- El
eslabón perdido
- Estabilidad
macroeconómica frente a realidad
microeconómica
- Carlos
Ernesto Mena*
Las reformas económicas estructurales,
de corte neoliberal, implementadas en El
Salvador a partir de 1989, así como en
otros países de Latinoamérica en
la última década, han dado
resultados macroeconómicos positivos, en
mayor o menor grado. Pero el ciudadano
común, aquel sujeto a ingresos fijos
mensuales, quien incurre en gastos de
educación, alimentación,
transporte, medicina etc.., y cuya
preocupación principal es este tema
inmediato o de cortísimo plazo, se
pregunta: ¿En qué momento
llegará a percibir él y su familia
los beneficios de esta estabilidad
macroeconómica?, ¿cuánto
tiempo tomará mejorar el bienestar
microeconómico de la mayoría?
Estas interrogantes son normales, y la
respuesta debería ser normal y clara,
más de lo que ha sido hasta ahora. Como
ya se habrán dado cuenta, la
Teoría Macroeconómica se ocupa de
la economía como un todo: De la
producción total de bienes y servicios
(PIB), las tasas de inflación y
desempleo, la balanza de pagos, tipos de cambio,
política monetaria y fiscal, tasas de
interés, deuda pública y
presupuesto del Estado. La cual es tema de
discusiones políticas y
periodísticas cotidianamente.
La Teoría Microeconómica, por
otra parte, se ocupa de las unidades
individuales de la economía: Las
empresas, las economías familiares, la
determinación de los precios en mercados
particulares, efectos de monopolios, etc.
La cual, también, es tema de discusiones
políticas y periodísticas
cotidianamente.
La ventaja de realizar el análisis
macroeconómico, es que nos permite tener
una mejor comprensión de las
interacciones fundamentales de los mercados,
trabajo y activos. El costo de esta
abstracción es que, los detalles son
importantes, las medidas agregadas no permiten
ver lo que pasa entre sectores productivos; el
índice general de precios no permite
estudiar la inflación de los bienes de
consumo popular y los de lujo por separado, en
otras palabras se ve el bosque pero se pasa por
alto los árboles.
Se puede determinar, entonces, que en la
experiencia salvadoreña existe un
elemento crucial en esta división
fundamental de las teorías
económicas: EL PLAZO. Debido que los
resultados microeconómicos de las medidas
macroeconómicas, no tienen una ocurrencia
automática, el Plazo se convierte en el
elemento clave. Ha sido la base de la pregunta
planteada por el ciudadano común:
¿Cuándo disfrutaré
? Lo
grave de esto es que, atrás de plazos muy
largos existe incertidumbre, riesgo,
especulación, expectativas y peor
aún, impaciencia.
El Plazo, es decir el período de
tiempo, viene a ser un recurso también
económico, el cual tiene un precio o
costo de mercado, ya que es uno de los
componentes implícitos en el proceso de
producción. Por lo tanto tiene un costo
de oportunidad diferente, para personas de
diferentes edades. Una persona adulta y con
compromisos, estaría dispuesta a esperar
mucho menos que un adolescente para percibir y
disfrutar del bienestar producto de una
estabilidad macroeconómica.
De acuerdo con un artículo escrito por
Gary Regentreif, en "la encuesta del
Latinobarómetro de Chile, el 70% de los
habitantes de la región latinoamericana
no recibe beneficios del crecimiento".
"Las reformas económicas en
México disminuyeron la inflación
de 160%, en 1987, a un 10%, en 1993, pero la
Organización para la Cooperación y
Desarrollo sostuvo que la pobreza ha crecido a
un 51% del 13.6% registrado en 1994". De
ahí que es importante que en este momento
del problema, demos pasos para aterrizar y hacer
realidad el sueño de muchos
salvadoreños, de vivir dignamente. Antes
que se le pierda la confianza al modelo, tenemos
que acortar el PLAZO.
*Lic. en Economía.
carloscha@hotmail.com