Las
presiones
Al César lo
que es del César. Me van a perdonar por
ponerme evangélico siendo yo tan pecador,
pero la frase me viene al dedo.
Juan Bosco
Martín
E-mail:
bosco@elsalvador.com
Desde
que llevo trabajando en El Diario de Hoy, que si
mi memoria no falla ya va para cuatro
años, con no poca frecuencia he recibido
a estudiantes de periodismo que me han
consultado sobre diversas cuestiones de la
profesión. A esas entrevistas informales
se suman algunas charlas-conferencias-ponencias
o como se llame a eso de perorar las batallitas
del abuelo frente a un auditorio de muchachos
menos barbados que yo. El tema recurrente en
estos simposios es el de las presiones de
"agentes externos" que, apoyándose en su
descomunal poder económico y
político, mueven mar y tierra para
impedir la publicación de determinadas
noticias que pudieran dañar sus
intereses. "El periodismo va más
allá de las presiones", suelo decir, y
creo que digo bien, porque no me trago eso de
que el mundo se divida en buenos (periodistas) y
malos (políticos, empresarios,
sindicalistas, etc). Volviendo a la
digresión teológica, sentencio que
"de todo hay en la viña del
Señor", y el periodista veterano que se
confiese completamente virgen, o es un consumado
mentiroso o no sabe cómo se ejerce el
periodismo en el mundo real o no entiende el
concepto de virginidad.
En el Periodismo, como
en el Derecho, la Medicina y la
comercialización de Tamagochis existen
presiones que, en mucha o poca medida,
desvirtúan su razón de ser. Pero
también, y eso lo he visto con mis
propios ojos, se toman decisiones heroicas que,
si no están grabadas en la roca es porque
no ha pasado el tiempo suficiente para que la
Historia, jueza suprema de los hechos,
así lo disponga.
Algún día
este país sabrá qué
periódico puso la cara para defender la
privatización de las telecomunicaciones.
Algún día, tal vez dentro de
muchos años, también sabrá
quiénes se beneficiaron
económicamente de la desinteresada lucha
que, en el ámbito de la opinión
pública, libró un diario frente a
todo tipo de presiones políticas y
sindicales... sí, para que Internet
pudiera llegar al último cantón
del país por la vía rápida.
¿Dónde estaban otros medios
entonces? Pregúntenselo a ellos. Pero,
por encima de todo, lo que espero que este
país sepa es cuánto le
costó (en colones contantes y sonantes) a
El Diario de Hoy cumplir con la
obligación de explicar a sus lectores por
qué la SIGET castigó la
intervención
telefónica.
Y luego, que me vengan
a hablar de las presiones.