Protegidos por el
cielo
Los internos del Centro de Atención
para Ancianos "Sara Zaldívar", en San
Salvador, vivieron momentos de angustia y temor
durante el pasado terremoto. Pero gracias a la
protección de Dios, todos sobrevivieron
sin sufrir ningún golpe.
- Ricardo
Guevara
- El Diario
de Hoy
- Fotos
EDH/Lizette Moreno
Tres
días antes del fuerte sismo del
sábado 13 de enero, los ancianos del
Asilo Sara Zaldívar estuvieron de fiesta.
Celebraban el Mes de la Tercera Edad y el
116º aniversario de fundación de la
institución.
Números artísticos, oficios
religiosos y la elección de la reina del
Asilo formaban parte de las actividades que se
desarrollaron para los internos. Ninguno de los
agasajados imaginó que, en pocas horas,
la alegría que vivían se
transformaría en angustia y
desesperación.
El día del sismo, todo
transcurría de forma normal. La
mayoría de los ancianos descansaba en sus
sillas de ruedas, algunos reposaban en las
camas, mientras que otros platicaban en los
jardines sobre algunas anécdotas del
pasado.
Fin de semana trágico
Cuando el reloj marcó las 11:35 a.m.,
la tierra empezó a sacudirse de forma
violenta. El pánico y el nerviosismo
aparecieron entre los 211 internos.
Algunos rezaban a la virgen pidiendo
clemencia, otros lloraban desconsolados
esperando que terminara el temblor; los
más afortunados, los que aún
pueden caminar, buscaron un refugio seguro fuera
de la edificación.
"Segundos después del temblor todos
nos pusimos a desalojar a los ancianos
encamados. Los trasladamos a los jardines.
Gracias a Dios no hubo ningún tipo de
daños humanos, solo materiales en las
salas cuarta y quinta, además de una
parte de la capilla", dice el doctor José
Antonio Velásquez, director de la
institución.
Los ancianos tuvieron que pasar casi una
semana durmiendo en toldos y tiendas de
campaña improvisadas en el patio. "Lo que
más nos preocupa son las enfermedades
respiratorias y gastrointestinales, pero gracias
a Dios no hemos tenido ningún paciente
con estas dolencias", señala
Velásquez.
Hasta la fecha, los encargados del Asilo
aún están a la espera de que
ingenieros estructuralistas evalúen las
instalaciones para habitarlas de nuevo.
Mientras, los internos han sido acomodados junto
a otros ancianos en los pabellones que no
resultaron dañados.
Historias del pasado
Doña
Mercedes Serrano es una anciana de piel
trigueña, originaria de Santiago
María, Usulután, que afirma no
recordar cuantos años tiene, aunque por
su apariencia se le calculan más de
80.
"A mi me dio un ataque de risa, pues me
encontraba lavando mi ropa y cuando
terminó el terremoto, acabé toda
bañada por el agua que se
rebalsó", dice la señora, quien
afirma haber vivido todos los terremotos del
siglo.
"Si es la voluntad de Dios, que siga
temblando; pero yo sé que es muy
bondadoso y que nunca ha dejado solos a sus
hijos" dice doña Merceditas.
Mientras tanto doña Delfina, de unos
90 años, quien pasa postrada en una silla
de ruedas, llora inconsolable al recordar los
momentos de aflición que vivió por
el sismo.
Ahora que los temblores sensibles han
disminuido, la mayoría de los internos ha
regresado a sus dormitorios, y le ruegan a Dios
y a la Virgen María que no les vuelva a
enviar otra prueba del cielo.
Bríndeles apoyo
Si usted está interesado en compartir
con ellos unos minutos de su tiempo, haga una
pausa en su agenda y visítelos. Los
ancianos necesitan de la compañía
de otras personas, a quienes les puedan contar
sus experiencias del pasado y el presente.
Suplementos vitamínicos, frazadas y
sillas de ruedas serán bienvenidas en la
institución, ya que las reservas que
poseían en la bodega se han agotado,
debido a la situación de emergencia.
Recuerde que con un poco de tiempo que les
dedique, usted podrá hacer felices a los
internos del asilo.
El horario de visita es de lunes a domingo de
8:00 a.m. a 4:00 p.m. Están ubicados en
la colonia Costa Rica, Avenida Irazú, San
Salvador. El teléfono es el 270-9016.
Reseña histórica
La institución inició sus
labores el 10 de enero de 1885, a iniciativa de
la Logia Masónica Excelsior 17, de San
Salvador, quienes estaban interesados en
proporcionar asistencia y protección a
los ancianos, inválidos y mendigos
abandonados.
Para
hacer efectiva esta obra se contó con el
apoyo de la señora Sara Zaldívar,
esposa del General Rafael Zaldívar, en
ese entonces Presidente de la República,
quien donó su casa de campo, donde se
realizaron las construcciones necesarias para
dar albergue a los futuros asilados.
En un principio, el Asilo fue dirigido por
las Hermanas de la Caridad San Vicente de
Paúl, después se confirió
la gestión al Club de Leones de San
Salvador, quienes ampliaron los servicios y
modificaron parte de la infraestructura del
lugar.
En 1963, El Centro de Atención para
Ancianos "Sara Zaldívar", nominado
así en honor de su benefactora,
pasó a formar parte del Instituto
Salvadoreño de Rehabilitación de
inválidos (ISRI).