- Tomando
la palabra
- Crónicas de
ordinaria locura
- Beatrice
Alamanni de Carrillo
Los
domingos de los pueblos dormidos en el abandono
y la desesperanza, de los barrios urbanos
afligidos por el hacinamiento y la promiscuidad,
se ven "alegrados" trágicamente, con
frecuencia y regularidad, por individuos,
perdidos en la confusión del trago y las
huellas amargas de la pobreza y de la
ignorancia. Así se dan, en los fines de
semana, los delitos pasionales, las riñas
callejeras con arma blanca o con balas,
provocando luto, dolor y muerte.
En los barrios elegantes, sobre todo de la
capital, además de los niños, que
imitan a los malos adultos, en hazañas y
fechorías con carros, alcohol y droga,
existen personas pudientes, que viven
también desde el viernes, "sábado
chiquito", hasta el lunes triste y gris, sus
pecados, violencias y borracheras, solapadas o
aceptadas, comentadas con ironía y
cómplice participación, por los
"amigos de familia".
Esta es la cara dominguera de nuestra amada y
sufrida Patria, madrastra más que madre,
pero también víctima adolorida y
enlutada, por unos hijos que poco aportan al
desarrollo nacional y a la dignidad de sus
entrañas maternales.
A estas crónicas de ordinaria locura,
que desde siglos lleva el compás del
camino histórico de nuestro país,
hace pocos días, se vino agregando una
"flor" más, al ramillete de paradojas,
violencia, mala educación y angustia de
nuestro entorno social.
Alguien, que no vale mentar, porque no
importa el nombre, ni el caso individual y
concreto, ni la ideología ni el partido
que ostenta representar, alguien, con el folklor
de las rancheras, todavía demasiado
actuales y persistentes, alguien, que fue electo
para representar a todos y a todas sus
conciudadanos y conciudadanas, ha olvidado su
mandato, más de lo que el sentido
común pueda tolerar, y ha realizado actos
delictivos en contra de las mismas fuerzas
policiacas, en uno de los barrios más
elegantes de San Salvador.
Impresiona ver la "compasión" casi
cómplice, que muchos le otorgan a este
"desliz" tan "varonil" y autóctono del
ciudadano "promedio", el que no
quisiéramos ya que existiera en nuestro
país, para no hacer empañar la
imagen y el espíritu y el empuje de
tantos salvadoreños y salvadoreñas
en el extranjero, en donde con su trabajo,
amargo, difícil y sufrido, mantienen de
pie la economía del país, en
beneficio de aquéllos y para
aquéllos, que escudados por la
altanería del poder formal y la
retórica legalista, muy bien usada de ser
el caso, se sustentan en este "edén
tercermundista". Edén en el cual, como
crónica de ordinaria locura, todo
está permitido, tolerado, alabado y,
sobre todo, distorsionado y olvidado, por el
silencio, las indiferencias y la hermandad
cómplice de "cien años de
soledad".
Queda la Constitución, mujer cada
día más "chulona" y vilipendiada,
extendiendo su brazo, cada día,
más escuálido e incapaz de
sostener una espada justiciera, para reconfortar
a los desesperados y para indicar, que
sólo cumpliendo con lo que ella, la
Constitución, proclama, habría
"paz en la tierra" y desarrollo real en El
Salvador.
Le queda a los diputados, intrigados por este
"escándalo dominguero", tolerado y
comprendido con una leve sonrisa por muchos (por
más de los que deberían),
repudiado por varios, pero no los suficientes
para tomar medidas de peso, enfrentar las
consecuencias políticas y
constitucionales de un acto bochornoso, cuanto
inútil y, diría, irrelevante y
secundario, en el contexto delicado de nuestra
situación nacional. Es realmente
deprimente observar el número de
páginas y de fotografías, de
entrevistas (más chismosas, caseras y
poco constructivas) que, sobre el tema del
"diputado-ranchero" se han vertido, gastando la
atención, la paciencia y la
soportación de los lectores y
televidentes.
Decía Nicoló Macchiavelli en el
Siglo XVI, que cada pueblo tiene el gobierno que
se merece (entendiéndose por gobierno,
los tres órganos del Estado). Tal vez nos
"merecemos" diputados folklóricos y
disputas legislativas (de dudosa
finalización) sobre un tema, de por
sí, insignificante para la vida nacional,
si no fuera, porque "hace noticias", más
que los casos de corrupción ni
perseguidos ni resueltos, las angustias de un
sistema de salud adolorido y deficiente, o el
espectro de las privatizaciones salvajes y
solapadas que, en nombre de la eficiencia,
depauperan cada día más, el perfil
del Estado y el derecho a exigir, de parte de
los ciudadanos, según la "letra muerta"
de la Constitución.
Que un diputado "latino y macho" reciba un
castigo, que se impondría por la dignidad
del cargo que ostenta y por el mandato popular
que se le entregó, debería ser lo
"usual" en un país auténticamente
democrático, sin sensacionalismo,
comentarios excesivos y "críticas de
café", que nos alejan, sin que valga la
pena, en realidad, de la atención
vigilante, sobre una realidad
socio-económica, cada día
más pesada e insostenible para
muchos.
Señores diputados, además de la
esperanza de que en el futuro nadie quiera
seguir el ejemplo de este su colega dominguero,
recuerden también que la ley es igual
para todos, o por lo menos, así esperamos
que lo sea, un buen número de
salvadoreños y salvadoreñas. Los
dejamos, solos con su conciencia a meditar sobre
el asunto.
beatricealamanni@sv.cciglobal.net