Una morada para
abandonados
En la ciudad de Santa Tecla funciona el
Centro Integral de Día, de la
Fundación Salvadoreña de la
Tercera Edad (FUSATE), donde se brinda
protección y consuelo a ancianos
abandonados.
- José
Osmín Monge
- El Diario
de Hoy
- FOTOS
EDH/CÉSAR AVILÉS
En
Santa Tecla se encuentra una morada en la que 30
adultos mayores reciben alimentación,
vestuario y techo sin ningún costo. Es el
Centro Integral de Día, fundado en 1993,
donde se atiende a ancianos que no tienen
familiares o que han sido abandonados y
desamparados.
A diferencia de otros hogares para adultos
mayores, este le brinda más libertad a
los internos, ya que ellos pueden salir y entrar
del lugar a cualquier hora del día.
Es por ello que en las mañanas y en
las tardes la casa suele permanecer con pocos
internos, pues muchos salen a las calles a pedir
limosna o a trabajar.
Sin familiares
En horas de la mañana, un aproximado
de diez ancianos permanece en las instalaciones.
Por lo general pasan descansando, sentados en
una banca de concreto, ubicada en el patio que
linda con la calle, viendo a las personas y
automóviles que pasan por el lugar. Los
más ancianos y enfermos suelen permanecer
postrados en camastros.
Doña Juana Martínez, de 90
años, es de las pocas personas que no
descansan. Ella pasa toda la mañana
pegada al lavadero, rodeada de agua y
jabón, restregando blusas, camisas,
vestidos y pantalones.
"Casi no me gusta salir; prefiero lavar o
ayudar a cocinar que andar en la calle. Yo lavo
ropa mía y también ajena. Por cada
mudada lavada cobro dos colones", expresa
doña Juanita, como es conocida en el
hogar.
Esta señora afirma que han sido 20
años los que ha permanecido en ese lugar
(hasta hace siete años era sólo
dormitorio público), y que llegó a
él por encontrarse sola.
Hora de comer
Pero toda la tranquilidad que reina en la
mañana desaparece a eso de las 12:00 m. A
esa hora, el comedor del hogar es invadido por
los 30 comensales, entre hombres y mujeres,
quienes dejan de lado sus tareas diarias para
saciar su apetito.
Algunos acuden a almorzar cargando sus
bultos, otros apoyados en desgastados bastones y
no faltan aquellos que llegan quejándose
de algún dolor. Sea como sea, todos son
bien recibidos e invitados al banquete.
De entre todos, doña Guadalupe Baires
es la única persona que no sobrepasa los
60 años. Ella es la encargada de velar
por el orden del lugar y de cocinarle a los
ancianos internos. Esta señora fue
contratada por FUSATE hace cuatro años
para atendiera el centro, y desde entonces ha
servido y ayudado a esos ancianos.
En
varias mesas, colocadas una junta otra, a los
adultos mayores se les sirve la comida, que
varía día con día. Ellos
saborean sopas, frijoles, carne y pollo.
Aunque el orden es primordial en la casa, a
la hora de comer los señores y las
señoras ríen y participan en
amenas tertulias. Al momento de comer, la
mayoría de ellos corta con sus
temblorosas y arrugadas manos las tortillas y se
la llevan a sus desdentadas bocas.
"Me gusta mucho la comida que nos dan. Yo
vivía antes con una prima, pero el marido
de ella me sacó de la casa. No tengo
más familiares, por eso estoy
aquí", expresa don Lucio Cabrera, de 72
años.
Entre sueños
A eso de la 1:30 p.m. el bullicio vuelve a
desaparecer, pues muchos vuelven a la calle. Ese
es el momento de darle entrada de nuevo al
silencio. Pero esa misma calma desaparece cuando
el manto negro de la noche vuelve a cubrir a
Santa Tecla, y los que suelen deambular por la
ciudad acuden una vez más al hogar para
cenar y dormir.
Después de comer, la mayoría se
va directamente a sus camas. Los más
débiles colocan sus cabezas inundadas de
canas sobre las almohadas y de inmediato
comienzan a soñar y a roncar.
Dormitorio público
Según doña Guadalupe, en este
hogar se les brinda los tres tiempos de comida y
sólo tienen derecho a ellos los que
poseen carné del FUSATE.
"Los requisitos para ingresar a este centro
son tener más de 60 años, valerse
por sí mismos, ser abandonado o no contar
con familiares, y no tener vicios", comenta
doña Guadalupe.
En
las mismas instalaciones del Centro Integral
para Ancianos también funciona el
dormitorio público de Santa Tecla, donde
sólo llegan a pasar la noche adultos y
jóvenes. Todos ellos pagan dos colones
por dormir ahí.
Aunque este hogar cuenta con lo indispensable
para la manutención de sus internos,
siempre está dispuesto a recibir
cualquier tipo de ayuda.
"Mucha gente se acerca aquí para
ayudar. Son personas bondadosas que entregan su
corazón a los necesitados", refiere la
señora Baires.
Si usted desea ayudar con alimentos, medicina
o ropa para los ancianos comuníquese al
teléfono 228-9912.