Este no es
tiempo para agendas partidarias, enfrentamientos
políticos, como el protagonizado en la
plenaria de antenoche, acaparamiento de
mercancías, destructivos rumores o
protagonismos enfermizos. Es la hora de la
solidaridad, de la aportación de ideas y
de la unidad nacional, tratándose -como
se trata- de la difícil misión que
tenemos por delante, que es la de sacar adelante
al país de esta difícil
prueba.
Puntos al debate
Si algo hemos venido fortalecimiento los
salvadoreños con el correr de los
años, han sido los espacios
democráticos; y dentro de una democracia,
el debate es parte esencial de la vida misma. La
tragedia del sábado 13, ciertamente que
nos dejó nuevos puntos de debate, porque
lo mencionado hasta el momento sobre la
Cordillera de El Bálsamo, el manejo de la
ayuda externa y la funcionalidad o no del
Comité de Emergencia Nacional, ha sido,
en su mayoría, puras elucubraciones.
Encontrándonos a raíz de la
tragedia en estado de emergencia y de calamidad
pública, el reaparecimiento de figuras
como la del secuestro, obligan a debatir y
discutir a profundidad otro tipo de figuras,
como sería el régimen de
excepción, establecido en el
artículo 29 de la Constitución de
la República. Porque lo peor que
podría pasarnos en medio de esta
tragedia, es que tomando ventaja los criminales
de la situación anómala en que nos
encontramos, se nos disparen los índices
delictivos. Y este es un punto de debate que ya
se había empezado a dar con anterioridad
a la tragedia, pero que ante la nueva
situación del país se vuelve
imprescindible el mantenimiento de la
estabilidad y el orden. Y para ello, se
debería contar con el decisivo aporte que
puede brindar la Fuerza Armada, bajo
coordinación de la Policía
Nacional Civil.
Si no es el régimen de
excepción la figura, pues que aprueben,
los diputados, las reformas legales pertinentes,
porque lo que se ha vuelto ya intolerable es
continuar con el entrampamiento alrededor de las
normativas penales, mientras la lista de
víctimas continúa creciendo.
Además, y con la mente ya en el futuro,
se requerirá discusión sobre los
ejes principales de la reconstrucción
nacional; la decisión final será
del Ejecutivo, pero una lluvia de ideas, y
-mejor aún- ejes de acción
específicos, sí que
deberían ser bienvenidos. En el entendido
que la prioridad es para con nuestros hermanos
en necesidad, trabajo, ayuda para reconstruir
sus viviendas, y seguridad, son algunos de los
puntos al debate, como también
llegará el momento de la deducción
de responsabilidades -sí es que caben-,
probidad y los parámetros de la
reconstrucción del país.
Licenciado en Ciencias Jurídicas y
columnista de EL DIARIO DE HOY.