El Ejército
que quiero
"Es más fácil militarizar a
un civil que civilizar a un militar". La frase,
que entraña tanto ingenio como inquina,
la repiten quienes sueñan con un planeta
sin ejércitos, sin armas y sin odio, como
si los tres elementos se reclamaran entre
sí.
- Juan
Bosco Martín
- E-mail:
bosco@elsalvador.com
Me
da algo de vergüenza reproducirla
aquí después de ver a tanto
uniformado anónimo quebrándose el
lomo por rescatar cadáveres sepultados en
Las Colinas, por llevar comida a los evacuados o
proteger las líneas de abastecimiento. En
esas tres acciones solidarias, en las que
participa el Ejército, no descubro odio
por ningún lado, sino el más puro
afán de servicio y la más noble
muestra de amor patrio. Han colocado en la
cúspide del civismo las renombradas
virtudes castrenses: disciplina, obediencia,
audacia, espíritu de sacrificio,
austeridad... Se puede ser disciplinado,
obediente y audaz para arrasar un poblado
indefenso, pero por fortuna éste no es el
caso de los militares salvadoreños de
hoy.
No le tengo simpatía a la Fuerza
Armada como institución. Tampoco
antipatía. Me limito a juzgar los hechos
que protagoniza, y creo interpretar la
opinión de la mayoría al afirmar
que en la emergencia por el terremoto muchos
soldados se han comportado como héroes.
Como lo que todos esperamos de ellos. Esto es
importante: de ellos esperamos lo mejor. Por eso
repugna tanto la corrupción de un
militar. Porque cuentan con más
oportunidades que otros para actuar como
héroes. Como héroes fueron los
soldados que murieron despedazados cuando
retiraban la munición desperdigada
después del estallido del
polvorín. Como tantas personas de bien
hemos conocido estos días. Por fortuna,
se puede ser un héroe sin pegar un tiro,
aunque en otras ocasiones &endash;menos de las
que comúnmente se piensa&endash; haya que
disparar para defender vidas.
A la sociedad le conviene especialmente que a
los militares se les forme como hombres y
mujeres con alto sentido del honor, porque a
ellos se le encomienda el uso de la Fuerza.
Cuando mantienen ese espíritu, los
ejércitos muestran su rostro más
amable, el rostro del que lo da todo a cambio de
nada. Por el contrario, si se pierde el sentido
del honor y de la dignidad humana, la Fuerza se
convierte en opresiva y se cometen los excesos
que todos conocemos.
No comparto el vaticinio del General Arce,
cuando afirma que "el ejército
vivirá mientras viva la
República". Pero deseo que la Fuerza
Armada viva para servir a quienes más
necesitan de su existencia, como hemos visto
estos días.