Miércoles 4 de octubre


El dolor me gusta

Parece que hay personas tan acostumbradas a sufrir, a vivir con el dolor a cuestas, que les resulta prácticamente imposible vivir alejadas de él.

Janet Cienfuegos O.

"En los bosques, perdido, corté una rama oscura y a los labios, sediento, levanté su susurro:/era tal vez la voz de la lluvia llorando,una campana rota o un corazón cortado" (Neruda).

No nos hagamos ilusiones, todo el mundo, de una u otra forma, debe experimentar el dolor. Éste no distingue y despliega sus alas por doquier. Su contraparte se puede llamar felicidad, y ésta tampoco es excluyente, todos, de alguna manera llegamos a disfrutarla; algunos, los que más trabajan por ella, la conservan por más tiempo.

Masoquistas o como se les quiera llamar, existen personas que a pesar de tener la llave de la felicidad en sus manos, se esfuerzan por echar todo a la borda, sin importar lo que pierden.

¿Por qué?, sencillamente porque algunos nacieron en una cuna llamada dolor y no conocen, o no quieren conocer, algo distinto a ella.

"Algo que desde tan lejos me parecía oculto gravemente, cubierto por la tierra, un grito ensordecido por inmensos otoños, por la entreabierta y húmeda tiniebla de las hojas".

A veces la felicidad se llena de otoño, se pone triste y fea porque las personas así lo quieren, tal vez sin pensarlo seriamente se oponen a la felicidad invadiendo con sus nostalgias a otras personas que sí luchan para lograr un poco de ella.

Soy feliz cuando consigo esa paz que llega vestida de encanto, de amor, de serenidad, de llanto feliz... soy feliz cuando recibo la comprensión del ser amado, su cariño, su respeto, cuando me doy cuenta de que existe alguien que lucha a mi lado para ser feliz.

"Pero allí, despertando de los sueños del bosque, la rama de avellano cantó bajo mi boca y su errabundo olor trepó por mi criterio como si me buscaran de pronto las raíces que abandoné, la tierra perdida con mi infancia, y me detuve herido por el aroma errante".

No quiero regresar a las raíces que me causaron el más profundo de los dolores. Prefiero viajar en este barco que elegí y del cual no conozco el destino final, y no quiero que mi felicidad -estoy segura de que hay un poco de ella reservada para mí- dependa de otras personas que han hecho del dolor, su única bandera para subsistir...

Yo quiero ser feliz y estoy dispuesta a luchar para conseguirlo...

janet@elsalvador.com


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