Miércoles 4 de octubre


Opinando
Educación: Un camino espinoso
Carlos Rodríguez Cedillos

Siempre nos pareció que el lema que postulaba la educación como a solución a los grandes problemas del país era intrínsecamente cierto en su simplicidad y en su indiscutible universalidad. Fue un lema bastante divulgado. Lo suficiente para que los salvadoreños lo conserváramos fresco en la memoria.

Pero en nuestro país, por décadas, la importancia de la educación no ha pasado de la formalidad de las declaraciones y de los discursos. Sería revelador rastrear en los discursos de campaña y en los programas de gobierno de los diferentes partidos políticos, en cuántos de ellos aparece la educación (¡y la salud!) como una alta prioridad. ¡Apostaría que en todos! Al escuchar a los políticos de las más variadas tendencias ideológicas proclamar su fe en el poder solucionador de la educación, cualquiera se declara seducido. Pero la realidad doblega hasta al más optimista.

Y a lo mejor los políticos creen en lo que dicen. El problema surge cuando hay que pasar a cifras el discurso. Cuando hay que traducir en presupuesto las prioridades. Cuando la delincuencia incontrolable exige multiplicar las asignaciones a Seguridad y a Justicia. Cuando los futuros inversionistas exigen una red vial en buenas condiciones para producir riqueza. Cuando los agricultores en quiebra necesitan con urgencia un millonario apoyo financiero.

¿Qué le queda entonces a Educación? En las últimas administraciones se ha notado -debemos decirlo- la decisión de dotar al sector de asignaciones superiores a las de otros. Nos parece que es un buen comienzo. Pero, por supuesto, no es suficiente.

Los medios nos muestran con frecuencia a los titulares de Educación gestionando fondos de organismos internacionales para suplir las deficiencias presupuestarias. Es una alternativa legítima. Aunque el país se endeude, cualquier sacrificio es válido cuando se trata del futuro de nuestros niños.

Entonces, empieza el calvario de nuestra educación. Los dirigentes de nuestro sistema educativo tienen el diagnóstico, saben dónde obtener los instrumentos indispensables para el logro de sus fines, la oferta ya fue aprobada, los muchachos de San Luis de la Reina o de Yucuaiquín creen que por fin pulsarán una computadora. A los niños de Garita Palmera se les ha prometido una merienda diaria rica en proteínas... Pero NO. Los padres de la patria deben estudiarlo. Hay sospechas. Hay desconfianza: ¡Que las necesidades educativas esperen! Habló el primer poder del Estado. Habló el poder.

En El Salvador el periodismo investigativo ha hecho avances cualitativos realmente importantes. Muchos manejos maliciosos o corruptos han sido revelados y llevados a la justicia, gracias a la agudeza de la prensa. Es digno entonces de hacer notar que los ciudadanos ajenos al quehacer gubernamental constatamos a diario el trabajo sostenido y limpio de los funcionarios que dirigen esa Secretaría de Estado. ¿Por qué entonces obstaculizar su tarea?

Es realmente penoso ver, a través de los medios, a la titular de Educación tratando de convencer a un grupo de diputados de lo impostergable de sus planes. En una Asamblea Legislativa que parece más preocupada por negociar que por legislar. En una Casa del Pueblo donde los colores partidarios y el inmediatismo electoral parecen ocupar por completo el caro, carísimo, tiempo de nuestros legisladores.

Sí, está sembrado de espinas el largo camino del crecimiento educativo de nuestra gente. Y así será mientras los legisladores piensen con mentalidad de fracción política; mientras nuestros representantes visualicen la próxima elección y no las futuras generaciones de salvadoreños; mientras nuestros dirigentes piensen como políticos y no como estadistas.


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