Miércoles 6 de septiembre


Tomando la palabra
Crónicas de ordinaria locura
Beatrice Alamanni de Carrillo

Los domingos de los pueblos dormidos en el abandono y la desesperanza, de los barrios urbanos afligidos por el hacinamiento y la promiscuidad, se ven "alegrados" trágicamente, con frecuencia y regularidad, por individuos, perdidos en la confusión del trago y las huellas amargas de la pobreza y de la ignorancia. Así se dan, en los fines de semana, los delitos pasionales, las riñas callejeras con arma blanca o con balas, provocando luto, dolor y muerte.

En los barrios elegantes, sobre todo de la capital, además de los niños, que imitan a los malos adultos, en hazañas y fechorías con carros, alcohol y droga, existen personas pudientes, que viven también desde el viernes, "sábado chiquito", hasta el lunes triste y gris, sus pecados, violencias y borracheras, solapadas o aceptadas, comentadas con ironía y cómplice participación, por los "amigos de familia".

Esta es la cara dominguera de nuestra amada y sufrida Patria, madrastra más que madre, pero también víctima adolorida y enlutada, por unos hijos que poco aportan al desarrollo nacional y a la dignidad de sus entrañas maternales.

A estas crónicas de ordinaria locura, que desde siglos lleva el compás del camino histórico de nuestro país, hace pocos días, se vino agregando una "flor" más, al ramillete de paradojas, violencia, mala educación y angustia de nuestro entorno social.

Alguien, que no vale mentar, porque no importa el nombre, ni el caso individual y concreto, ni la ideología ni el partido que ostenta representar, alguien, con el folklor de las rancheras, todavía demasiado actuales y persistentes, alguien, que fue electo para representar a todos y a todas sus conciudadanos y conciudadanas, ha olvidado su mandato, más de lo que el sentido común pueda tolerar, y ha realizado actos delictivos en contra de las mismas fuerzas policiacas, en uno de los barrios más elegantes de San Salvador.

Impresiona ver la "compasión" casi cómplice, que muchos le otorgan a este "desliz" tan "varonil" y autóctono del ciudadano "promedio", el que no quisiéramos ya que existiera en nuestro país, para no hacer empañar la imagen y el espíritu y el empuje de tantos salvadoreños y salvadoreñas en el extranjero, en donde con su trabajo, amargo, difícil y sufrido, mantienen de pie la economía del país, en beneficio de aquéllos y para aquéllos, que escudados por la altanería del poder formal y la retórica legalista, muy bien usada de ser el caso, se sustentan en este "edén tercermundista". Edén en el cual, como crónica de ordinaria locura, todo está permitido, tolerado, alabado y, sobre todo, distorsionado y olvidado, por el silencio, las indiferencias y la hermandad cómplice de "cien años de soledad".

Queda la Constitución, mujer cada día más "chulona" y vilipendiada, extendiendo su brazo, cada día, más escuálido e incapaz de sostener una espada justiciera, para reconfortar a los desesperados y para indicar, que sólo cumpliendo con lo que ella, la Constitución, proclama, habría "paz en la tierra" y desarrollo real en El Salvador.

Le queda a los diputados, intrigados por este "escándalo dominguero", tolerado y comprendido con una leve sonrisa por muchos (por más de los que deberían), repudiado por varios, pero no los suficientes para tomar medidas de peso, enfrentar las consecuencias políticas y constitucionales de un acto bochornoso, cuanto inútil y, diría, irrelevante y secundario, en el contexto delicado de nuestra situación nacional. Es realmente deprimente observar el número de páginas y de fotografías, de entrevistas (más chismosas, caseras y poco constructivas) que, sobre el tema del "diputado-ranchero" se han vertido, gastando la atención, la paciencia y la soportación de los lectores y televidentes.

Decía Nicoló Macchiavelli en el Siglo XVI, que cada pueblo tiene el gobierno que se merece (entendiéndose por gobierno, los tres órganos del Estado). Tal vez nos "merecemos" diputados folklóricos y disputas legislativas (de dudosa finalización) sobre un tema, de por sí, insignificante para la vida nacional, si no fuera, porque "hace noticias", más que los casos de corrupción ni perseguidos ni resueltos, las angustias de un sistema de salud adolorido y deficiente, o el espectro de las privatizaciones salvajes y solapadas que, en nombre de la eficiencia, depauperan cada día más, el perfil del Estado y el derecho a exigir, de parte de los ciudadanos, según la "letra muerta" de la Constitución.

Que un diputado "latino y macho" reciba un castigo, que se impondría por la dignidad del cargo que ostenta y por el mandato popular que se le entregó, debería ser lo "usual" en un país auténticamente democrático, sin sensacionalismo, comentarios excesivos y "críticas de café", que nos alejan, sin que valga la pena, en realidad, de la atención vigilante, sobre una realidad socio-económica, cada día más pesada e insostenible para muchos.

Señores diputados, además de la esperanza de que en el futuro nadie quiera seguir el ejemplo de este su colega dominguero, recuerden también que la ley es igual para todos, o por lo menos, así esperamos que lo sea, un buen número de salvadoreños y salvadoreñas. Los dejamos, solos con su conciencia a meditar sobre el asunto.

beatricealamanni@sv.cciglobal.net


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