Palabras
El viejo nogal
Carlos
Balaguer
"San Manuel, Bueno, Mártir", novela de
don Miguel de Unamuno, nos habla del viejo santo
de la aldea, que muere dando la misa, y se va al
cielo aun no creyendo en la vida eterna.
Ese era el secreto. Pero al ser sincero
consigo mismo, el viejo Manuel se eternizaba en
todas las cosas que amó. Por eso dice a
Ángela antes de morir: "Cuando me
entierren, que sea en una caja hecha con
aquellas seis tablas que tallé del viejo
nogal, ¡pobrecito!, a cuya sombra
jugué de niño, cuando empezaba a
soñar..."
"!Y entonces sí que creía en la
vida perdurable!. Es decir, me figuro ahora que
creía entonces. Para un niño creer
no es más que soñar. Y para un
pueblo. Esas seis tablas que tallé con
mis propias manos, las encontraréis al
pie de mi cama".
"Con veinte años en el corazón,
la muerte parece un sueño y, sin embargo,
se muere", escribe Cicconi.
Algo muere en nosotros, algo muere en la
aldea. Y todo es un sueño dentro de otro
sueño soñado. Y las cosas empiezan
a morir cuando aún estamos vivos. Pero
son más las cosas que quedan vivas,
después de nuestra partida.
El miedo a la muerte, entonces, se disipa,
puesto que ésta se convierte en un
sueño más. Por eso los
sueños terminan. Son cortos. Intangibles.
Engañosos. Tal vez para que el
corazón vuelva a ser libre y vuelve hacia
otro sueño.
Día a Día
El descalabro del centro de San Salvador
tiene su origen en una maligna y descabellada
decisión del alcalde capitalino de los
ochenta, Morales Ehrlich, que dispuso entregar
las vías urbanas "al pueblo". Nadie
podrá jamás calcular el costo
inmenso que dicho acto ha causado al
país, en destrucción, suciedad,
atascos de tráfico, baja de inversiones,
sufrimiento, insalubridad, enfermedades y
fealdad. Lo que era un centro citadino modesto
pero amable y con gracia, se convirtió en
el chiquero actual, que por generación
espontánea multiplica sus vicios y
lacras.
Lo del "Centro Histórico" agrega, en
cierta medida, al problema. Si bien hay unas
cuantas cuadras con casas lindas, aunque
dilapidadas, querer conservar un área
extensa es discutible, ya que impide construir
edificios funcionales que ayudarían a
rescatar el conjunto. No todo lo viejo es
"histórico", ni vale la pena preservarlo.
En muchas ciudades, una o dos edificaciones de
mérito sobran para dar carácter y
belleza a un conjunto de obras
contemporáneas.