Miércoles 4 de octubre


El eslabón perdido
Estabilidad macroeconómica frente a realidad microeconómica
Carlos Ernesto Mena*

Las reformas económicas estructurales, de corte neoliberal, implementadas en El Salvador a partir de 1989, así como en otros países de Latinoamérica en la última década, han dado resultados macroeconómicos positivos, en mayor o menor grado. Pero el ciudadano común, aquel sujeto a ingresos fijos mensuales, quien incurre en gastos de educación, alimentación, transporte, medicina etc.., y cuya preocupación principal es este tema inmediato o de cortísimo plazo, se pregunta: ¿En qué momento llegará a percibir él y su familia los beneficios de esta estabilidad macroeconómica?, ¿cuánto tiempo tomará mejorar el bienestar microeconómico de la mayoría?

Estas interrogantes son normales, y la respuesta debería ser normal y clara, más de lo que ha sido hasta ahora. Como ya se habrán dado cuenta, la Teoría Macroeconómica se ocupa de la economía como un todo: De la producción total de bienes y servicios (PIB), las tasas de inflación y desempleo, la balanza de pagos, tipos de cambio, política monetaria y fiscal, tasas de interés, deuda pública y presupuesto del Estado. La cual es tema de discusiones políticas y periodísticas cotidianamente.

La Teoría Microeconómica, por otra parte, se ocupa de las unidades individuales de la economía: Las empresas, las economías familiares, la determinación de los precios en mercados particulares, efectos de monopolios, etc.… La cual, también, es tema de discusiones políticas y periodísticas cotidianamente.

La ventaja de realizar el análisis macroeconómico, es que nos permite tener una mejor comprensión de las interacciones fundamentales de los mercados, trabajo y activos. El costo de esta abstracción es que, los detalles son importantes, las medidas agregadas no permiten ver lo que pasa entre sectores productivos; el índice general de precios no permite estudiar la inflación de los bienes de consumo popular y los de lujo por separado, en otras palabras se ve el bosque pero se pasa por alto los árboles.

Se puede determinar, entonces, que en la experiencia salvadoreña existe un elemento crucial en esta división fundamental de las teorías económicas: EL PLAZO. Debido que los resultados microeconómicos de las medidas macroeconómicas, no tienen una ocurrencia automática, el Plazo se convierte en el elemento clave. Ha sido la base de la pregunta planteada por el ciudadano común: ¿Cuándo disfrutaré…? Lo grave de esto es que, atrás de plazos muy largos existe incertidumbre, riesgo, especulación, expectativas y peor aún, impaciencia.

El Plazo, es decir el período de tiempo, viene a ser un recurso también económico, el cual tiene un precio o costo de mercado, ya que es uno de los componentes implícitos en el proceso de producción. Por lo tanto tiene un costo de oportunidad diferente, para personas de diferentes edades. Una persona adulta y con compromisos, estaría dispuesta a esperar mucho menos que un adolescente para percibir y disfrutar del bienestar producto de una estabilidad macroeconómica.

De acuerdo con un artículo escrito por Gary Regentreif, en "la encuesta del Latinobarómetro de Chile, el 70% de los habitantes de la región latinoamericana no recibe beneficios del crecimiento".

"Las reformas económicas en México disminuyeron la inflación de 160%, en 1987, a un 10%, en 1993, pero la Organización para la Cooperación y Desarrollo sostuvo que la pobreza ha crecido a un 51% del 13.6% registrado en 1994". De ahí que es importante que en este momento del problema, demos pasos para aterrizar y hacer realidad el sueño de muchos salvadoreños, de vivir dignamente. Antes que se le pierda la confianza al modelo, tenemos que acortar el PLAZO.

*Lic. en Economía.

carloscha@hotmail.com


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