- Opinando
- Educación: Un
camino espinoso
- Carlos
Rodríguez Cedillos
Siempre nos pareció que el lema que
postulaba la educación como a
solución a los grandes problemas del
país era intrínsecamente cierto en
su simplicidad y en su indiscutible
universalidad. Fue un lema bastante divulgado.
Lo suficiente para que los salvadoreños
lo conserváramos fresco en la
memoria.
Pero en nuestro país, por
décadas, la importancia de la
educación no ha pasado de la formalidad
de las declaraciones y de los discursos.
Sería revelador rastrear en los discursos
de campaña y en los programas de gobierno
de los diferentes partidos políticos, en
cuántos de ellos aparece la
educación (¡y la salud!) como una
alta prioridad. ¡Apostaría que en
todos! Al escuchar a los políticos de las
más variadas tendencias
ideológicas proclamar su fe en el poder
solucionador de la educación, cualquiera
se declara seducido. Pero la realidad doblega
hasta al más optimista.
Y a lo mejor los políticos creen en lo
que dicen. El problema surge cuando hay que
pasar a cifras el discurso. Cuando hay que
traducir en presupuesto las prioridades. Cuando
la delincuencia incontrolable exige multiplicar
las asignaciones a Seguridad y a Justicia.
Cuando los futuros inversionistas exigen una red
vial en buenas condiciones para producir
riqueza. Cuando los agricultores en quiebra
necesitan con urgencia un millonario apoyo
financiero.
¿Qué le queda entonces a
Educación? En las últimas
administraciones se ha notado -debemos decirlo-
la decisión de dotar al sector de
asignaciones superiores a las de otros. Nos
parece que es un buen comienzo. Pero, por
supuesto, no es suficiente.
Los medios nos muestran con frecuencia a los
titulares de Educación gestionando fondos
de organismos internacionales para suplir las
deficiencias presupuestarias. Es una alternativa
legítima. Aunque el país se
endeude, cualquier sacrificio es válido
cuando se trata del futuro de nuestros
niños.
Entonces, empieza el calvario de nuestra
educación. Los dirigentes de nuestro
sistema educativo tienen el diagnóstico,
saben dónde obtener los instrumentos
indispensables para el logro de sus fines, la
oferta ya fue aprobada, los muchachos de San
Luis de la Reina o de Yucuaiquín creen
que por fin pulsarán una computadora. A
los niños de Garita Palmera se les ha
prometido una merienda diaria rica en
proteínas... Pero NO. Los padres de la
patria deben estudiarlo. Hay sospechas. Hay
desconfianza: ¡Que las necesidades
educativas esperen! Habló el primer poder
del Estado. Habló el poder.
En El Salvador el periodismo investigativo ha
hecho avances cualitativos realmente
importantes. Muchos manejos maliciosos o
corruptos han sido revelados y llevados a la
justicia, gracias a la agudeza de la prensa. Es
digno entonces de hacer notar que los ciudadanos
ajenos al quehacer gubernamental constatamos a
diario el trabajo sostenido y limpio de los
funcionarios que dirigen esa Secretaría
de Estado. ¿Por qué entonces
obstaculizar su tarea?
Es realmente penoso ver, a través de
los medios, a la titular de Educación
tratando de convencer a un grupo de diputados de
lo impostergable de sus planes. En una Asamblea
Legislativa que parece más preocupada por
negociar que por legislar. En una Casa del
Pueblo donde los colores partidarios y el
inmediatismo electoral parecen ocupar por
completo el caro, carísimo, tiempo de
nuestros legisladores.
Sí, está sembrado de espinas el
largo camino del crecimiento educativo de
nuestra gente. Y así será mientras
los legisladores piensen con mentalidad de
fracción política; mientras
nuestros representantes visualicen la
próxima elección y no las futuras
generaciones de salvadoreños; mientras
nuestros dirigentes piensen como
políticos y no como estadistas.