El dolor me gusta
Parece que hay personas tan acostumbradas
a sufrir, a vivir con el dolor a cuestas, que
les resulta prácticamente imposible vivir
alejadas de él.
Janet
Cienfuegos O.
"En
los bosques, perdido, corté una rama
oscura y a los labios, sediento, levanté
su susurro:/era tal vez la voz de la lluvia
llorando,una campana rota o un corazón
cortado" (Neruda).
No nos hagamos ilusiones, todo el mundo, de
una u otra forma, debe experimentar el dolor.
Éste no distingue y despliega sus alas
por doquier. Su contraparte se puede llamar
felicidad, y ésta tampoco es excluyente,
todos, de alguna manera llegamos a disfrutarla;
algunos, los que más trabajan por ella,
la conservan por más tiempo.
Masoquistas o como se les quiera llamar,
existen personas que a pesar de tener la llave
de la felicidad en sus manos, se esfuerzan por
echar todo a la borda, sin importar lo que
pierden.
¿Por qué?, sencillamente porque
algunos nacieron en una cuna llamada dolor y no
conocen, o no quieren conocer, algo distinto a
ella.
"Algo que desde tan lejos me parecía
oculto gravemente, cubierto por la tierra, un
grito ensordecido por inmensos otoños,
por la entreabierta y húmeda tiniebla de
las hojas".
A veces la felicidad se llena de
otoño, se pone triste y fea porque las
personas así lo quieren, tal vez sin
pensarlo seriamente se oponen a la felicidad
invadiendo con sus nostalgias a otras personas
que sí luchan para lograr un poco de
ella.
Soy feliz cuando consigo esa paz que llega
vestida de encanto, de amor, de serenidad, de
llanto feliz... soy feliz cuando recibo la
comprensión del ser amado, su
cariño, su respeto, cuando me doy cuenta
de que existe alguien que lucha a mi lado para
ser feliz.
"Pero allí, despertando de los
sueños del bosque, la rama de avellano
cantó bajo mi boca y su errabundo olor
trepó por mi criterio como si me buscaran
de pronto las raíces que abandoné,
la tierra perdida con mi infancia, y me detuve
herido por el aroma errante".
No quiero regresar a las raíces que me
causaron el más profundo de los dolores.
Prefiero viajar en este barco que elegí y
del cual no conozco el destino final, y no
quiero que mi felicidad -estoy segura de que hay
un poco de ella reservada para mí-
dependa de otras personas que han hecho del
dolor, su única bandera para
subsistir...
Yo quiero ser feliz y estoy dispuesta a
luchar para conseguirlo...
janet@elsalvador.com