Necesitamos
unidad
El dolor es noticia aquí y en
Groenlandia. Pero más allá de los
hechos, es necesario comprender que mientras
menos noticias haya en casos de desastres
naturales, mejor estaremos como
país.
Por Ciro
Granados
Los
medios de comunicación nos han atiborrado
de espeluznantes escenas de tragedia, y han
cumplido muy bien su labor de mantenernos unidos
a través de la información.
Los esfuerzos de unión y solidaridad,
empero, no deben despertarse sólo cuando
hay catástrofes como el terremoto del
sábado 13 de enero.
Debe ser parte, ese sentimiento, de nuestra
vida cotidiana en bonanza o escasez.
En estos momentos, cuando El Salvador se
desgarra de dolor y sangran sus estructuras es
cuando debemos abandonar cualquier
egoísmo. Y ya no se diga los partidos
políticos.
Resulta inconcebible darse cuenta que algunos
falsos políticos aprovechan este dolor
para hacerse aprovecharse a favor de sus
propósitos politiqueros, con vista en
futuros comicios.
Pero sobre el tema del terremoto, debo decir
que en mi opinión no es posible quedarse
con los brazos cruzados, contando las
imágenes de terror que hemos visto y
sentido. Eso que quede para la iglesia.
Nos compete recapacitar y darnos cuenta que
nuestro sistema de prevención de
desastres y reacción inmediata ante ellos
aún está en pañales.
No tenemos la capacidad de reaccionar de
manera adecuada, como país, ante estos
imprevistos.
Mas tampoco, y pese a los antecedentes, hemos
logrado crear un modelo preventivo de
daños humanos.
Un terremoto no se puede predecir, pero
sabemos que vivimos en zonas de alto riesgo y a
pesar de ello, construimos en lugares no
apropiados. Ojalá y lo acontecido en Las
Colinas nos sirva de lección.
Aparte de no contar con un verdadero equipo
de reacción inmediata, los
salvadoreños somos lo máximo como
"generales" pero muy pocos se atreven a ser
"soldados".
Nos gusta mandar y dirigir, pero a la hora de
echar manos a la obra esperamos que lo hagan los
demás. Prueba de ello son algunas escenas
vividas en la Feria Internacional.
El sistema de emergencia nacional necesita
una profunda revisión, para comprender y
sobrepasar nuestras debilidades.
Sería saludable comenzar a capacitar
cuadrillas de rescate (como Los Topos de
México) para cualquier eventualidad,
porque según parece de poco nos ha
servido tanto simulacro.
Quiero aprovechar la ocasión para dar
las gracias a los que han apoyado en la ardua
tarea, nacionales y extranjeros: su ayuda
jamás podremos recompensarlas.
Pero se han ganado un poco más del
Paraíso.