Jueves 25 de enero 2001


Tomando la palabra
LA TRAGEDIA A TRAVES DE LOS MEDIOS
Marvin Galeas*
E-mail: Marvin@telemovil.com

La objetividad periodística es una especie de Barney el dinosaurio. Vive en nuestras mentes, pero en realidad no existe. Los periodistas somos personas con corazón y cerebro. De manera que es muy difícil no traslucir en el trabajo nuestra particular percepción del mundo que nos rodea. Hasta en el orden en el que se colocan los titulares, un editor, sin necesidad de mentir, refleja de alguna manera su punto de vista.

Para contrarrestar esa natural tendencia a la subjetividad, existe en el

trabajo periodístico una serie de reglas y principios éticos. La aplicación de esas reglas y principios (y no un título académico) es lo que determina el grado de profesionalismo de un periodista. La manera en como los medios cubrieron y siguen cubriendo el terremoto del pasado 13 y sus consecuencias ha puesto en relieve el profesionalismo y la entrega de la mayoría de nuestros periodistas. Pero también han salido a luz las deficiencias, las taras y hasta el descaro de otros colegas.

En un periódico serio leí un titular en letras rojas que decía "Lo que quedó de Santa Tecla". Eso es lisa y llanamente sensacionalismo. Fuera del contexto del terremoto, ese tipo de titulares no pasa de despertar morbo. Pero enmedio de semejante situación no es difícil imaginar las ansiedades y preocupaciones innecesarias que provocan.

Un presentador que más parece modelo que periodista soltó una sonora carcajada cuando teníamos en pantalla a una reportera entrevistando a damnificados. Otra muchacha daba indicaciones de cómo comportarse enmedio de un cataclismo. De seguir esas instrucciones, todos habríamos muertos. Todo ello son errores comprensibles cuando se trabaja a la carrera y con grandes presiones, como suele ser en estas emergencias.

Los medios de comunicación, además de informar, en momentos como éste se constituyen en los principales instrumentos para orientar al conglomerado, poner en contacto a personas que se buscan, llevar mensajes de ánimo y por sobre todo fomentar la unidad nacional para hacerle frente a la tragedia. De como se manejen los medios de comunicación masiva depende mucho el estado de ánimo de la población. Y del estado de ánimo de la población depende en gran

medida el tiempo que nos tomemos para reconstruir al país.

No es de paladines libertarios coadyuvar a romper la unidad nacional y la

solidaridad que de manera espontánea surge después de estas catástrofes. No es de profesionales fomentar el descontento para así tomar ventajas políticas de cara a las no tan próximas elecciones.

Me parece más bien grosero tratar de aprovecharse del espacio que se tiene en un medio privado para influir, con fines políticos partidistas, en la opinión pública. Eso cae en la manipulación descarada. No se necesita ser un genio de las comunicaciones para azuzar el descontento en compatriotas que en pocos segundos perdieron a seres queridos o el resultado de una vida de esfuerzos.

Una cosa es ejercer la labor de crítica, vigilancia y fiscalización sobre el

poder, consustancial, a todo periodismo serio y profesional, y otra es agitar las pasiones para favorecer a determinada fuerza política. Una cosa es "poner el dedo en la llaga" y otra distinta es establecer, a priori, que un grupo de ciudadanos del sector privado es una pandilla de ladrones que tienen que probar su inocencia.

Eso de creerse la voz del pueblo ha enfermado a más de alguno en estas tierras. En tiempos de dictaduras y gobiernos autoritarios, es de héroes desafiar al poder desde la prensa. Y es de sinvergüenzas aplaudir desde la prensa al tirano de turno, para agradecer favores y dineros. En la historia de América Latina, decenas de periodistas sufrieron exilios, persecuciones, cárcel, torturas y hasta la muerte a manos de dictadores enemigos de las libertades.

En El Salvador de hoy, nadie ha denunciado fraudes electorales desde que se firmó la paz. La izquierda tiene una enorme cuota de poder y cualquiera puede declararse públicamente capitalista, comunista o anarquista, sin temor a que lo vayan a sacar de noche de su casa. En El Salvador de hoy, un columnista recién salido de las aulas universitarias se da el lujo de llamar cobarde al presidente y no pasa nada, ni esperamos que pase.

En un país donde la máxima hostilidad a la prensa es la tonta pataleta de una empleada de casa presidencial contra una periodista del Canal 12, asumir poses de mártir y héroe de la libertad de expresión es verdaderamente patético. O se está siguiendo lineamientos políticos, o se está alimentando un ego de antología, o ambas cosas.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com