Martes 2 de enero 2001

























Una morada para abandonados

En la ciudad de Santa Tecla funciona el Centro Integral de Día, de la Fundación Salvadoreña de la Tercera Edad (FUSATE), donde se brinda protección y consuelo a ancianos abandonados.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
FOTOS EDH/CÉSAR AVILÉS

En Santa Tecla se encuentra una morada en la que 30 adultos mayores reciben alimentación, vestuario y techo sin ningún costo. Es el Centro Integral de Día, fundado en 1993, donde se atiende a ancianos que no tienen familiares o que han sido abandonados y desamparados.

A diferencia de otros hogares para adultos mayores, este le brinda más libertad a los internos, ya que ellos pueden salir y entrar del lugar a cualquier hora del día.

Es por ello que en las mañanas y en las tardes la casa suele permanecer con pocos internos, pues muchos salen a las calles a pedir limosna o a trabajar.

Sin familiares

En horas de la mañana, un aproximado de diez ancianos permanece en las instalaciones. Por lo general pasan descansando, sentados en una banca de concreto, ubicada en el patio que linda con la calle, viendo a las personas y automóviles que pasan por el lugar. Los más ancianos y enfermos suelen permanecer postrados en camastros.

Doña Juana Martínez, de 90 años, es de las pocas personas que no descansan. Ella pasa toda la mañana pegada al lavadero, rodeada de agua y jabón, restregando blusas, camisas, vestidos y pantalones.

"Casi no me gusta salir; prefiero lavar o ayudar a cocinar que andar en la calle. Yo lavo ropa mía y también ajena. Por cada mudada lavada cobro dos colones", expresa doña Juanita, como es conocida en el hogar.

Esta señora afirma que han sido 20 años los que ha permanecido en ese lugar (hasta hace siete años era sólo dormitorio público), y que llegó a él por encontrarse sola.

Hora de comer

Pero toda la tranquilidad que reina en la mañana desaparece a eso de las 12:00 m. A esa hora, el comedor del hogar es invadido por los 30 comensales, entre hombres y mujeres, quienes dejan de lado sus tareas diarias para saciar su apetito.

Algunos acuden a almorzar cargando sus bultos, otros apoyados en desgastados bastones y no faltan aquellos que llegan quejándose de algún dolor. Sea como sea, todos son bien recibidos e invitados al banquete.

De entre todos, doña Guadalupe Baires es la única persona que no sobrepasa los 60 años. Ella es la encargada de velar por el orden del lugar y de cocinarle a los ancianos internos. Esta señora fue contratada por FUSATE hace cuatro años para atendiera el centro, y desde entonces ha servido y ayudado a esos ancianos.

En varias mesas, colocadas una junta otra, a los adultos mayores se les sirve la comida, que varía día con día. Ellos saborean sopas, frijoles, carne y pollo.

Aunque el orden es primordial en la casa, a la hora de comer los señores y las señoras ríen y participan en amenas tertulias. Al momento de comer, la mayoría de ellos corta con sus temblorosas y arrugadas manos las tortillas y se la llevan a sus desdentadas bocas.

"Me gusta mucho la comida que nos dan. Yo vivía antes con una prima, pero el marido de ella me sacó de la casa. No tengo más familiares, por eso estoy aquí", expresa don Lucio Cabrera, de 72 años.

Entre sueños

A eso de la 1:30 p.m. el bullicio vuelve a desaparecer, pues muchos vuelven a la calle. Ese es el momento de darle entrada de nuevo al silencio. Pero esa misma calma desaparece cuando el manto negro de la noche vuelve a cubrir a Santa Tecla, y los que suelen deambular por la ciudad acuden una vez más al hogar para cenar y dormir.

Después de comer, la mayoría se va directamente a sus camas. Los más débiles colocan sus cabezas inundadas de canas sobre las almohadas y de inmediato comienzan a soñar y a roncar.

Dormitorio público

Según doña Guadalupe, en este hogar se les brinda los tres tiempos de comida y sólo tienen derecho a ellos los que poseen carné del FUSATE.

"Los requisitos para ingresar a este centro son tener más de 60 años, valerse por sí mismos, ser abandonado o no contar con familiares, y no tener vicios", comenta doña Guadalupe.

En las mismas instalaciones del Centro Integral para Ancianos también funciona el dormitorio público de Santa Tecla, donde sólo llegan a pasar la noche adultos y jóvenes. Todos ellos pagan dos colones por dormir ahí.

Aunque este hogar cuenta con lo indispensable para la manutención de sus internos, siempre está dispuesto a recibir cualquier tipo de ayuda.

"Mucha gente se acerca aquí para ayudar. Son personas bondadosas que entregan su corazón a los necesitados", refiere la señora Baires.

Si usted desea ayudar con alimentos, medicina o ropa para los ancianos comuníquese al teléfono 228-9912.



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