Viernes 15 de septiembre


Bailemos una cueca compadre

Estos días de septiembre me recuerdan aquellos cuando nos preparábamos para la llegada de la primavera. Ese otoño que dejábamos atrás con esos árboles desnudos por toda la ciudad y el campo, comenzaban a vestirse de alegría. El frío dejaba paso a un calor tenue, allá por el sur de Valdivia, la ciudad de los ríos.

Por Norma Maschu

Las flores multicolores nos anunciaban esos días tan llenos de romanticismo, pero no sólo era eso, septiembre significaba fiesta, alegría y patriotismo. De niños sabíamos que era una preparación llena de jolgorio donde bailaríamos al son del folklore chileno, el 18 de septiembre, la fiesta de Independencia. Recuerdo que mi padre decía que había que saber de la historia de nuestro país. Aprendimos a bailar la cueca, nuestro baile nacional, que por cierto, se baila a lo largo de Chile de diferentes formas y con distintos vestuarios. Es un baile de cortejo donde el hombre con sus botas y sus espuelas le saca chispa al piso para conquistar a su bailarina, mientras ella mueve graciosamente su pañuelo con un coqueteo elegante. La gracia era que en esos días había que lucir ropa y peinado nuevo, los colores eran diversos y al comenzar la fiesta el recorrido por las fondas y ramadas dieciocheras era infaltable. Estas ramadas y fondas son pequeños o grandes lugares en los parques, en las plazas, de techos y paredes de ramas frondosas, donde se venden empanadas, asados, chicha de manzana, vino en chuicas y donde la música folklórica se escucha y se baila hasta el amanecer. En esos días no hay clases sociales, ni títulos, somos todos un país que celebra sus fiestas patrias y le rinde honores a aquellos que un día lucharon por su Independencia.

Recuerdo esas empanadas calduas y esa chicha de manzana que llegaba a picar la garganta, unos buenos alfajores de chancaca. Al pasar los años y comenzar a cantar mi interés por el flocklore de mi país me llevaba para las fiestas a cantar a Violeta Parra, Víctor Jara y a tantos otros. Los buenos valses y esas cuecas bien zapateadas me llevaron a conocer parte de mi país.

Hoy que vivo en El Salvador celebro dos fiestas, el 15 de septiembre y el 18 de septiembre, alzo mi copa de vino por mi país natal y por este país que me ha acogido. ¡Viva El Salvador y viva Chile!.


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