Martes 2 de enero 2001


La Nota del Día
 

31 de Diciembre de 2000
Engrandezcamos El Salvador

El 2001, inicio del tercer milenio de la era cristiana, es propicio para cumplir buenos propósitos, poner más empeño en lo que se hace y se sueña, y renovar el compromiso con la libertad y la democracia. Pero años antes de llegar a esta misteriosa y sugerente etapa en nuestras vidas, nos dábamos cuenta de las colosales transformaciones que han venido sucediendo, y que ya anunciaron el amanecer de una nueva época.

En este punto vale recordar una antigua costumbre romana en la noche de San Silvestre: tirar por la ventana lo viejo, lo inservible, lo superfluo. El primer día de enero las calles están cubiertas con la basura de una celebración desbordada, y de curiosos y arruinados objetos y vestimentas. Y siempre surge la idea: sería maravilloso echar fuera rencores, malos pensamientos, inútiles supersticiones y cuanta tontería y barbaridad acarrea el alma.

Colectivamente tenemos el deber de hacer algo positivo por El Salvador. Lo primero es que cada uno tiene que actuar con responsabilidad, esforzarse en lo suyo, acatar la correcta ley y engrandecer el común patrimonio. Hay que cuidar a la propia familia, honrar a los padres y proteger a los hijos, merecer la amistad de otros y ganarse el respeto y la estima de vecinos, compañeros de trabajo y hasta del extraño. Idealmente hay que cultivar lo honesto, lo decente, lo bello y lo hermoso. El bien común es la suma de logros individuales.

Es muy importante, en esto, no caer víctimas del pesimismo, pues aun en las circunstancias más adversas hay mucho por aprovechar. Pese al relativo estancamiento que padecemos, contamos con excelentes perspectivas para desarrollar nuevas maquilas y generar más de cien mil empleos adicionales en un lapso corto. El año pasado se publicaron arriba de treinta mil ofertas de trabajo en los clasificados de EL DIARIO DE HOY, lo que es una fracción de lo disponible y que comprueba la amplia existencia de oportunidades para superarse.

A Dios rogando y con el mazo dando

Seremos lo que queremos, siempre y cuando estemos dispuestos a invertir inteligencia, sudor, perseverancia y honestidad en lo que se emprenda. A Dios rogando y al mazo dando: las grandes obras son la suma de incontables pequeños esfuerzos, que se canalizan en un objetivo determinado.

El mayor obstáculo para progresar ha sido, y sigue siendo, la falta de liderazgo, o lo mediocre del liderazgo. Las personas y los grupos en quienes los ciudadanos han depositado su confianza, o que gozan de prominencia en virtud de sus cargos y posiciones políticas, no están a la altura de la expectativa. La gente puede soportar sacrificios y penurias cuando sabe y siente que es ese un requisito para alcanzar finalidades superiores. Pero por un lado la agenda parece agotada y se echa mano de remedios milagrosos y populismo, mientras por la otra no se pasa de socavar, oponer, maldecir y estorbar. Es esta la razón primordial del descrédito en que ha caído la clase política, decepción generalizada que puede colocar los destinos de la República en poder de fanáticos.

Se descubren, sin embargo, señales prometedoras. Hay una toma de conciencia sobre los problemas críticos que padecemos y se ha comenzado a ejercer presión sobre los poderes públicos, los partidos políticos y los sectores dirigentes para que tomen el sendero correcto.


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