Jueves 25 de enero 2001

























Protegidos por el cielo

Los internos del Centro de Atención para Ancianos "Sara Zaldívar", en San Salvador, vivieron momentos de angustia y temor durante el pasado terremoto. Pero gracias a la protección de Dios, todos sobrevivieron sin sufrir ningún golpe.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
Fotos EDH/Lizette Moreno

Tres días antes del fuerte sismo del sábado 13 de enero, los ancianos del Asilo Sara Zaldívar estuvieron de fiesta. Celebraban el Mes de la Tercera Edad y el 116º aniversario de fundación de la institución.

Números artísticos, oficios religiosos y la elección de la reina del Asilo formaban parte de las actividades que se desarrollaron para los internos. Ninguno de los agasajados imaginó que, en pocas horas, la alegría que vivían se transformaría en angustia y desesperación.

El día del sismo, todo transcurría de forma normal. La mayoría de los ancianos descansaba en sus sillas de ruedas, algunos reposaban en las camas, mientras que otros platicaban en los jardines sobre algunas anécdotas del pasado.

Fin de semana trágico

Cuando el reloj marcó las 11:35 a.m., la tierra empezó a sacudirse de forma violenta. El pánico y el nerviosismo aparecieron entre los 211 internos.

Algunos rezaban a la virgen pidiendo clemencia, otros lloraban desconsolados esperando que terminara el temblor; los más afortunados, los que aún pueden caminar, buscaron un refugio seguro fuera de la edificación.

"Segundos después del temblor todos nos pusimos a desalojar a los ancianos encamados. Los trasladamos a los jardines. Gracias a Dios no hubo ningún tipo de daños humanos, solo materiales en las salas cuarta y quinta, además de una parte de la capilla", dice el doctor José Antonio Velásquez, director de la institución.

Los ancianos tuvieron que pasar casi una semana durmiendo en toldos y tiendas de campaña improvisadas en el patio. "Lo que más nos preocupa son las enfermedades respiratorias y gastrointestinales, pero gracias a Dios no hemos tenido ningún paciente con estas dolencias", señala Velásquez.

Hasta la fecha, los encargados del Asilo aún están a la espera de que ingenieros estructuralistas evalúen las instalaciones para habitarlas de nuevo. Mientras, los internos han sido acomodados junto a otros ancianos en los pabellones que no resultaron dañados.

Historias del pasado

Doña Mercedes Serrano es una anciana de piel trigueña, originaria de Santiago María, Usulután, que afirma no recordar cuantos años tiene, aunque por su apariencia se le calculan más de 80.

"A mi me dio un ataque de risa, pues me encontraba lavando mi ropa y cuando terminó el terremoto, acabé toda bañada por el agua que se rebalsó", dice la señora, quien afirma haber vivido todos los terremotos del siglo.

"Si es la voluntad de Dios, que siga temblando; pero yo sé que es muy bondadoso y que nunca ha dejado solos a sus hijos" dice doña Merceditas.

Mientras tanto doña Delfina, de unos 90 años, quien pasa postrada en una silla de ruedas, llora inconsolable al recordar los momentos de aflición que vivió por el sismo.

Ahora que los temblores sensibles han disminuido, la mayoría de los internos ha regresado a sus dormitorios, y le ruegan a Dios y a la Virgen María que no les vuelva a enviar otra prueba del cielo.

Bríndeles apoyo

Si usted está interesado en compartir con ellos unos minutos de su tiempo, haga una pausa en su agenda y visítelos. Los ancianos necesitan de la compañía de otras personas, a quienes les puedan contar sus experiencias del pasado y el presente.

Suplementos vitamínicos, frazadas y sillas de ruedas serán bienvenidas en la institución, ya que las reservas que poseían en la bodega se han agotado, debido a la situación de emergencia.

Recuerde que con un poco de tiempo que les dedique, usted podrá hacer felices a los internos del asilo.

El horario de visita es de lunes a domingo de 8:00 a.m. a 4:00 p.m. Están ubicados en la colonia Costa Rica, Avenida Irazú, San Salvador. El teléfono es el 270-9016.

Reseña histórica

La institución inició sus labores el 10 de enero de 1885, a iniciativa de la Logia Masónica Excelsior 17, de San Salvador, quienes estaban interesados en proporcionar asistencia y protección a los ancianos, inválidos y mendigos abandonados.

Para hacer efectiva esta obra se contó con el apoyo de la señora Sara Zaldívar, esposa del General Rafael Zaldívar, en ese entonces Presidente de la República, quien donó su casa de campo, donde se realizaron las construcciones necesarias para dar albergue a los futuros asilados.

En un principio, el Asilo fue dirigido por las Hermanas de la Caridad San Vicente de Paúl, después se confirió la gestión al Club de Leones de San Salvador, quienes ampliaron los servicios y modificaron parte de la infraestructura del lugar.

En 1963, El Centro de Atención para Ancianos "Sara Zaldívar", nominado así en honor de su benefactora, pasó a formar parte del Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de inválidos (ISRI).



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