Lunes 11 de septiembre

























Evangelio para domingo

Marcos 7, 31-37

Hace hablar a los mudos

Saliendo de las tierras de Tiro, Jesús pasó por Sidón, y dando la vuelta al lago de Galilea llegó al territorio de la Decápolis. Allí le presentaron un sordo que hablaba con dificultad y le pidieron que le impusiera las manos.

Jesús lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. En seguida levantó los ojos al cielo, suspiró y dijo: "Effetá", que quiere decir "Ábrete".

Al instante se le abrieron los oídos, le desapareció el defecto de la lengua y comenzó a hablar correctamente. Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, tanto más ellos lo publicaban.

Estaban fuera de sí y decían muy asombrados: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos".

Jesús: Sanación del hombre

"Se marchó..."

Jesús es, para el Evangelio de Marcos, el predicador itinerante de Galilea, cruza las fronteras de su pueblo y lleva la Buena Nueva a otras tierras. Su caminar sus enseñanzas y sus acciones van adquiriendo carácter universal.

"Sordo y tartamudo..."

Enfermedades consideradas por los contemporáneos de Jesús como castigos. Quien las sufría o era un pecador o hijo de pecadores.

A Jesús no lo detienen los prejuicios, y se da a conocer principalmente poniéndose al lado del necesitado, y no para que deje de serlo solamente, sino para que éste dé testimonio de la obra que Dios ha realizado en él. ¡Un mensaje de salvación muy claro!

"Todo lo ha hecho bien..."

Esa actitud del Maestro evoca admiración, su propiedad al ejecutar ese acto salvífico y los gestos de los que se vale para expresar el completo sentido de su acción no dan lugar a otra cosa, sino a la sorpresiva aprobación: ¡no hay nada que reprocharle, sí mucho que admirarle e imitarle!

"Y nosotros..."

Dos cosas podemos aprender hoy del relato que nos presenta el Evangelio de Marcos. Primera: Los planes de Dios son planes de vida. A la miseria humana le responde con su inmensa misericordia, manifestada sobre todo en Jesús, que tiende su mano a toda persona que sufre, para curarla y darle esperanza. ¡Jesús ha venido a salvar!

Segunda: un seguidor de Jesús ha de tener abiertos los oídos para escuchar y los labios para hablar. Para escuchar tanto a Dios como a los demás, sin hacerse el sordo ni a la Palabra de Dios ni a la comunicación con el prójimo. Para hablar tanto a Dios como a los demás, sin callar en la oración ni en el diálogo con los hermanos ni en el testimonio de su fe en el mundo.

Tenemos que escuchar más. Tenemos que saber hablar y decir una palabra oportuna a nuestros hermanos para ser como Jesús: "mediadores de salvación".

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb


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